¿Mentimos más después de la pandemia?
¿Mentimos más después de la pandemia? A partir de la pandemia, el comportamiento humano ha cambiado sensiblemente.
Análisis exclusivo para El Zonda Por Hugo Lescano Director del Laboratorio de Investigación en Comunicación No Verbal Consultor de la OEA (Washington DC) en Negociación y Comunicación no Verbal Instagram: @hlescano www.HugoLescano.com.ar
A partir de la pandemia, el comportamiento humano ha cambiado sensiblemente. La situación de encierro con su consecuente cambio en los estados de ánimo, ha dejado huellas marcadas a fuego en nuestro modo de relacionarnos. Uno de los patrones de conducta que nuestro laboratorio ha analizado durante este período de aislamientos, barbijos y distanciamientos sociales es el del engaño y la mentira.
Lo que se ha modificado es la intensidad y los motivos de las mentiras. Cuatro de cada diez personas en Buenos Aires mintieron sobre su estado de salud, negando por ejemplo que tuvieron COVID, ya sea por pudor o temor a ser tratados de modo diferente. Asimismo, de cada diez personas que reconocieron haber tenido COVID, cinco mintieron u ocultaron información sobre sus síntomas.
Otras de las mentiras más comunes en pandemia estuvieron vinculadas a los social. Negamos contactos estrechos, reuniones grupales o simplemente afirmamos habernos lavado las manos cuando sabemos que no es así.
Entre tanta mentira se han encontrado algunas curiosidades. Las mujeres, por ejemplo, han sido más honestas que los hombres al referirse a su estado de salud o comportamientos sociales. Y en cuanto a la edad, las personas menores de 50, han mostrado mayor propensión a la mentira al referirse a aspectos vinculados a su salud.
La pregunta es ¿Cuál es la causa del incremento de conductas engañosas? El encierro y el aislamiento al parecer son los primeros responsables, ya que mentimos mejor cuando nuestras relaciones sociales se debilitan. El aislamiento nos distanció durante meses de amigos y familiares que veíamos casi a diario fortaleciendo las redes virtuales con personas que prácticamente no conocemos y que, en muchos casos, están a cientos o miles de kilómetros. Los cursos o actividades por zoom nos permitieron "conocer" personas de otros lugares en desmedro de las actividades bajo la modalidad presencial con personas de nuestro propio entorno.
Por otra parte, la mentira ha sido la herramienta que hemos utilizado para – de manera esporádica – encontrarnos con personas o realizar actividades no del todo aprobadas por nuestro grupo familiar. Esto se debe a que el encierro o aislamiento sostenido, acrecienta nuestro deseo de obtener algo de bienestar, ya sea salir de compras, visitar a un amigo o bien socializar como si la pandemia no existiese generando en nosotros una agradable sensación al menos por un momento tal como lo señalan en sus investigaciones recientes la doctora Marlee Bower, investigadora de la soledad en la Universidad de Sídney, y el sociólogo Roger Patulny, de la Universidad de Wollongong, Australia.
El barbijo, que configura el código de comportamiento identificado como CC72 en el Sistema de Acción de Codificación Facial, es también un disparador en la construcción de algunas de nuestras mentiras ya que brinda una falsa sensación de anonimato sumado al hecho que desconfiamos más cuando no vemos la boca de nuestros interlocutores.
Por último, las bromas, los chistes, el relato informal y la información desestructurada conocida como "contacto periférico" ha desaparecido en gran medida y este quizá sea nuestro duelo más profundo. En las reuniones virtuales que mantuvimos durante meses – y aún hoy-, la comunicación es más formal y acotada y elimina el intercambio de información afectiva. Esto ha impulsado la mentira como un método efectivo para recuperar al menos de modo esporádico la "recompensa" de vivir "normalmente" en furtivos encuentros presenciales o en las conocidas "fiestas clandestinas"
No olvidemos que somos una especie gregaria que necesita de la dimensión social para no extinguirse. Y nuestros códigos de comunicación corporal cobran sentido frente a otras personas. La mentira como comportamiento social siempre ha existido en la especie humana ya que opera muchas veces como estrategia de supervivencia. Esto sucede, aunque seamos descubierto y aunque sepamos como siempre decimos en nuestro laboratorio, que nuestro cuerpo no sabe mentir.