UPCN tocó el cielo y escribió su décima estrella con el alma de todo un pueblo
UPCN San Juan Vóley venció a Ciudad Vóley y alcanzó su décimo título en la Liga Argentina en una noche cargada de emoción, orgullo y lágrimas en el estadio gremial.
Hay noches que no se juegan, se sienten. Y San Juan vivió una de esas que quedarán guardadas para siempre en la memoria colectiva. UPCN San Juan Vóley no solo ganó un partido: abrazó la historia, la hizo propia y la transformó en su décima estrella.
El comienzo no fue sencillo. El primer set encontró al equipo de Fabián Armoa incómodo, sin poder desplegar su mejor versión, con más dudas que certezas. Pero incluso en ese tramo, cuando el juego no fluía, el corazón mantenía a UPCN a tiro. Y fue después del punto diez cuando algo empezó a cambiar. El bloqueo del brasileño Alejandro se hizo gigante, la red comenzó a ser territorio sanjuanino y el equipo encontró respuestas.
A partir del punto 18, todo fue distinto. La defensa creció, el ataque se volvió filoso con Ale Toro y el alemán Meier intratables. El 25-19 final no refleja lo que costó, pero sí lo que significó: el primer paso de una noche inolvidable.
El segundo set fue una prueba de carácter. Ciudad Vóley salió decidido, con Uriarte comandando el ataque y poniendo contra las cuerdas al Gremial. El marcador fue adverso y el sufrimiento, constante. Cuando el rival tuvo triple set ball (24-21), el silencio en el Bombonerita de UPCN pesó.
Pero ahí apareció el alma. Una pelota, una decisión, un golpe: nuevamente Ale Toro, rápido, sorpresivo, valiente. Ese punto no solo achicó la diferencia, cambió la historia. Fue un golpe emocional, de esos que no se miden en estadísticas. UPCN renació.
Desde ese instante, el equipo se hizo gigante. El bloqueo volvió a ser muralla, el ataque encontró en Cherfan y compañía respuestas para pelear cada pelota como si fuera la última. Y en un cierre dramático, de esos que hacen temblar el alma, el Gremial se quedó con el set por 31-29. Ya no era solo vóley: era orgullo, era identidad, era San Juan latiendo en cada punto.
El tercer set tuvo su propia batalla. Parejo, cambiante, intenso hasta el punto 15. Luego, UPCN tomó el control con autoridad, incluso golpeado por la salida de Cherfan por lesión. Pero cuando uno tiene corazón, siempre hay alguien que se levanta. Y fue Elgueta quien se tiró a cada pelota como si la vida fuera en ello.
Otra vez Ale Toro apareció en los momentos decisivos, acompañado por Meier y el imponente Alejandro en la red. El 25-21 final desató lo inevitable: el grito contenido, el abrazo eterno, las lágrimas que dicen todo lo que las palabras no alcanzan.
Porque no fue solo un título. Fue la décima estrella. Diez veces campeón. Diez veces San Juan en lo más alto. Diez historias que hoy se funden en una sola emoción.
La Bombonerita sanjuanina explotó. La gente lloró, cantó, se abrazó sin importar quién tenía al lado. Porque en ese instante, todos eran uno. Porque UPCN no es solo un equipo: es parte del alma de una provincia.
Y esta noche, esa alma brilló más que nunca.