"Compran por la foto y después no coincide": el boom de la ropa importada y el trabajo extra para las modistas
Mirta Varas, modista, advirtió que muchas prendas adquiridas en tiendas extranjeras no se adaptan a los talles reales ni al clima local. Cada vez más clientas recurren a arreglos para poder usarlas.
La creciente compra de ropa importada, especialmente a través de plataformas online, está generando un fenómeno particular en el rubro de la costura: más trabajo para las modistas. Así lo contó Mirta Varas, entrevistada en el programa Amanecidos de la Mil20, quien describió cómo cambió la demanda en su taller en los últimos tiempos.
"¿Compramos ropa a los chinos o no? La gente compra porque se entusiasma con las fotos que ve", explicó. Sin embargo, esa expectativa muchas veces no coincide con la realidad.
Según detalló, es habitual que las clientas lleguen con prendas nuevas que necesitan ajustes: "Hay mujeres que compran mucha ropa y después la traen para que se acorte o se agrande".
Varas remarcó que uno de los principales problemas está en la calidad y el tipo de tela. "Son prendas con mucho poliéster, y para el clima nuestro no son muy buenas. Nosotros necesitamos telas más frescas", sostuvo, marcando la diferencia entre la oferta internacional y las necesidades locales.
En ese sentido, indicó que no solo se trata de simples arreglos.
"Recibo todo tipo de prendas para modificar. Incluso traen cosas para volver a armar", señaló, dando cuenta del nivel de intervención que requieren algunas piezas.
Otro punto clave es el tema de los talles. "La ropa importada se compra, pero la foto no da con los talles reales", afirmó. Esta situación obliga a adaptar las prendas para que puedan ser utilizadas, generando un gasto adicional para quienes ya habían invertido en la compra.
La tendencia también alcanza a los hombres. Según relató, muchos recurren a la costura para reutilizar ropa familiar: "Vienen a achicar los trajes de los abuelos o de los padres", comentó.
Así, mientras el consumo digital crece impulsado por la imagen y los precios, el trabajo artesanal de las modistas se vuelve clave para ajustar la realidad a lo que prometen las pantallas.