Las enfermedades del sistema circulatorio fueron la principal causa de muerte en Argentina en 2024: provocaron 105.130 fallecimientos, según un análisis del Observatorio de Salud de la Universidad ISALUD basado en las estadísticas vitales nacionales. Detrás de esa cifra se agrupan distintas afecciones, desde la insuficiencia cardíaca hasta las enfermedades de las arterias que irrigan el corazón.
El dato refuerza la relevancia de la prevención, porque buena parte de los factores de riesgo no produce síntomas en etapas iniciales. La Organización Mundial de la Salud (OMS) identifica entre ellos la alimentación poco saludable, la inactividad física y el consumo de tabaco. También señala que la presión arterial, la glucosa y los lípidos elevados pueden medirse en la atención médica.
Las principales causas
Dentro de las muertes por enfermedades del sistema circulatorio registradas en Argentina en 2024, el Observatorio contabilizó 26.404 por insuficiencia cardíaca, 22.841 por enfermedades isquémicas del corazón, 17.783 por enfermedades cerebrovasculares y 7.398 por enfermedades hipertensivas. Se trata de categorías diferentes, reunidas en un mismo grupo estadístico. La magnitud del problema también se refleja en los pacientes que necesitan internación.
En ese punto, el registro argentino ARGEN-IC estudió a 909 personas con insuficiencia cardíaca aguda atendidas en instituciones de 18 provincias, a partir de datos recogidos entre agosto de 2018 y marzo de 2019. Se trata de un estudio sobre pacientes internados, por lo que sus resultados no describen el riesgo de la población general. El antecedente sirve para dimensionar la carga asistencial que generan estas patologías.
Controles y señales de alarma
“El principal desafío es que las amenazas más frecuentes no dan aviso. Tanto la hipertensión arterial como el colesterol elevado actúan en silencio mientras dañan progresivamente la pared de las arterias, multiplicando el riesgo de infartos y accidentes cerebrovasculares”, explicó Marcelo Cáncer, cardiólogo de OSPEDYC, en el material difundido para esta nota. Una persona puede sentirse bien y tener la presión o el colesterol elevados.
Por eso, medir la presión arterial y consultar cuándo corresponde controlar colesterol y glucemia permite conocer el riesgo individual y definir, junto con un profesional, qué medidas tomar. En algunos casos, los cambios de hábitos deben acompañarse con tratamiento farmacológico. La OMS advierte que un infarto o un accidente cerebrovascular (ACV) puede ser la primera manifestación de una enfermedad de los vasos sanguíneos.
Hábitos que reducen el riesgo
Moverse con regularidad es una de las medidas recomendadas para cuidar la salud cardiovascular. La referencia para adultos es acumular entre 150 y 300 minutos semanales de actividad aeróbica moderada, como caminar a paso ligero o andar en bicicleta. La actividad puede adaptarse a la situación de cada persona y, según la OMS, hacer algo de ejercicio aporta beneficios incluso si al comienzo no se alcanza esa meta.
La alimentación también cuenta. Reducir la sal e incorporar más frutas y verduras son medidas que la OMS asocia con una reducción del riesgo cardiovascular. Legumbres y otros alimentos frescos pueden formar parte de esos cambios, sin necesidad de presentar una dieta única como solución para todas las personas. Respecto del cigarrillo y los vapeadores, Marcelo Cáncer aconsejó apuntar a abandonar su consumo, además de evitar el consumo perjudicial de alcohol y sostener los controles médicos, especialmente cuando ya existe hipertensión, diabetes o colesterol elevado.




