Emprender siendo mujer: la historia detrás de una casa de té que se volvió un clásico en San Juan
Con apenas 24 años, Mariana Bonacossa apostó junto a su socia por un proyecto propio que hoy es parte de la escena gastronómica sanjuanina. La historia de Entre Montañas refleja el crecimiento de las mujeres emprendedoras en la provincia y cómo, con trabajo y convicción, también van creando espacios de encuentro para otras.
En los últimos años, cada vez más mujeres en San Juan decidieron apostar por sus propios proyectos. Emprendimientos gastronómicos, comerciales o culturales impulsados por mujeres empiezan a marcar presencia en distintos puntos de la provincia, construyendo espacios propios y generando redes entre emprendedoras. En ese escenario, el camino no siempre fue sencillo: abrir un negocio, sostenerlo en el tiempo y liderarlo siendo mujer implicó —y muchas veces todavía implica— sortear prejuicios, desafíos económicos y largas jornadas de trabajo.
En ese entramado de historias aparece la de Mariana Bonacossa, una empresaria que hace más de una década decidió apostar por una idea que hoy forma parte de la identidad gastronómica local. Tiene 36 años, nació en Córdoba, pero vive en San Juan desde los 12. Y hace más de una década, junto a su socia Sol, abrió las puertas de Entre Montañas, una casa de té que con el tiempo se convirtió en un lugar de referencia para quienes buscan un espacio diferente en la provincia.
Un proyecto que empezó entre estudios y sueños
La idea de emprender surgió cuando ambas todavía eran estudiantes. Cursaban juntas la Licenciatura en Hotelería y Turismo y la Tecnicatura en Gestión Gastronómica, y comenzaron a imaginar un proyecto que reuniera todo lo que estaban aprendiendo. "Queríamos hacer algo que integrara toda la carrera, que era bastante amplia. Y también teníamos claro que queríamos ser independientes", recuerda Mariana.
Con esa idea empezaron a diseñar distintos proyectos y a presentarlos en programas de apoyo para emprendedores. Entre ellos había propuestas vinculadas a hotelería y también una casa de té. Prepararon estudios de mercado, pensaron la propuesta gastronómica y el perfil turístico del lugar. Finalmente, uno de esos proyectos fue seleccionado y, con ese impulso inicial y la ayuda de sus familias, comenzaron a hacerlo realidad.
En 2015 encontraron la casa en Rivadavia que terminaría dándole identidad al emprendimiento. "Nos gustó desde el primer momento. Es grande y al principio fue un desafío mantenerla, pero al mismo tiempo le da mucha personalidad al lugar", cuenta.
Cuando abrieron el local tenían apenas 24 y 25 años. Hoy Mariana reconoce que en ese momento no dimensionaban del todo el desafío que estaban asumiendo. "No sé si teníamos mucha idea de lo que estábamos afrontando. Los primeros años fueron de dedicarle muchísimo al proyecto. Empezamos muy de cero y prácticamente hacíamos todo nosotras".
Las recetas, por ejemplo, fueron diseñadas por ellas mismas. Querían ofrecer algo distinto a lo que se veía en las cafeterías de aquel momento y que fuera autóctono."Sabíamos lo que queríamos lograr: algo rico, distinto, que no fuera lo mismo de siempre", explica.
Con el tiempo también continuaron formándose. Mariana viajó a Buenos Aires para especializarse y su socia se formó como tea blender. De ese proceso surgieron sus propios blends de té, uno de los sellos de la casa.
Cuando comenzaron, no era tan común ver proyectos gastronómicos liderados por mujeres jóvenes. Mariana recuerda que, con el tiempo, algunos amigos le contaron que la iniciativa había llamado la atención. "Me decían que les parecía medio loco que dos chicas se pusieran al mando de algo así. Venían a ver qué onda, porque nosotras hacíamos todo", dice entre risas.
En aquel momento, ella no lo vivía como algo extraordinario. Pero con los años empezó a dimensionar que también estaban abriendo camino."Hoy sí siento que fuimos un poco pioneras en esa idea de una casa de té con identidad propia, pensada también para el turismo y llevada adelante por mujeres".
Ese proceso no estuvo exento de dificultades. Mariana recuerda que, en algunos momentos, sintió que ciertos proveedores o interlocutores no las tomaban del todo en serio. "Había veces que me enojaba porque sentía que te querían ver la cara", admite. La experiencia, el tiempo y el crecimiento del negocio fueron cambiando esas dinámicas.
Un espacio que también reúne a mujeres
Hoy, más de una década después, Entre Montañas no es solo un café. Se convirtió en un espacio donde muchas mujeres se encuentran. Talleres, presentaciones de emprendedoras, pequeños showrooms o simplemente reuniones entre amigas forman parte de la dinámica cotidiana del lugar.
"Hemos abierto mucho las puertas para que otras emprendedoras puedan venir a mostrar lo que hacen, hacer talleres o eventos", cuenta Mariana. "En ese momento tampoco había muchos lugares donde una mujer pudiera venir a tomar el té, festejar un cumpleaños o reunirse sin tener que hacerlo en su casa. Poder autoagasajarse".
En ese sentido, el espacio terminó funcionando también como una pequeña red de encuentro. Un lugar donde muchas mujeres celebran, comparten proyectos o simplemente se regalan un momento para ellas.
En la antesala de una nueva conmemoración del Día Internacional de la Mujer, Mariana reflexiona sobre cómo ha cambiado el panorama desde que empezó su emprendimiento. "Creo que hoy las mujeres se animan mucho más a hacer lo que les gusta, a ir por lo que desean", dice.
Lo ve en el propio movimiento del local. Gran parte de los talleres y eventos que se realizan allí están impulsados por mujeres emprendedoras. "Siempre vienen chicas con ideas, con proyectos. Eso antes no era tan común".
La inspiración más cercana
Cuando habla de inspiración, Mariana no duda. La figura que aparece es la de su madre."Mi vieja siempre me ha ayudado, hasta el día de hoy", dice, y la emoción se le nota en la voz. "Hay mucho que uno aprende con una mamá".
A casi diez años de aquel comienzo, el proyecto sigue creciendo. Entre los planes a futuro aparece la posibilidad de comercializar sus blends de té a nivel nacional y expandir la presencia de su pastelería en otros espacios gastronómicos.
"Nos gustaría que más gente conozca lo que hacemos. Siempre trabajamos mucho con productos locales y proveedores de acá, tratando de hacer honor a nuestra tierra", explica.
Si hoy tuviera que darle un consejo a una joven que sueña con emprender pero todavía duda, Mariana no habla de fórmulas rápidas ni de éxito inmediato. Su recomendación es simple: "Primero que viaje. Que conozca, que se nutra, que se inspire. Y después sí, que se anime a hacer lo que le gusta".
En una provincia donde cada vez más mujeres construyen sus propios proyectos, historias como la suya muestran que emprender también puede ser una forma de abrir caminos para otras. A veces, incluso sin proponérselo.