Para ver esta nota en internet ingrese a: https://www.diarioelzondasj.com.ar/a/357765
Viticultura mundial

Menos hectáreas, más barreras: la vitivinicultura global enfrenta una caída histórica y mercados cada vez más cerrados

La industria global del vino enfrenta un periodo de ajuste estructural. Según la OIV, la reducción de la superficie de viñedo, la caída del consumo y las tensiones comerciales obligan a los productores a reinventarse en un clima de alta incertidumbre.

La mayoría de los países viene achicando la superficie cultivada

El informe anual de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV) sobre el estado del sector en 2025 revela un panorama de transición compleja. Tras años de volatilidad, el sector vitivinícola mundial parece haber entrado en una fase de "ajuste necesario", donde la producción de vino y la superficie vitícola se contraen para alinearse con una demanda cada vez más selectiva y un entorno económico global marcado por la inestabilidad. En 2025, la industria no solo lucha contra el cambio climático, sino también contra cambios en los hábitos de vida y nuevas barreras al comercio internacional.

El mapa del viñedo se reduce: Razones y alcances regionales
Uno de los datos más significativos del informe de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV) es la caída de la superficie vitícola mundial, que en 2025 se situó en 7,0 millones de hectáreas, lo que representa una disminución del 0,8% respecto al año anterior. Este es el sexto año consecutivo de contracción, lo que confirma una tendencia de desinversión y arranque de cepas en las principales regiones productoras del mundo.

Las razones de esta reducción son diversas. En primer lugar, existe un ajuste impulsado por la menor demanda de volumen. Los productores, especialmente en Europa y América del Norte, están eliminando superficies menos productivas o de menor calidad para equilibrar el mercado y evitar excedentes que depriman los precios. En segundo lugar, los fenómenos meteorológicos extremos —como sequías prolongadas y heladas tardías— han vuelto inviables económicamente ciertas zonas de cultivo.

A nivel regional, el impacto ha sido dispar. La Unión Europea, que concentra el 45% del viñedo mundial, vio reducida su superficie en un 1,6%. Francia lideró este proceso con una caída drástica del 4,4% (unas 34.000 hectáreas), acelerada por campañas de arranque subvencionadas para combatir la sobreproducción en regiones con menor salida comercial. España, pese a seguir siendo el viñedo más grande del mundo, también contrajo su superficie en un 1,3%.

En el hemisferio norte, Estados Unidos registró su séptimo año de descensos, con una reducción del 0,9% motivada principalmente por el arranque de uva para vino en California, ante un mercado interno que muestra signos de saturación en ciertos segmentos. En el hemisferio sur, el panorama es similar: Chile experimentó una caída del 3,7% en 2025, acumulando una pérdida del 27% de su superficie desde 2019 debido a la escasez hídrica persistente y a una menor demanda internacional. Por el contrario, Brasil se destacó como una excepción notable, expandiendo su viñedo por quinto año consecutivo (+9,6%), impulsado por un consumo interno resiliente. Ver la situación Argentina

Una visión global del mundo del vino

La contracción del comercio internacional: Aranceles y debilidad económica

El comercio internacional de vino vivió un 2025 difícil, con una caída del 4,7% en volumen (94,8 mhl) y una reducción del 6,7% en valor (33.800 millones de euros). La Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV) identifica varios factores críticos detrás de este retroceso.

La incertidumbre comercial ha sido el principal motor de esta caída. La implementación de medidas arancelarias por parte de Estados Unidos generó distorsiones en los flujos de exportación, afectando especialmente a los países europeos durante la segunda mitad del año. Además, mercados históricamente fuertes como China continúan en una espiral descendente; el gigante asiático redujo sus importaciones en un 26,7%, alejándose de los niveles de consumo de la década pasada por cambios estructurales en su economía y preferencias sociales.

Otro factor determinante ha sido la inflación acumulada, que ha mermado el poder adquisitivo de los consumidores en mercados clave. Aunque el precio medio de las exportaciones se mantuvo relativamente alto (3,56 EUR/l), esto se debe más a los costes de producción elevados que a un aumento de la demanda. Países como Reino Unido también han visto afectado su comercio exterior por reformas impositivas basadas en el grado de alcohol (ABV), lo que encareció el producto final y redujo los volúmenes importados.

Adaptación: La resiliencia de los productores en un mercado cambiante
Ante este escenario de volumen bajo y valor bajo presión, los productores están implementando estrategias de adaptación para sobrevivir. El informe de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV) subraya que la industria está pasando de una lógica de cantidad a una de valor y eficiencia.

Una de las formas de adaptación más evidentes es la gestión de existencias. Con tres años consecutivos de cosechas por debajo de la media, los productores están utilizando esta menor oferta para liberar stocks acumulados sin saturar el mercado. Asimismo, se observa un cambio en la composición de los productos exportados. Mientras el vino embotellado cayó un 5,7% en volumen, categorías como el vino espumoso mostraron una mayor resiliencia, manteniendo su cuota de valor en el mercado global gracias a su percepción como producto aspiracional.

La diversificación de mercados también es clave. Ante la caída de China y el estancamiento de Estados Unidos, los exportadores están buscando oportunidades en naciones con tendencias de consumo positivas, como Brasil, Portugal o Japón, que mostraron resiliencia en 2025. Por último, el sector está invirtiendo en sostenibilidad y técnicas vitícolas más resistentes al estrés hídrico, reconociendo que el cambio climático no es un evento pasajero, sino una realidad estructural que define la nueva viticultura.

La realidad Argentina en 2025

La situación argentina en un fuerte proceso de ajuste
En el contexto del informe de 2025 de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV), la situación de Argentina refleja una industria que, aunque mantiene su liderazgo regional en América del Sur, atraviesa un proceso de ajuste en todas sus variables principales.

En términos de superficie vitícola, Argentina registró un total de 196.000 hectáreas en 2025, lo que representa una disminución del 1,9% en comparación con el año anterior. Esta caída no es un hecho aislado, sino que confirma una tendencia a la baja que comenzó en 2015. A pesar de esta reducción, el país se mantiene como el octavo viñedo más grande del mundo, representando el 2,8% de la superficie total global.

La producción de vino en 2025 alcanzó los 10,8 m hl, lo que supone una ligera contracción del 0,9% respecto a 2024. No obstante, esta cifra se sitúa en línea con la media de los últimos cinco años (solo un 1,0% por debajo). Gracias a estos volúmenes, Argentina logró consolidar su posición como el mayor productor de vino de Sudamérica y el sexto a nivel mundial, con una cuota del 4,8% de la producción global. Este desempeño productivo fue más estable que el de otros países de la región, como Chile, que sufrió una caída mucho más pronunciada.

Por el lado de la demanda, el consumo interno de vino en el país continuó su tendencia decreciente. En 2025, se estimó un consumo de 7,5 m hl, lo que implica una reducción del 2,6% respecto al año anterior. Con este resultado, Argentina acumula cinco años consecutivos de caídas en la demanda local, reflejando cambios en los hábitos de los consumidores y las presiones económicas sobre el poder adquisitivo. Aun así, sigue siendo el octavo mercado mundial de vino, con una participación del 3,6% del consumo global.

El desempeño en el comercio internacional fue particularmente desafiante en 2025. Las exportaciones totales de vino argentino cayeron un 6,8% en volumen, situándose en 1,9 m hl, mientras que el valor de estas ventas al exterior descendió un 10,3%, alcanzando los 596 millones de euros. La estructura exportadora del país sigue estando fuertemente concentrada en el vino embotellado (envases de menos de 2 litros), que representa el 77% del volumen exportado y un abrumador 92% del valor total. Sin embargo, esta categoría clave sufrió caídas del 6,7% en volumen y del 12,4% en valor.

Un punto positivo dentro de este panorama fue el crecimiento de los vinos espumosos, que incrementaron sus envíos al exterior un 18,8% en volumen y un 20,2% en valor. En contraste, el vino a granel experimentó una fuerte contracción, con bajas del 20% en volumen y del 26% en valor.

Finalmente, el análisis por destinos muestra que Estados Unidos se mantuvo como el principal mercado para el vino argentino en términos de valor, aunque fue el destino que registró la caída más fuerte en términos absolutos, con descensos superiores al 22% tanto en volumen como en valor. Por otro lado, el Reino Unido conservó su lugar como el principal destino en volumen, a pesar de que los envíos hacia ese mercado también retrocedieron un 16,1% en comparación con 2024.

Últimas noticias

Ver más noticias