La decisión de Jony Ive, el diseñador del iPhone, de dejar la empresa llega en un momento crítico para la compañía fundada por Steve Jobs que deberá replantear su futuro a partir de la irrupción de la Inteligencia Artificial y la Realidad Aumentada

 

Hace unos días se conoció que Jony Ive se va de Apple después de casi 30 años para crear su propia firma de diseño, Lovefrom. Ive seguirá diseñando proyectos para Apple, aunque sin duda, en mucha menor medida al atender otros clientes e intereses al mismo tiempo. Como le dijo el propio diseñador al diario The Financial Times, “este parece un momento natural y calmo para hacer el cambio”.

¿Es un momento calmo? Para Apple y Silicon Valley en general, es el momento más tumultuoso en una década. Ive se va de Apple en un momento crítico del siglo XXI cuando, entre el auge de la Inteligencia Artificial, la Realidad Aumentada y una creciente comprensión de la adicción tecnológica, nadie parece saber qué vendrá a continuación. Ive pasó 20 años articulando un punto de vista claro acerca de cómo debe interactuar la gente con la tecnología. Pero el futuro de la tecnología se ve más turbio. Y necesita del buen diseño más que nunca.

El propio futuro de Apple no está claro. La vaca lechera de la compañía, las ventas de iPhone, está en baja (cayeron un 30% en el último año), a partir de la decisión de los consumidores de renovar su celular en forma más espaciada y el mal momento que enfrentan los mercados emergentes que tienen presupuestos más ajustados y demandan equipos más baratos. Apple sigue obteniendo ingresos por aproximadamente US$60.000 millones por trimestre, pero la presión de Wall Street reclama crecimiento constante por sobre esas cifras ya de por sí inmensas. De ahí que Apple anunció que se dedicará a las tarjetas de crédito y en un reciente encuentro mundial de diseñadores promovió su negocio de servicios (como iCloud). Para competir con los modelos de innovación amorfos de Amazon y Google, Apple necesita monetizar gadgets menos tradicionales y más software en la nube.

Ive es el responsable de haber introducido a Apple en la era moderna de la electrónica, dos veces, Primero haciendo que la electrónica portátil fuera encantadora con el iMac/iPod, y luego haciendo ilimitadas las posibilidades con el iPhone.

Ive no solo tiene gran gusto estético, también es un genio del diseño de tecnología. Su primer encargo en Apple fue desarrollar una nueva tablet Newton, del tablero de dibujo a la forma en poliestireno en solo dos semanas, lo que requirió reordenar tarjetas de circuitos y acampar en un cuarto de hotel en Taiwán.

En 2000 Microsoft aún intentaba averiguar cómo sería una tablet, fabricando laptops gigantes con pantallas que respondieran al toque de estilográficas. Mientras tanto, Ive presentó la iMac Bondi Blue (1998), una PC de escritorio con una manija, lo que implicaba que debía moverse con uno. Luego en 2001, el iPod, el reproductor de música perfecto que almacenaba toda lo que uno quisiera, pero que además tenía una rueda de interface que era divertida, interminablemente divertida.

Ive introdujo una sensación de felicidad en la tecnología. Y a partir de allí presentó más y más iPod, cada vez más pequeños y con colores más evocativos. Y esta vez, Apple demostró que la ergonomía, la interface de usuario y la sensación emotiva de un producto importaba más que su poder o productividad. Desde entonces nada ha sido igual. Microsoft pasó de las tablets a crear clones del iPod llamados Zune. 2007 trajo el iPhone. 2008 la MacBook Air. 2010 la iPad. Aquí Ive y su equipo realmente dominaron el matrimonio de los microprocesadores y el vidrio.

Del modo más influyente. Apple demostró que todo el producto debe despejar el acceso a la pantalla táctil, una maravilla de interface de usuario que puede rearmar sus botones en milisegundos. Apple transformó la computación en algo flexible, tangible y gloriosamente despreocupado.

Ese logro no puede exagerarse. Todas las compañías copiaron el enfoque de Apple. Samsung lanzó los celulares y tabletas Galaxy. Google lanzó Pixel. Pero Apple siguió explotando su logro con más productos. Un ejemplo es el Apple Watch -toda una nueva categoría en si mismo- que ostensiblemente es sólo un iPhone diminuto en la muñeca.

Si el diseño de Apple ha parecido un poco aburrido desde 2010 cuando debutó la iPad, es porque Apple hizo un gran trabajo para que los artículos electrónicos de consumo masivo fueran a la vez útiles y hermosos. El buen diseño entusiasma cuando soluciona un problema en su vida. Después lo damos por hecho.

Mirando hacia 2020 la industria de tecnología se enfrenta a una nueva frontera. Enfrentamos una serie de problemas que son aún mayores que “¿cómo debe verse una computadora diminuta en mi bolsillo?”

Estamos entrando en una era de asistentes de IA con algoritmos opacos que toman cada vez más control de nuestras vidas. ¿Cómo podemos ver dentro de ellos? Las redes sociales nos conectan pero también nos hacen sentir aislados y han permitido que se nos manipule en masa. ¿Qué hacemos? Está la cuestión de la Realidad Aumentada: tenemos la tecnología para hacer flotar hologramas frente a nuestros ojos, ¿pero por qué eso es significativo o deseable? Todo fabricante importante de autos está trabajando en coches sin chofer. ¿Cómo se puede hacer que esa experiencia sea a la vez segura y algo que entusiasme? Un ajuste inmobiliario que llega a niveles de crisis está llevando a los constructores a crear edificios inteligentes, ¿pero pueden dar la sensación de ser un hogar? Y también están otros megatemas como la salud y el medio ambiente, dos cuestiones que Apple dice que le importan pero en los que no ha tenido una incidencia sísmica aún.

Futuro incierto

Ive sólo tiene 52 años. Sin duda en Lovefrom tiene décadas de diseños espectaculares por delante. Lo que es más, puede seguir siendo consultor de Apple en cualquiera de los temas mencionados. Ive casi con certeza trabajó en al menos algunas de estas cosas durante su permanencia en Apple. Se dice que Apple estaba desarrollando un casco de realidad aumentada y un auto desde hace años. Pero sean cuales fueran los conceptos que Ive y su equipo estuvieron definiendo a puertas cerradas siguen siendo secretos bien guardados, y no una tesis abierta sobre los próximos diez años de diseño.

Ive se va de Apple cuando la tecnología se vuelve especialmente complicada y turbia, al comenzar a quedar claras las consecuencias de su impacto en la vida de todas las personas. ¿Se está escapando de su responsabilidad? No exactamente. Ive ha dado a Apple y a tanta gente consumidora décadas de su vida. Por el otro lado, el diseñador deja serios problemas que él también fue responsable de crear.

Lo más crucial es que Ive se va de Apple en un momento en que reconocemos que el iPhone es como una droga que nos ha hecho más informados pero menos felices. Quizás el mayor desafío para el futuro de Ive sería reconciliarse con el pasado de Apple y el hecho de que su diseño maravilloso ha generado la distopía de la privacidad y ha hecho que nuestro tiempo con amigos y familiares sea mensurablemente menos disfrutable. Debido a la brillantez de Jony Ive pasamos más tiempo mirando pantallas que mirándonos los unos a los otros. ¿Entonces qué pasaría si Ive soluciona el mayor problema que aún perdura en la tecnología? ¿Qué pasaría si su mayor logro algún día es lograr que seamos capaces de dejar de lado sus creaciones irresistibles?