La dura realidad de los viñateros sanjuaninos que aseguran ser la variable de ajuste
La flexibilización de importación, el atraso cambiario y la sobreoferta están dejando al productor de uva sanjuanino en el borde del colapso. Juan José Ramos, presidente de la Asociación de Viñateros Independientes, advierte que el sector se convierte en la variable de ajuste de un sistema que ya no resiste.
La vitivinicultura en San Juan, uno de los pilares productivos históricos de la provincia, atraviesa una de sus crisis más profundas. Lo que para muchos puede sonar a un conflicto sectorial más, para quienes viven de la uva representa el desmantelamiento de años de esfuerzo. Juan José Ramos, presidente de la Asociación de Viñateros Independientes de San Juan, lo explica con crudeza: "Cuando vino este gobierno, lo primero que hizo fue eliminar la licencia no automática para la importación de vino. Eso nos costó mucho conseguirlo en su momento, porque permitía proteger al mercado interno frente a productos foráneos".
En este marco, Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) publicó la Resolución 20/2025,que introduce cambios significativos en el proceso de importación de vinos y productos vitivinícolas. El nuevo esquema simplifica los trámites para los importadores, eliminando exigencias redundantes y agilizando los procedimientos administrativos. Todo esto se realiza manteniendo los controles de calidad e inocuidad establecidos por la Ley N° 14.878. La resolución busca adecuar los procesos a la dinámica actual del comercio internacional y responde a los principios de eficiencia estatal promovidos por el Gobierno nacional.
Esta flexibilización de las importaciones ha significado, según Ramos, un retroceso que remite directamente a las políticas aplicadas durante la gestión de Mauricio Macri. Explica que estas licencias eran una herramienta clave para controlar el ingreso de vinos que compiten de forma desleal con los productos nacionales. "Ahora cualquiera puede importar sin demostrar que ese vino no se produce en el país. Es abrir la tranquera en plena tormenta", señala.
Precios desmoronados y un dólar que no alcanza
Otro de los grandes problemas que enfrenta el sector es el deterioro del valor de la uva y sus derivados. Ramos advierte que "en un año hemos perdido más de la mitad del precio de nuestro producto. Para poder exportar mosto y ser competitivos, los productores terminamos siendo la variable de ajuste".
Este fenómeno está directamente relacionado con el atraso cambiario. Mientras la inflación se disparó, el dólar oficial aumentó muy por debajo del ritmo necesario. Ramos argumenta que "el atraso cambiario creció como un 50%, mientras la inflación subió un 75% y el dólar apenas un 25%. Así es imposible exportar sin fundir al productor".
Los precios que pagan las bodegas por la uva, en consecuencia, han caído abruptamente. Y lo peor, dice, es que ya no hay márgenes para esperar mejoras: "No se puede pagar lo del año pasado, ni mucho menos".
Del viñedo al camión: la ruta incierta del mosto
En cuanto a la producción actual, San Juan ha procesado aproximadamente 338 millones de kilos de uva. "De eso, el 60% se ha destinado a mosto y el 38% a vino", precisa Ramos. También detalla que una parte importante, unos 22 millones de litros, se muele en San Juan pero se transporta en camiones cisterna hasta Mendoza, donde se finaliza su procesamiento.
Esta práctica responde, entre otras razones, a cuestiones logísticas como la necesidad de evitar zonas cuarentenadas por la mosca de la fruta. Sin embargo, también habla de la creciente dependencia del mercado mendocino para darle salida a la producción local.
Fincas en retirada: el éxodo del viñatero
Las consecuencias de este panorama se hacen visibles en la tierra. La cantidad de hectáreas dedicadas a la vid ha disminuido notablemente. Ramos confirma que "en los últimos años se han perdido más de 5.000 hectáreas" y que, aunque oficialmente el Instituto Nacional de Vitivinicultura reconoce unas 39.000, "en la práctica deben quedar unas 35.000, porque hay muchas propiedades semiabandonadas que aún no han sido dadas de baja".
Este abandono tiene su correlato en el cambio de modelo productivo. Muchos viñateros han optado por reconvertirse: "Ha crecido la producción de uva para pasa, pero también se han volcado a cultivos como olivo, pistacho y horticultura", enumera.
Uva fina, pago lento
La situación se vuelve aún más delicada con las uvas finas. Ramos denuncia que "el Instituto de Vitivinicultura estableció una liberación anticipada de los vinos finos al consumo. Antes se habilitaban a partir del 1 de junio, pero ahora se permite que apenas a los 40 días de que la uva entra a bodega, ya pueda salir al mercado".
Esto genera un efecto complicado: "Al liberar más temprano, en un mercado ya sobrestockeado, los precios se desploman. Antes, la variedad Chardonnay nos la pagaban por adelantado en diciembre, ahora la estamos cobrando en cinco cuotas a partir de junio", explica.
Frente a este escenario, los viñateros sanjuaninos están asfixiados. La falta de políticas activas para proteger a la producción nacional, el atraso cambiario, la sobreoferta y la pérdida de rentabilidad han hecho que muchos opten por abandonar la actividad o transformarla radicalmente.
Juan José Ramos advierte que "la situación financiera es crítica " y que las medidas del gobierno nacional "lejos de aliviar, han empeorado el panorama". Los Parrales, que alguna vez fue símbolo de progreso y trabajo en San Juan, hoy se marchitan entre decisiones políticas y mercados que juegan con reglas que los pequeños productores no pueden sostener.