Sentencian a 17 años de prisión al hombre que mató a Milagros: madre denuncia injusticia
Leonardo Tello fue condenado a 17 años por el homicidio de Milagros Rivero Gutiérrez, caso que conmocionó a Santa Lucía. Su madre esperaba prisión perpetua y denuncia un pasado de violencia durante la convivencia.
A casi un año del trágico hecho que sacudió a Santa Lucía, la justicia dictó sentencia en el caso de la niña Milagros Rivero Gutiérrez, de 10 años, asesinada en el barrio Constitución. Este viernes, en un juicio abreviado, Leonardo Ezequiel Tello, de 32 años, reconoció su responsabilidad y aceptó una condena de 17 años de prisión efectiva por homicidio simple agravado con arma de fuego.
El acusado no recibirá beneficios durante la pena debido a su condición de reincidente. Según detalló el abogado querellante, Henrri Peralta, la sentencia fue el resultado de un acuerdo entre el Ministerio Público Fiscal, representado por Francisco Micheltorena y Emiliano Pugliese, y la defensa de Tello, ejercida por los abogados Claudio Vera y Alejandra Iragorre.
A pesar de que la querella buscaba agregar un agravante que implicara prisión perpetua, el tribunal conformado por los jueces Maximiliano Barbera, Diego Sanz y Flavia Allende no hizo lugar a la petición. La resolución judicial provocó profunda indignación en Nataly Gutiérrez, madre de Milagros, quien expresó su tristeza y consideró la sentencia como una injusticia.
El crimen ocurrió la madrugada del 26 de diciembre de 2024 en el hogar familiar. Tello, pareja de la madre, convivía con los hijos de Nataly, incluida Milagros. Según la investigación, no era la primera vez que manipulaba armas dentro de la vivienda. Durante aquella noche, mientras jugaba con un revólver calibre .22, un disparo impactó en el abdomen de la niña, que falleció en camino al puesto policial.
Tras el hecho, Tello se fugó y fue detenido en casa de sus padres, donde se secuestró el arma homicida. Nataly afirmó que el acusado le "hizo la vida imposible" y generó un ambiente de miedo en la familia durante la convivencia, marcando una conducta peligrosa previa al delito.
A pesar del cierre del juicio, la dolencia permanece intacta para la familia. Nataly lamentó la medida judicial y manifestó su anhelo de una condena más justa para su hija, llorando la pérdida irreparable de Milagros.