Desde su llegada al mercado en 1998, el Viagra se convirtió en un referente del tratamiento de la disfunción eréctil. Su principio activo, el sildenafil, ayudó a millones de hombres a recuperar la capacidad de lograr y mantener una erección, pero su popularidad también alimentó creencias equivocadas sobre sus efectos y sus riesgos.
La denominada «pastilla azul» suele asociarse con una mejora general del rendimiento sexual, aunque su acción es más específica. Tampoco es un medicamento exclusivo de los adultos mayores ni está exento de contraindicaciones. A partir de las explicaciones del urólogo estadounidense Drogo Montague, de la Cleveland Clinic, pueden distinguirse cinco mitos frecuentes de los efectos que realmente se conocen sobre este fármaco.
Corazón y presión arterial El origen del sildenafil está vinculado con la salud cardiovascular: fue desarrollado inicialmente para tratar la angina de pecho, un dolor que aparece cuando el músculo cardíaco no recibe suficiente oxígeno a través de la sangre. Durante las investigaciones se detectó su efecto sobre las erecciones, lo que modificó su destino comercial. Por eso, afirmar que el sildenafil daña necesariamente el corazón es una simplificación, aunque eso no significa que pueda tomarse sin evaluar antecedentes médicos.
La principal advertencia es su combinación con medicamentos que contienen nitratos, usados para tratar determinadas enfermedades cardíacas. Ambos producen una dilatación de los vasos sanguíneos y, al actuar conjuntamente, pueden provocar una caída peligrosa de la presión arterial. Esa disminución puede comprometer la circulación y generar complicaciones graves, por lo que quienes utilizan nitratos no deben combinarlos con sildenafil y resulta fundamental revisar cualquier otra medicación antes de iniciar el tratamiento.
Efectos poco frecuentes La posibilidad de una erección prolongada es uno de los temores más extendidos alrededor del Viagra. El riesgo existe, pero es poco frecuente. El efecto adverso que requiere especial atención es el priapismo, una erección persistente que puede prolongarse durante horas y ocasionar lesiones permanentes si no se trata a tiempo. La recomendación médica habitual es acudir a una guardia si la erección dura cuatro horas o más.
Un estudio publicado en 2020 identificó 411 casos de priapismo asociados a medicamentos en datos recopilados durante más de dos décadas. La cifra, por sí sola, no permite calcular la probabilidad individual de sufrir ese efecto, pero muestra que se trata de una complicación infrecuente. El riesgo puede aumentar cuando el sildenafil se combina con ciertos tratamientos mediante inyecciones en el pene, una asociación que Montague desaconsejó sin indicación médica específica.
Vista y deseo sexual Los efectos visuales también forman parte de las advertencias sobre el sildenafil. Algunas personas pueden experimentar alteraciones transitorias de la visión, incluida una percepción de los colores con un tono azulado, especialmente con dosis elevadas. Con la dosis máxima habitual de 100 miligramos, ese cambio puede aparecer durante un período limitado. La Academia Estadounidense de Oftalmología señaló que las dosis altas se han asociado con efectos visuales temporales, aunque eso no permite concluir que el medicamento provoque daños oculares permanentes.
El sildenafil no funciona como un afrodisíaco. Su objetivo es facilitar la respuesta física necesaria para lograr y mantener una erección, pero no genera por sí mismo deseo sexual ni aumenta automáticamente la excitación. Su acción está relacionada con el flujo sanguíneo hacia el pene y con los mecanismos fisiológicos que intervienen en la erección, por lo que debe existir estimulación sexual para que funcione.
Edad y consulta médica La disfunción eréctil se vuelve más frecuente con la edad, pero no es un problema exclusivo de los hombres mayores. Según los datos citados en el artículo original, cerca del 40% de los hombres presenta algún grado de disfunción eréctil a los 40 años. El problema puede aparecer incluso antes, por lo que la edad no debería ser un motivo para postergar una consulta.
Montague recomendó buscar orientación profesional ante las primeras dificultades, sin importar los años que tenga el paciente. Además de evaluar el tratamiento adecuado, una consulta permite investigar las causas del problema y prevenir posibles complicaciones, entre ellas las lesiones asociadas con relaciones sexuales cuando la erección no tiene la firmeza suficiente. El sildenafil está aprobado para tratar la disfunción eréctil en adultos a partir de los 18 años, pero su utilización debe responder a una evaluación médica y no a la indicación de terceros.
La conclusión médica es precisa: la pastilla azul no aumenta automáticamente el deseo, no está destinada únicamente a los adultos mayores y tampoco provoca necesariamente daños cardíacos o visuales. Sin embargo, no es inocua. Su uso requiere atención a las contraindicaciones, en especial la combinación con nitratos, y seguimiento profesional para reducir riesgos y evitar complicaciones que pueden requerir atención urgente.




