Cuando el bolsillo aprieta, crece un oficio que parecía olvidado
En medio de la crisis, cada vez más sanjuaninos eligen reparar antes que comprar. El oficio del zapatero, lejos de desaparecer, se adapta, resiste y vuelve a ser clave en la economía cotidiana.
En un contexto económico complejo, donde cada gasto cuenta, hay oficios tradicionales que vuelven a cobrar protagonismo. Uno de ellos es el del zapatero, una actividad con siglos de historia que, lejos de desaparecer, sigue vigente y adaptándose a los nuevos tiempos.
Desde que el ser humano comenzó a caminar, surgió la necesidad de proteger sus pies. Así nació este oficio que combina técnica, paciencia y creatividad. Aunque en muchos lugares quedó relegado por el consumo masivo, en Argentina —marcada por crisis económicas recurrentes— el zapatero mantiene su lugar como una alternativa clave para estirar la vida útil del calzado.
Radio Mil20 visitó el taller de Marcelino, un zapatero de toda la vida que lleva más de seis décadas en el rubro y continúa trabajando junto a su familia. "Desde el año 57 estoy en esto. El año que viene voy a cumplir 70 años de oficio", contó con orgullo.
Su historia es la de muchos artesanos que encontraron en este trabajo no solo un sustento, sino una pasión. "El que no se enamora de lo que hace, es un esclavo", reflexionó, dejando en claro el vínculo profundo que tiene con su profesión.
Lejos de desaparecer, el oficio se transformó. Marcelino explicó que el zapatero que no se adaptó a los cambios quedó en el camino. "Antes era más fácil aprender, había pocos tipos de calzado. Hoy hay una diversidad enorme, entonces hay que ir adaptándose", señaló.
En su taller, esa evolución es evidente: trabajan con distintos materiales, telas y técnicas para reparar desde zapatos hasta mochilas, camperas o botines de fútbol. "Todo se repara", aseguró Diego, su hijo, quien continúa el legado familiar junto a sus hermanos.
La crisis, aunque golpea, también genera nuevas oportunidades. Cada vez más personas optan por arreglar en lugar de comprar. Sin embargo, no todo es sencillo: muchos clientes no regresan a retirar sus productos. "Antes los donábamos, ahora los dejamos porque también la situación nos afecta", explicó Marcelino.
A pesar de las dificultades, el taller sigue en pie, sostenido por el trabajo familiar y la experiencia acumulada. Allí conviven generaciones que mantienen vivo un oficio que, más que desaparecer, parece encontrar nuevas razones para seguir.
En tiempos donde todo parece descartable, el zapatero recuerda que reparar también es una forma de resistir.