El Lobo y el Lobito, dos leyendas del movimiento obrero argentino
Augusto "El Lobo" Vandor y Elpidio "El Lobito" Torres fueron dos de los dirigentes más influyentes del movimiento obrero entre 1955 y 1971. Sus luchas y convicciones marcaron la historia de la UOM y SMATA, y su vínculo simbolizó la unidad del sindicalismo peronista.
Hablamos de dos de los más grandes dirigentes sindicales de una larga y ardorosa época: el Lobo Augusto Vandor y el Lobito Elpidio Torres. Ambos dirigentes representaban la tradición de lucha del Movimiento Obrero Argentino desde dos de los sindicatos más grandes y combativos de la historia sindical argentina entre 1955 y 1971: la UOM nacional y el SMATA de Córdoba.
A ninguno de los dos -ni a Vandor ni a Elpidio- les tocarían tiempos fáciles, de aguas tranquilas, sino todo lo contrario. Y aunque sus vidas se entrecruzarían en situaciones complejas, ambos dirigentes sabrían resolver y superar esas situaciones, apelando a sus convicciones políticas, sindicales y personales (en ese orden), que los unía y que siempre estuvieron por encima de sus intereses individuales.
La historia los había cruzado mucho antes de aquellas jornadas de 1969, donde uno protagonizaría uno de los hechos históricos más grande desde el 17 de octubre de 1945, y el otro caería asesinado un mes después del Cordobazo.
Llegados al 29 de mayo de 1969, Augusto Timoteo Vandor y Elpidio Torres eran las dos grandes figuras del Movimiento Obrero Argentino (ambos peronistas) en este período histórico que alcanza el largo exilio de Perón, una buena parte de la resistencia peronista, la dictadura de Juan Carlos Onganía y el histórico Cordobazo.
El Lobo Vandor
"Augusto Vandor -como señala Víctor Ramos en "Hombres de Acero" (Historia Política de la U.O.M)- llegó a la conducción de la UOM en junio de 1955, en uno de los momentos más difíciles de la historia del movimiento obrero: las vísperas del golpe cívico militar que llevaría al general Eduardo Lonardi a la presidencia de la Nación y a la Argentina a su decadencia".
Fue la UOM -con un conflicto encabezado por José Ignacio Rucci (con solo 20 años) desde las instalaciones de CATITA, Barracas- la que comenzó en diciembre de 1955 la resistencia peronista.
En los primeros días de 1956, 3.100 trabajadores de Philips bloquearon las entradas, los pasillos y hasta el propio despacho del interventor militar en la UOM, con quien Vandor se enfrentó cara a cara, cuestionándole su autoridad en un gremio que pertenecía a los trabajadores.
Al final de ese mismo año, un Plenario Nacional de delegados declaró la huelga general, que los trabajadores metalúrgicos sostuvieron por 40 días contra el gobierno de facto. El conductor de la gran huelga de 1956 fue Vandor.
A esos dos dirigentes combativos de la UOM - Vandor (1969, un mes después del Cordobazo) y Rucci (1973, dos días después del triunfo electoral de Perón - Perón)- los asesinaría la misma banda armada con la excusa de que eran traidores al peronismo y formaban parte de la burocracia sindical. Tanto Vandor como Rucci, sin embargo, se habían encargado durante su intensa trayectoria en el sindicalismo argentino, y en particular como dirigentes de la Unión Obrera Metalúrgica, de demostrar lo contrario.
El Lobito Torres
Por su parte, Elpidio Torres, en 1958, apenas dos años después de haber ingresado a la fábrica automotriz de Santa Isabel, trabajando en la línea de montaje de autos y siendo ya delegado de sus compañeros, fue elegido secretario general del SMATA Córdoba, siendo el segundo secretario general de una filial que se había formado en 1956.
No siendo todavía Elpidio secretario general del SMATA en Córdoba, el general Aramburu, con la intención de debilitar a la UOM, fundó el 24 de febrero de 1956 la seccional SMATA en Córdoba, y la empresa Kaiser (luego IKA Renault), siguiendo ese criterio, encuadró a los trabajadores en el sindicato de los mecánicos, saliendo de la órbita de la UOM. El amplio criterio de los dirigentes de ambos gremios (UOM nacional y SMATA Córdoba, liderados por Vandor y Elpidio respectivamente) frustraría en el tiempo y al calor de las luchas comunes, las intenciones del gobierno de facto.
A partir de entonces, en la Argentina hubo dos grandes sindicatos ligados al sector metalmecánico, con mucha conciencia de lo que significaba la unidad del movimiento obrero. Como destacara su hijo Rafael Torres al inaugurarse en 2022 el busto de su combativo padre, "su lema preferido era ‘división es frustración", y ese pensamiento era sin duda el de "los hombres que, durante la década del ’60 y después de la revolución fusiladora de 1955, encarnaron la representación de la masa del pueblo argentino, a la vanguardia de las luchas por las reivindicaciones sociales, laborales y políticas que habían sido arrebatadas", y cuya principal reivindicación "era la dignificación del trabajador".
El sindicalismo peronista, expresado por aquella época en la figura y pensamiento de hombres como Augusto Vandor, José Ignacio Rucci y Elpidio Torres, siempre hizo hincapié en la continuidad de una lucha colectiva que comenzara un 17 de octubre de 1945, se había reconvertido en la adversidad bajo "la resistencia peronista" a partir de 1955, y "encuentra su punto más álgido en Córdoba" el 29 de mayo de 1969 -en el marco de la huelga general decretada por la CGT Nacional para el día 30-, al derrotar con la conducción del Movimiento Obrero Organizado de Córdoba la política económica de Onganía y Krieger Vasena, iniciando así el derrumbe del dictador y de su dictadura aparentemente monolítica.
La relación de Augusto Vandor y Elpidio Torres
Con gran humildad y sincera admiración por él, en su libro autobiográfico, Elpidio dice de Vandor: "La distinción que hacía para con mi persona, aún me llena de orgullo. Siempre me permitió trabajar codo a codo con él, mientras era la máxima figura nacional". Aunque su relación era más estrecha aún: "En varias oportunidades de visita a Córdoba, en lugar de quedarse en la UOM, se instalaba en el SMATA". No por nada a Elpidio Torres le decían "El Lobito", en alusión al apodo del "Lobo" Vandor, y también el "Vandorito de Córdoba", aunque su amistad y relación sindical y política nunca influyó en la libertad de decisión de uno y otro.
Esa independencia de criterio se demostró en la campaña por la gobernación de Mendoza en 1965, en la que, junto con Isabel Perón, Elpidio Torres estuvo enfrentado con Vandor, lo mismo que en la lucha sindical, ya que Vandor pertenecía a la UOM y Torres al SMATA, gremios que tenían una ardua competencia de representación, si bien los unía su identidad política peronista y su vocación y pasión sindical.
En 1965 tenían lugar en Mendoza las elecciones para Gobernador. Había dos candidatos peronistas: Serú García y Corvalán Nanclares. Allí apareció en escena Isabel Perón, a quien convencieron de apoyar a Corvalán Nanclares cuando ya Vandor había comprometido su apoyo a Serú García. El general Perón apoyó a Isabel en su decisión y Elpidio Torres la acompañó en su gira por todo el país. Vandor, por su parte (cuyo gremio financiaba la estadía y gira de Isabel por el país), debió cumplir con la palabra empeñada a Serú García y, de ese modo, quedó descolocado frente al líder y su esposa, lo que le costó ser acusado de querer un peronismo sin Perón. Pero solo se trataba de fuego "amigo", y muy pronto se recompuso su relación con el líder del movimiento, que estimaba mucho a Vandor.
No debe olvidarse, que tanto Augusto Vandor como Elpidio Torres habían conformado y firmado en Madrid junto a Perón, en 1964 (año y momento en el que Vandor le presentó Elpidio Torres a Perón), el documento de lanzamiento del Operativo Retorno de Perón a la Patria. Asimismo, ambos integrarían a partir de entonces la Comisión Directiva Nacional de las "62 Organizaciones Peronistas".
Fue así también que, "de esta amistad sin dobleces, nació una idea que en aquel entonces parecía descabellada y fue duramente rechazada por los dirigentes mecánicos de la época". ¿Cuál era esa idea? "Habíamos ideado con Vandor -cuenta Elpidio- crear una federación metalmecánica integrada por SMATA y UOM, en donde cada gremio mantendría su capacidad estatutaria y su absoluta individualidad. Aún recuerdo que para hacer las cosas totalmente cristalinas habíamos pensado la rotación bianual de la secretaría general" de dicha federación. De haberse concretado, asegura Torres en su autobiografía, "hubiera resultado la expresión más potente del sindicalismo nacional y latinoamericano".
La idea difería mucho de la que la patronal y la ultraizquierda, funcional a ella, auspiciaban, y que llegaron a concretar con la ayuda del presidente Illía primero, y luego en la época de la dictadura de Onganía, Levingston y Lanusse: los sindicatos por fábrica como SITRAC y SITRAM (ideal del sindicalismo clasista), que pretendían reemplazara a los sindicatos por industria, connaturales a la tradición peronista verdaderamente combativa del movimiento obrero.
La idea de Vandor y Torres llevaba a la unidad y fortalecimiento del Movimiento Obrero en su conjunto; la de la ultraizquierda, a su debilitamiento y derrota segura. Y éstos últimos llamaban a los sindicalistas peronistas "burócratas", "no combativos", "traidores" y "entregadores" de la clase obrera. Así pretendían representar a la clase obrera: arrebatándole las organizaciones al fuerte, combativo y masivo sindicalismo peronista. Lo habían hecho, de facto, en el ´55, y repetirían la experiencia en el SMATA de Córdoba después del Cordobazo, tras el reflujo colectivo después de la ardua lucha de 1969, a través de elecciones (1972), cuando Elpidio Torres ya había renunciado varios meses antes como secretario general (1971) debido a una campaña de difamación a la que lo sometieron sin piedad.
Con la UOM no lo lograrían nunca, aunque asesinaran con cuatro años de diferencia a dos de sus máximos dirigentes: Augusto Vandor y José Ignacio Rucci.