La decisión del Gobierno de Javier Milei de endurecer las sanciones contra las empresas que operen en las Islas Malvinas sin autorización argentina volvió a poner en foco una inversión de Eduardo Elsztain en la Falkland Islands Company (FIC), una firma con peso económico en el archipiélago. El empresario, dueño de IRSA, posee cerca del 2% de esa compañía y afirmó que en 2017 intentó tomar su control. Sostuvo que su objetivo no fue consolidar negocios británicos, sino aumentar la presencia económica argentina como aporte al reclamo de soberanía.
La discusión se reactivó después de que La Nación volviera a mencionar esa participación. A partir de esa publicación, Elsztain salió a explicar que su inversión comenzó entre 2005 y 2006 y que, en 2017, incluso evaluó una oferta para quedarse con la mayoría accionaria. Según su versión, la estrategia se apoyaba en la idea de que un mayor vínculo económico podía fortalecer la posición argentina sobre las islas. También denunció que la difusión del caso derivó en la reaparición de “teorías conspirativas y antisemitas” en su contra.
La empresa y la estrategia
La Falkland Islands Company fue descripta por Elsztain como “una compañía de enorme relevancia estratégica y económica en las Islas Malvinas”. De acuerdo con lo que él mismo explicó en una carta pública, la firma desarrolla actividades inmobiliarias, agropecuarias, hoteleras y comerciales. El empresario vinculó su ingreso al capital de la compañía con una concepción según la cual la integración económica podía contribuir al reclamo argentino. En esa línea, citó como antecedente que Juan Domingo Perón habría intentado comprar la empresa “más de una vez” y que el empresario metalúrgico César Cao Saravia también lo intentó en 1977.
El intento de 2017
Elsztain sostuvo que la oportunidad más concreta se abrió en 2017, cuando los propios empleados de la FIC presentaron una oferta para adquirir la firma. Según su relato, eso le permitió presentar una propuesta superior para tomar el control mayoritario de la empresa más importante de las islas. El empresario afirmó que esperaba sumar a otros inversores argentinos a esa operación y que la iniciativa buscaba “transformar” la relación con Malvinas a partir del desarrollo económico y social. Sin embargo, la transacción no prosperó y, según dijo, fue bloqueada por las autoridades británicas.
Respuesta política
La controversia sumó una intervención del canciller Pablo Quirno, quien respondió en X a quienes calificaban a Elsztain de “traidor” con la frase: “Todo lo contrario a traidor...”. La reacción oficial se produjo en un contexto de mayor sensibilidad política por el anuncio del Gobierno sobre nuevas sanciones a compañías con actividad en Malvinas sin autorización argentina. En paralelo, la cercanía pública entre Elsztain y Javier Milei volvió a quedar expuesta, con antecedentes como su participación en el Foro Llao Llao de abril de 2023 y el uso del Hotel Libertador, propiedad de IRSA, como búnker electoral y residencia del entonces candidato y luego presidente.
Un debate que sigue abierto
En su carta, Elsztain defendió la inversión como una forma de intervenir desde adentro de una compañía estratégica y aseguró que, si pudiera, volvería a intentarlo. También dijo que la causa Malvinas atravesó su vida personal y que su idea era aportar desde su rol empresario. La discusión, sin embargo, quedó atada a una variable concreta: el alcance que tendrá el proyecto oficial para endurecer sanciones a firmas que operen en las islas sin autorización argentina. Ese marco regulatorio será el que defina si la polémica se limita a una controversia pública o si abre efectos más amplios sobre inversiones y vínculos comerciales con el archipiélago.




