Tomar medicamentos no suele ser una cuestión sencilla para los niños, especialmente porque el contexto en que se da, nunca es el más favorable. A continuación, algunas recomendaciones para administrarlos facilitando la conexión con el niño para que la situación transcurra de forma positiva.

Al sentirse mal, lo más probable es que los niños rechacen cualquier cosa que se les dé, incluida la medicación.

A la hora de tomar una medicación, es importante que los niños entiendan la necesidad y la importancia de hacerlo. Si bien esta cuestión suele depender de su edad, se recomienda que durante toda la infancia haya un adulto presente, que brinde contención y acompañamiento para que esta experiencia sea más provechosa y el resultado sea exitoso.
Como primer recurso, es recomendable que el adulto maneje su actitud con respecto al niño, para así facilitar la conexión: hablar con calma, seguridad, firmeza y cariño hará que se sienta seguro y acepte la toma del medicamento. No se debe entrar en batalla si lo rechaza, una vez que el niño esté calmado y se sienta seguro, será el momento de administrarle el medicamento de forma rápida.

Recomendaciones según el tipo de medicamentos:
Suspensión de gotas vía oral: Se recomienda administrarlas todas juntas. Se puede hacer con la ayuda de una cuchara o una jeringa. Es recomendable que sean ingeridas de una sola vez, salvo que se requiera una gran cantidad de medicamento. Si se utiliza una jeringa, se debe introducir por el costado de la boca más hacia atrás, para así ayudar a que caigan de manera directa en la garganta.

Comprimidos: Se pueden disolver o romper y administrar con alguna bebida o alimento, aunque antes se debe consultar con el médico si ese medicamento es apto para hacerlo. También, se puede teatralizar la escena simulando que se lo administra a un juguete del niño como expresión de cuidado.

Gotas en los oídos: Se recomienda apoyar la cabeza del niño sobre el hombro del adulto sosteniendo con un brazo su cuerpo y con la otra mano su cabeza. Se debe estirar apenas la oreja hacia atrás. Luego, colocar las gotas y recostar al niño de costado para que entren correctamente.

Gotas en los ojos: Es recomendable elevar el párpado superior con un dedo y colocar la gota. Si se moviliza mucho o se niega a abrir el ojo, se recomienda colocarla en el ángulo interno, donde está el lagrimal. Una vez que abra el ojo, la gota ingresará de manera efectiva.

Es importante tener en cuenta que, por lo general, la administración del medicamento tiene que repetirse con frecuencia. Por este motivo, cada toma o colocación de la dosis es una oportunidad para facilitar el camino a la próxima vez. Los niños no deben sentir que tomarlo es una amenaza. Es importante que puedan entender que gracias a ello pueden llegar a curarse y así sentirse mejor.
*Asesoró la Dra. Nora Zonis (MN 117822), médica pediatra de Swiss Medical Center