Paro nacional: cuando el ‘voy a trabajar igual’ se convierte en una coartada
En medio de un paro nacional, mientras la mayoría detiene su actividad, algunos aseguran mantener la rutina laboral. Sin embargo, estos dichos a menudo esconden otros motivos, evidenciando cómo la coyuntura afecta también las relaciones personales.
Durante cada paro nacional, se repite una escena habitual: la mayoría detiene sus actividades, pero algunos apelan a la frase "yo trabajo igual" para justificar su rutina. Este argumento, que suele circular con un aire de heroísmo, en ocasiones funciona como una verdadera coartada.
Desde Gleeden, plataforma especializada en encuentros no monógamos creada para mujeres, reportan un incremento cercano al 30% en la actividad dentro de su app durante la franja habitual de trabajo. Este dato refleja cómo la rutina laboral no solo organiza la productividad cotidiana, sino también la vida afectiva y sexual.
En Argentina, el 27% de las personas admite haber sido infiel, subrayando la presencia significativa de vínculos paralelos en la sociedad, a menudo silenciados públicamente. En este contexto, la oficina adquiere un rol fundamental tanto como espacio físico como en la construcción de narrativas: reuniones, afters, viajes y tiempos muertos sirven para crear coartadas creíbles.
De hecho, 7 de cada 10 personas aseguran haberse sentido atraídas por alguien de su entorno laboral, lo que convierte al ámbito profesional en uno de los principales escenarios donde emerge —y también se oculta— el deseo.
El paro nacional rompe esta lógica: sin traslados, sin jornadas fijas y sin la habitual rutina, quienes mantienen vínculos fuera de la pareja enfrentan una disrupción concreta. Ya no basta el argumento "voy a la oficina", que pierde fuerza como excusa y se vuelve más visible.
No obstante, el deseo permanece independiente del contexto. Según Gleeden, 7 de cada 10 mujeres infieles lo hacen motivadas por deseo y búsqueda de validación personal, no por falta de amor. Esto indica que estas dinámicas se impulsan desde motivaciones más profundas, no solo por circunstancias externas.
Así, los días de paro no detienen necesariamente estas conductas sino que las transforman: algunos las pausarán, otros las reconfigurarán, y unos pocos mantendrán sus vínculos con argumentos distintos. Mientras para muchos el país se detiene, para otros la única variable que cambia es el destino al que dicen dirigirse.