El fin de una época
Tras presentar el Modelo Argentino en 1974, Perón falleció dos meses después, dejando un gobierno debilitado que, pese a importantes avances sociales y económicos, no resistió las presiones políticas, la violencia y la desestabilización que desembocaron en el golpe de 1976.
Habiendo sido candidato de las mayorías nacionales y electo presidente el 23 de septiembre de 1973, el 1º de mayo de 1974 el Gral. Perón concurre como presidente de los argentinos a inaugurar el período de sesiones del Congreso Nacional. Allí propone el "Modelo Argentino para el Proyecto Nacional". En sus reflexiones sobre "Las luchas sociales en la década del 70", Horacio E. Paccazochi sostiene que en el "Modelo Argentino", el general Perón ratifica las posiciones centrales del programa del ‘45:
"En economía, el redimensionamiento del crédito hacia la producción nacional y la creación de un fuerte mercado interno. Abogaba por la independencia tecnológica como condición indispensable para la liberación nacional. Planteaba conceptos modernos para la época, como la preservación del medio ambiente, dándole a la ecología un lugar importante en un programa de gobierno. Reafirmaba que el destino nacional estaba indisolublemente ligado al de nuestros hermanos de Latinoamérica. Y hacía hincapié, en base a la dolorosa experiencia del ‘55, en la unidad nacional, sin la cual los argentinos no podríamos alcanzar los objetivos propuestos".
Dos meses después, Perón moría. Pero a pesar de la debilidad política en la que quedó el gobierno de Isabel Martínez de Perón, en 1975, un año después de la muerte de su esposo, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el salario real sobre una base de 100 había subido a 124 después de las Paritarias de julio y de la homologación por parte de la presidenta de los Convenios Colectivos de Trabajo. En 1976, después del golpe, en un solo año caería bruscamente a 79, el nivel más bajo desde los años 30.
En efecto, antes del 24 de marzo de 1976, a pesar de la crisis política, la Argentina se encontraba entre los primeros países del mundo en cuanto al nivel de ingresos y contaba con la tasa de desocupación más baja de su historia.
Entre las medidas más importantes del gobierno popular después de la muerte de Perón se podía contabilizar, entre otras muchas, la nacionalización de las bocas de expendio de combustible (que le quitaba el negocio y la manipulación del precio de la nafta y de la inflación a las empresas extranjeras), la continuidad de la Ley de Abastecimiento y de Compre nacional, la ley de Contrato de Trabajo y la estatización de los canales de televisión, que junto con la creación de una Agencia Nacional de Noticias, en ambos casos eran medidas necesarias para defender el interés argentino y preservar la identidad y la conciencia nacional (nivel de conciencia política colectiva que no se volvería a recuperar).
Otras medidas importantes durante aquel gobierno fueron la Ley de Promociones Industriales para las Empresas Argentinas: otorgamiento de créditos en moneda nacional y divisas por parte del Banco de Desarrollo y exención impositiva por espacios de tiempo determinados con preferencia para las industrias que se instalasen en el interior de la República. También se dictó la Ley de Promoción Minera Nº20.551.
No obstante, aquel gobierno debió soportar el agio y la especulación por parte de las grandes empresas y la prédica opositora constante de los grandes diarios, sin olvidar el caos generado por el accionar terrorista y de los grupos guerrilleros en pleno gobierno popular, ante la indiferencia de los partidos políticos por lo que se avecinaba.
La contestación de la presidenta a uno de sus ministros antes del golpe, y las declaraciones del jefe montonero después del 24 de marzo dan cuenta de las respectivas responsabilidades y de la verdad histórica en aquella hora tremenda.
"Vea doctor -le contestará Isabel Perón a su ministro de Defensa, que le sugiere renunciar ante el golpe en marcha- yo no renuncio ni aunque me fusilen. Porque renunciar sería convalidar lo que va a venir después".
Contrastan también esas palabras de Isabel con la de quien había pasado a la clandestinidad para combatir al gobierno popular después de la muerte de Perón y llevó a un sector de la juventud a la derrota y a la muerte, aunque el que más sufriera las consecuencias de aquel funesto golpe fueran el movimiento obrero y los 27 millones de argentinos: "No hicimos nada para impedirlo -diría con alto cinismo y desparpajo el jefe montonero- porque, en suma, también el golpe formaba parte de la lucha interna en el movimiento peronista"… ¿Pesaba más la lucha interna -si ese fuera el caso- que la Patria y que los propios argentinos?
Una y otras declaraciones ubican a cada cual objetivamente, sin ideologismos de por medio, en el lugar que deben ocupar en la historia.
Después de las grandes movilizaciones obreras del 27 de junio de 1975 que expulsaron del gobierno a Celestino Rodríguez y al "brujo" López Rega, y las del 7 y 8 de julio de ese mismo año, conducidas por Casildo Herrera y Lorenzo Miguel, que lograron la homologación histórica de los Convenios Colectivos de Trabajo, ya no hubo más manifestaciones masivas para defender al gobierno popular y detener el golpe de Estado que se venía, lo que resultó un error político irremontable. Tal era el clima de terror que se respiraba, que semejante clima arrinconó al gobierno nacional en su debilidad y contradicciones y neutralizó cualquier atisbo de defensa legítima.
Recuerdo y doy fe de ello (porque yo era un joven militante político en aquella época), que el apoyo y/o funcionalidad al golpe oligárquico de políticos, empresarios, militares y militantes juveniles (algunos obnubilados con la lucha armada) fue más fuerte que la defensa del gobierno popular, nacional y democrático en su hora más difícil, atacado por derecha y por izquierda.
Sea como sea, como lo sabíamos antes de que ocurriera, y que nos dejó huérfanos y desolados, como si Perón hubiera muerto por segunda vez, el golpe de marzo de 1976 que destituyó a Isabel Perón sería y fue "la versión aumentada de la libertadora del ‘55". Por eso la necesidad que había de no apostar al golpe y defender políticamente al gobierno popular evitando que cayera.
Isabel Perón se pasaría varios años presa, sin que su situación fuera atendida por nadie, salvo honrosas excepciones. El otro gran privado de la libertad sería el dirigente sindical Lorenzo Miguel (que apadrinaría a Saúl Ubaldini al frente de la CGT en esos años), pero la libertad para las minorías financieras y económicas, que nunca fueron juzgadas hasta hoy, sería garantizada por la dictadura oligárquica.
El final de una época
En 1975/1976 el bloque nacional no contaba ya con el Ejército (como en 1945), entregado en este momento a las preparaciones como cómplice y verdugo del golpe oligárquico del 24 de marzo; aunque tampoco contaba con una parte de la clase media, obnubilada por la solución "foquista", a espaldas del pueblo argentino y aislada de las masas trabajadoras y del pueblo en general. Saber eso es parte de la necesaria memoria, verdad y justicia que el pueblo argentino se merece. La pérdida o falseamiento de la memoria, con cualquier argumento que sea, es uno de los objetivos de los que quieren hacer desaparecer a la Argentina tal cual la conocimos y supimos construirla por nosotros mismos.
El ir y venir de las balas terroristas de derecha e izquierda, cuestionando y debilitando aún más el gobierno peronista, vacilante ante la desaparición física de su conductor, habían retraído a las masas populares, otrora activas y determinantes en las grandes victorias colectivas de octubre de 1945, de mayo de 1969 y de septiembre de 1973.
Sin duda, el golpe de Estado de 1976, más allá de las "ilusiones" o fantasías" funestas que suscitó entre los enemigos del peronismo histórico, no era para favorecer los Intereses Nacionales, la Democracia, los Derechos Humanos ni los intereses políticos, económicos, sociales ni culturales del pueblo argentino.
Se equivocaron una vez más los "partidos" y "las juventudes políticas" que apostaron al golpe o no se opusieron terminantemente a él por las razones que fueran. Después se rasgarían las vestiduras por los crímenes de la dictadura cuando ya era demasiado tarde, con consecuencias políticas, económicas, sociales y culturales que todavía no hemos podido remontar, a pesar de los años transcurridos.
Si Perón había vuelto definitivamente a la Patria, su desaparición física dejó al movimiento nacional en una debilidad muy grande. Todavía el pueblo argentino no ha logrado recuperarse de ello y encontrar una síntesis superadora que lo ponga definitivamente a la ofensiva, de cara a sus raíces y en el camino de su definitiva realización, dentro de un país y de un continente igualmente realizados.
Ha quedado demostrado a través de la historia argentina que es en vano buscar la "civilización" en los países desarrollados, que en defensa de sus propios intereses se la niegan a los países "periféricos" a los que condenan a vegetar en su status colonial y/o semicolonial si quieren sobrevivir apenas. Aunque existen indicios auspiciosos de un nuevo mundo multipolar que amanece más justo y equilibrado que el actual Occidente anglosajón arbitrario y decadente del que todavía dependemos y padecemos desde hace doscientos años.
Queda para nosotros alcanzar el tren de la historia antes de que descarrile fatalmente, y jugar un papel protagónico como argentinos y latinoamericanos y no como furgón de cola de ningún imperio extranjero, pues seremos lo que debemos ser como país, orgullosamente soberanos, integrados a una América Latina totalmente realizada, o no seremos nada