Bajo la conducción estratégica de Sergio Massa y la ejecución táctica de Franco Aranda, el Frente Renovador ha puesto en marcha su maquinaria territorial para liderar la reorganización del campo opositor. En este tablero de alta tensión, la preservación de las PASO ha dejado de ser una preferencia técnica para convertirse en el clivaje central y la condición indispensable para suturar las heridas de una unidad que hoy parece fragmentada.
El despliegue de territorialidad: La ingeniería federal de Aranda
En las últimas semanas, el Frente Renovador ha protagonizado una serie de demostraciones de volumen político que buscan condicionar la mesa de decisiones nacional. El reciente Congreso de Mujeres en Buenos Aires, que congregó a más de 400 cuadros militantes, no fue un evento aislado, sino una exhibición de musculatura política que marca el inicio de una fase expansiva.Aranda, en su rol de Secretario General, y por encargo directo de Massa, ha asumido la responsabilidad de institucionalizar el crecimiento del partido en las provincias de Mendoza, San Luis, Catamarca, La Rioja y San Juan. La hoja de ruta es clara: tras el éxito en Buenos Aires, el próximo paso será el congreso regional en La Rioja, seguido por un encuentro de la juventud y, posiblemente, un evento de gran escala en San Juan. Esta expansión federal no solo busca sumar capilaridad territorial, sino consolidar un bloque de provincias que actúe como contrapeso y soporte del proyecto nacional del FR.
El eje estratégico: El único lenguaje común entre sectores antagónicos
La reciente cumbre entre Sergio Massa, Máximo Kirchner y Axel Kicillof ha definido el único puente posible entre terminales políticas hoy distanciadas: la no eliminación de las PASO. Para el Frente Renovador, las primarias constituyen el único lenguaje común capaz de cohesionar a sectores antagónicos. Sin ese mecanismo de resolución de internas, el riesgo de fractura sería terminal.La unidad, sin embargo, no se plantea como un acuerdo de adhesión, sino como un proceso de negociación donde el realismo político debe primar sobre los egos. Aranda reconoce que el camino de retorno al gobierno nacional y al provincial por parte de Unión Por la Patria exige una ingeniería de renunciamientos compartidos para alcanzar una síntesis competitiva.
"Si lo que se pretende es volver al gobierno, hace falta la unidad. En esta unidad que se pretende, todos van a tener que perder algo. Esto funciona así; si no, no es una negociación. Algunos perderán un poco, ganarán otras cosas, pero si todos están dispuestos a hacer algo, el camino será exitoso".
El escenario en San Juan: Cautela e institucionalidad en espera estratégica
En el plano local sanjuanino, la conducción de Aranda mantiene una postura de estricta cautela y espera estratégica. La relación con el Partido Justicialista se limita a un vínculo institucional habitual en el marco de la legislatura provincial, donde es diputado y tiene su bloque unipersonal, evitando cualquier aceleración de tiempos políticos que pueda resultar prematura.La lógica imperante es la del ordenamiento vertical de arriba hacia abajo. No habrá movimientos disruptivos ni definiciones de alianzas locales hasta que el escenario en Buenos Aires no exhiba un rumbo consolidado. Bajo esta premisa, la dirigencia sanjuanina aguarda que la resolución de las tensiones en el AMBA despeje el camino para el armado territorial en las provincias. Como ha señalado el propio Aranda, una vez que se acomode el tablero nacional, la estrategia de alianzas "irá bajando a las distintas provincias".
La convergencia entre el despliegue territorial comandado por Aranda y la defensa irrestricta de las PASO como eje ordenador revela una estrategia de pinzas: construir poder real en las provincias para forzar una unidad competitiva en el centro. Aunque el diagnóstico de los cronistas parlamentarios sugiere que el camino "no va a ser fácil", el Frente Renovador apuesta a que la necesidad de supervivencia electoral termine disciplinando las ambiciones personales.




