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LA HISTORIA QUE TIENE UN PRESENTE

María Zalazar, la guardiana de los ancestros Huarpes

La líder de la Comunidad Huarpe Colchagual hace un recorrido histórico que sin dudas muestra la realidad de muchos pueblos originarios, que el tiempo y los gobiernos les pasaron por encima. Aun así, siguen en el tiempo y son un vestigio viviente de lo que somos como pueblo. Doña María se aferra a sus tradiciones, pero también es una ferviente creyente.

María Zalazar cuenta su historia y con ella vive cada momento.

La tarde en Sarmiento es cálida, doña María Zalazar camina tranquila por su casa. Su esposo y su nieto ven televisión en silencio. Al llegar abre las puertas de su humilde casita y nos recibe con una mirada transparente. Zonda Diario, habló en con la mujer que defiende los derechos ancestrales y la memoria de los pueblos originarios. En sus ojos cuenta la historia del tiempo. Ella tiene conciencia de lo que les tocó vivir como pueblo.


"Mi historia se remonta casi 500 años atrás, desde el tiempo de nuestros ancestros, de nuestros mayores", dice mientras se frota las manos.
Dispara que su cultura es ancestral de la que no hay libros escritos. "La cultura es oral, es el transmitir de padre a hijo. Ahora, en este tiempo, se puede decir que hay cosas escritas por nosotros".


Con este correr del tiempo, la mujer sostiene que lo que se conserva de su cultura es "el respeto por los demás y el respeto por uno mismo. El respeto por la ancianidad, que son las fuentes de sabiduría, a las que uno va como integrante o como jefe de una comunidad".
Cuenta que con los jóvenes hacen trabajos en las comunicaciones de las actividades a todo el pueblo. Explica que el reconocimiento como pueblo nunca lo tuvieron y que fue postergado en el tiempo. "Nosotros no estábamos conformados como comunidad, porque para que se nos tuviese en cuenta por parte del gobierno, desde 1984, hubo que tener un número. Pero hasta ahora no aparece ese número, solamente tenemos un certificado que nos dice que somos pueblo originario".

"Nuestra cultura es oral y se transmite de padre a hijo. Ahora hay algunas cosas escritas por nosotros" 


Su familia es originaria por donde se la mire. Su mamá era lavallina y su padre de Cochagual. Tuvieron 13 hijos de los cuales cinco ya fallecieron. Pero "aún quedamos nosotros. Todavía estamos y seguimos tratando de mantener y preservar todo lo que tiene que ver con lo que es el pueblo, nuestras tradiciones".

Natalia Sánchez, a cargo de Pueblos Originarios, María Zalazar, reconocida en el 8M, Oscar Sánchez y el esposo de María.


Hoy Doña María tiene 70 años y en su vida le tocó pasar de todo. Desde el desarraigo cuando los sacaron de la tierra cuando era chica hasta la perdida de seres queridos. "Lo peor es cuando nos sacaron la tierra en La Colonia", afirma. Por aquel entonces era solo una niña de 7 años, pero el recuerdo lo tiene marcado a fuego en su corazón. Si hasta recuerda el camión con carrocería azul que los sacó del lugar de su infancia y que marcó gran parte de su vida, el desarraigo. "Nos sacaron un 24 de julio, estaba lloviendo". 


Rememora el pasado y afirma que "no había un tiempo más feliz en mi vida que ahí, que ese tiempo donde vivía con mis padres, con mis hermanos". 
Tal cual una postal en su mente describe que era un rancho grande, en medio de una pampa. Por detrás pasaba un canal donde tuvieron muchos tiempos de juego y entretenimiento. "Ahí teníamos libertad para todo, y ahí como que se quedó nuestra niñez". Las cosas que vivieron en ese lugar siempre fue "con respecto a nuestra cultura, con respecto a la madre tierra, a lo que se podía trabajar".

"Con mis hermanos, los que quedamos seguimos tratando de preservar nuestras costumbres y tradiciones. 


Dejar el rancho en La Colonia, marcó la vida de la familia. "Cuando nos fuimos, íbamos todos llorando. Jamás había visto llorar a mi mamá". Previo a la partida del lugar cuenta que reunieron a los hermanos en una cocina larga "mi padre se sentó en la cabecera de la mesa y nos dijo que nos teníamos que ir de allí. No podemos estar más acá". Cuando su padre hablaba "lo hacía llorando".

"A mi me molesta mucho que el gobierno quiera castigar a los padres que mandan sus hijos a trabajar. Eso se hace para que aprendan a ganarse la vida de chiquitos" 


"Mi hermano, el más grande, todavía no tenía 18 años", recuerda. Sobre las seis de la tarde "comenzaron a desarmar las cosas para llevárselas. Tranqueras, corrales todo lo que se podía recuperar", sostiene María y en su recuerdo se muestra su tristeza.
Con los años, ya la familia en Media Agua, trabajaban en las cosechas, donde toda la familia trabajaba. Sus papás cosechaban, los hijos más grandes acarreaban y los más chicos colaboraban juntando granos. También trabajamos cuando "recolectaban maíz, porotos o zapallos". 

Junto a integrantes de su comunidad, doña María enseña sus costumbres y tradiciones.


Con los años, María se casó y tuvo seis hijos: dos mujeres y cuatro varones. 
Al mirar el presente remarca que "a mí me molesta mucho que el gobierno quiera castigar de alguna forma a los padres que mandan a trabajar a los niños. Los padres tienen que enseñar a trabajar a los niños, que sepan lo que es ganarse la vida de chiquito. Esa es mi manera de pensar".

El rescate de cosas ancestrales
Hoy como líder de la comunidad Huarpe Cacique Colchagual dice que su misión es seguir transmitiendo los conocimientos de su pueblo. "Estamos tratando de rescatar el idioma, las costumbres, la medicina ancestral, la cocina ancestral que es muy rica y muy sana, y todo lo que hace al valor de lo que nosotros hemos ido viviendo", afirma.

La historia de su padre
Cuando se adentra en la historia familiar cuenta que su padre, en una reparación de las líneas del ferrocarril perdió un brazo. "Había una señora jovencita embarazada que no había podido pasarla, se quedó como paralizada. Entonces, él lo que hizo fue correr y sacarla. El no alcanzó a pasar, y perdió el brazo".
Tras ese hecho heroico, el hombre nunca tuvo un reconocimiento por su trabajo. "Por ese entonces un grupo político que los llamaban "los gansos", le dieron una pensión que cobraba cada dos meses". Fue desde ese momento en que comenzó a conocer las injusticias de la vida, "apenas tenía 7 años". 

Una ferviente creyente
Doña María a los 11 años hizo la primera comunión y desde ahí siempre acompañó en su fe el camino de Dios. Pero recuerda que cuando aún vivían en la Colonia, lugar del que luego se tuvieron que ir, "mi mamá hacía una ermita en la tierra, prendía una vela y ponía una imagen de la Vírgen y el Sagrado Corazón". En su imagen de niña muy pequeña recuerda la figura de su padre sentado en un sillón en las tardes "él nos sabía contar muchas cosas".
Luego de eso, "mi mamá después de rezar, nos hacía formar en filitas desde el más grande al más chiquito y a pedirle la bendición. De esa manera yo conocí a Dios, al Señor. Después seguí perseverando hasta que llegué a Brochero".

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