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Convocó a una manifestación

Habló el padre de una de las víctimas del trágico accidente vial en la ruta 20

Gerardo Javier Pont, padre de Valeria del Valle Pont, habló desde España mientras viaja a San Juan para despedir a su hija, su yerno y su nieta. Convocó a una manifestación en Caucete para exigir mayor seguridad vial y evitar nuevas tragedias.

La voz llega quebrada, con interferencias, desde una estación en España. No es una declaración más. Es un padre. Es el dolor en estado puro.

Gerardo Javier Pont habla mientras emprende el viaje más difícil de su vida: volver a Argentina para despedir a su hija, a su yerno y a su nieta, una bebé que estaba a punto de cumplir un año.

La tragedia ocurrió el 21 de marzo por la tarde, en la Ruta 20, camino a Caucete. Allí, un violento choque frontal terminó con la vida de la familia caucetera: Valeria del Valle Pont, su pareja Matías Osola y la pequeña hija de ambos. Una escena que hoy sacude a toda la provincia.

"Soy el papá de Valeria", dice Pont, como si necesitara afirmarlo para sostenerse. Del otro lado, el silencio pesa.

Cuenta que vive en España y que recién ahora logra emprender el regreso. La distancia no sólo es geográfica: es emocional, es brutal.


"Se imaginarán la difícil situación que estamos pasando", expresa, mientras describe que está en camino al aeropuerto de Barajas y que llegará en las próximas horas al país.

Pero en medio del dolor, hay algo más: un pedido urgente. Pont convoca a una manifestación pacífica para este miércoles 25 en la Municipalidad de Caucete.

No habla solo por él. Habla por todos los padres que han perdido hijos en rutas que, según sus propias palabras, "no pueden seguir siendo una vía hacia una funeraria".

"Esto no tiene nombre", dice. Y no lo tiene. Porque no hay palabra que alcance para describir lo que siente una madre o un padre ante la pérdida de un hijo.

El reclamo es claro: mejores condiciones viales, más seguridad, respuestas. Que la tragedia no se repita. Que el dolor, al menos, sirva para evitar otros.

Desde el otro lado del mundo, en tránsito, con la vida rota, Gerardo Pont no pide nada para sí. Pide que lo escuchen.

Y en su voz, que tiembla pero no se quiebra del todo, hay algo más fuerte que el dolor: la necesidad urgente de que algo cambie.

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