Cuatro años de formación y un horizonte en altamar: el camino de Patricio Maturano
El joven sanjuanino ya transita la exigente vida de cadete naval, con la mirada puesta en el histórico viaje en la Fragata ARA Libertad.
Con apenas 20 años y una vocación que fue tomando forma casi de manera inesperada, el sanjuanino Patricio Maturano dio un paso decisivo en su vida al ingresar como Cadete Naval a la Escuela Naval Militar de la Armada Argentina, ubicada en la ciudad de La Plata. Su mamá, Silvina Maturano, compartió con Zonda Diario cómo fue el proceso, las emociones familiares y los detalles de una experiencia que marcará el futuro del joven durante los próximos cuatro años.
Patricio forma parte de un grupo de nueve jóvenes sanjuaninos que este año lograron ingresar a la Escuela Naval, la institución encargada de la formación de los oficiales de la Armada Argentina. El acto de ingreso se realizó el pasado martes 3, luego de un extenso proceso de selección que demandó prácticamente todo el año anterior.
"Esto surge casi de casualidad", relató Silvina. "Patricio estaba estudiando Ingeniería, había hecho el primer año y cuando estaba por empezar el segundo vio una noticia en el diario sobre la visita de un jefe de la Armada a San Juan, promocionando el ingreso a la Escuela Naval. Eso le despertó curiosidad".
A partir de esa noticia, el joven se acercó a la delegación de la Armada en San Juan, ubicada en calle Santa Fe, antes de Entre Ríos, donde recibió información sobre los requisitos y el exigente proceso de ingreso. Desde ese momento, decidió enfocarse de lleno en ese objetivo.
El camino no fue sencillo. Durante todo 2025, Patricio debió cumplir con múltiples estudios médicos, evaluaciones psicológicas y rendir exámenes teóricos, que se realizaron en el RIM 22. Superadas esas instancias, llegó finalmente el llamado para viajar a La Plata.
"El proceso es largo y muy exigente. Todo el año pasado estuvo juntando papeles, preparándose físicamente y estudiando", explicó su mamá. "Una vez que aprobó acá, tuvo que viajar a La Plata, donde le repitieron los estudios médicos y ahí recién pudo ingresar".
Patricio llegó a La Plata el 25 de enero, varios días antes del acto formal. Allí comenzó el denominado Período Selectivo Preliminar (PSP), una etapa clave que se extiende durante todo febrero y en la que los aspirantes son evaluados en disciplina, conducta y aptitud física.
"Durante febrero están completamente internados. No salen, no usan celular y prácticamente no tienen contacto con la familia. Es un régimen muy estricto", contó Silvina. "Recién el 27 de febrero les informan quiénes aprobaron esta etapa y el 2 de marzo comienzan las clases de manera formal".
La Escuela Naval Militar funciona como una universidad: la carrera tiene una duración de cuatro años, al cabo de los cuales los cadetes egresan como oficiales. En el cuarto año, los estudiantes realizan el tradicional viaje de instrucción a bordo de la Fragata ARA Libertad, una experiencia formativa emblemática de la Armada, prevista en este caso para el año 2029.
"Después de ese viaje, ellos pueden elegir su destino y especialidad, de acuerdo a lo que hayan estudiado. Patricio por ahora dice que le gusta todo", comentó su madre entre risas. "Está inscripto para comandante naval y luego puede optar por especialidades como buzo, artillería u otras ramas".
Durante los fines de semana, una vez iniciadas las clases, los cadetes suelen tener salidas condicionadas por las actividades. En el caso de Patricio, alquiló una residencia estudiantil en La Plata, destinada a alumnos de la Armada, donde se alojará los sábados y domingos, regresando a la Escuela Naval el domingo por la noche.
Para la familia, el ingreso significó una mezcla de orgullo, sorpresa y adaptación. "Es todo nuevo para nosotros. Nos vamos acomodando. Sabemos poco de lo que pasa adentro porque no pueden contar nada, pero estamos orgullosos", expresó Silvina.
El acto de ingreso también fue especial. "No sabíamos que se hacía. Él nos avisó un sábado que el martes iba a ser el acto, y viajamos de urgencia con mi hija Abril. Fue muy emocionante", recordó. El padre de Patricio, Claudio Albano, no pudo asistir, pero acompaña el proceso desde San Juan.
Por ahora, las visitas serán escasas. "Las vacaciones son para las fiestas de fin de año, así que seguramente seremos nosotros los que viajemos a verlo", explicó su mamá.
La historia de Patricio Maturano refleja la de muchos jóvenes del interior del país que, impulsados por una oportunidad y una vocación en crecimiento, deciden apostar por una carrera exigente, marcada por la disciplina, el sacrificio y el compromiso con la Nación. Para este joven sanjuanino, el sueño naval ya comenzó a hacerse realidad.