Whisky sanjuanino con espíritu escocés: la historia de Hugo Domínguez y su destilería familiar en Pocito
En el corazón del desierto sanjuanino, una ex bodega se transformó en la cuna de "Reigosa", un single malt artesanal que ya gana reconocimiento nacional. Hugo Domínguez, su creador, cuenta cómo nació el proyecto y por qué el whisky también puede tener sabor cuyano.
Una ex mostera construida en 1956, rodeada de campo y ubicada sobre la Ruta 40, se convirtió en el lugar menos esperado para encontrar un whisky de alta gama. Pero allí, en Carpintería, Pocito, la familia Domínguez le dio forma a "Reigosa", un single malt argentino nacido en San Juan con alma escocesa.
"Este es un emprendimiento familiar donde los propietarios son mis hijos, Hugo y Raúl", cuenta Hugo Domínguez, el maestro destilador y alma del proyecto, en diálogo con Diario Zonda. Aunque oriundo de Córdoba, Hugo vive hace más de dos décadas en la provincia y hoy lleva adelante una destilería que sorprende incluso a expertos del rubro.
La idea surgió en 2017, pero tomó forma en plena pandemia, cuando adquirieron la vieja bodega pocitana."La hemos ido reconvirtiendo en una destilería de whisky estilo escocés. Fue una oportunidad para desafiar al desierto sanjuanino y a sus inclemencias climáticas, que por un lado favorecen la crianza del whisky, pero también provocan grandes pérdidas por evaporación", explica.
El nombre "Reigosa" no fue elegido al azar. Es un homenaje a Miguel Ángel Reigosa, el mayor coleccionista privado de whisky del mundo y dueño del Museo del Whisky en Buenos Aires. Fue él quien los contactó con Pablo Tognetti, físico, ingeniero y dueño de la destilería Madoc en Bariloche, quien se convirtió en mentor de Hugo. "Cada vez que había dificultades, Miguel nos decía ‘este whisky tiene una calidad extraordinaria, denle para adelante’".
La destilería Tres Domínguez trabaja principalmente con maltas escocesas y utiliza barricas de roble francés que antes contuvieron vinos o jerez. "Esa sinergia con la industria vitivinícola es clave. Además, el clima sanjuanino hace que la maduración sea más rápida: un año acá puede equivaler a tres en Escocia", asegura.
Cada botella de Reigosa requiere al menos cinco años de espera, aunque legalmente en Argentina podrían comercializarse con dos años de añejamiento. "Pero para que un whisky sea realmente bueno, necesita tiempo. Cinco o seis años es cuando empieza a mostrar su verdadera personalidad", dice.
El perfil del whisky sanjuanino es complejo y profundo: "Tiene notas de fruta vieja, ciruelas, frutos rojos, higo, vainilla y dulce de leche. A la vista es oleoso, con piernas lentas, y eso demuestra madurez. Es un whisky guntuoso, con carácter".
Aunque San Juan no es una provincia tradicionalmente asociada al whisky, Hugo ve un cambio: "Todavía no hay una gran masa crítica, pero está creciendo. Hay jóvenes como Hernán González del bar Leinster, que están haciendo un gran trabajo para divulgar la cultura del whisky. Hace poco organizaron la fiesta del Día del Whisky y fue un éxito".
Y a pesar de que no tiene formación técnica en destilación, Hugo dice que aprendió haciendo, con la ayuda de Tognetti y la experiencia industrial que arrastra desde su fábrica de pisos de travertino. "Cambiar una cortadora de mármol por un destilador fue raro, pero las bases eran las mismas. Instalaciones bien hechas, criterio industrial y pasión".
El público que más se interesa por Reigosa está entre los 25 y 40 años, y hay algo que destaca: cada vez más mujeres se suman a la cultura del whisky."Antes era un mundo de hombres, pero eso está cambiando. Hoy hay muchas mujeres que no solo beben, sino que estudian, difunden y enseñan sobre esta bebida".
Hugo está convencido de que el whisky es más que una bebida: "Es un camino de ida. El que entra al mundo del whisky no sale más. Y además genera vínculos. Una medida de whisky puede durar dos horas, de charla, de encuentro. Eso no lo hace cualquier bebida".
El whisky Reigosa se puede conseguir en el bar Leinster, en el Museo del Whisky en Buenos Aires o a través de la página de Instagram de la destilería Tres Domínguez. Incluso, quienes lo deseen pueden coordinar una visita a la destilería y conocer el lugar donde, contra todo pronóstico, el whisky florece en pleno desierto sanjuanino.