La investigación por el crimen de Camila Agustina Vecchiarello, la joven de 26 años asesinada durante la madrugada del domingo en Barreal, sumó el testimonio de su padre, Emilio Vecchiarello. Su relato incorporó comunicaciones previas al homicidio y abrió dudas sobre mensajes enviados desde el celular de la víctima después de su muerte.
Vecchiarello contó que, una semana antes del asesinato, mientras trabajaba como taxista recibió un llamado de una persona que dijo pertenecer al Poder Judicial de Salta. Según explicó, la comunicación estaba vinculada con una supuesta denuncia por violencia de género presentada por Camila contra su pareja, Carlos Rivero. Como no tenía el número de su hija a mano, decidió contactar a Rivero para preguntarle si sabía algo sobre la situación.
De acuerdo con su versión, Rivero negó que existiera un conflicto entre ambos, aunque mostró interés en saber quién había llamado y pidió en varias oportunidades el contacto de esa persona. Vecchiarello le facilitó el número de un trabajador de apellido Ruiz. Más tarde, Rivero habría dicho que habló con ese interlocutor y que todo podía estar relacionado con una denuncia virtual que no sería auténtica.
Los mensajes previos
El padre de Camila también intentó hablar con su hija sobre lo ocurrido y le sugirió consultar a un abogado. Según recordó, recibió respuestas desde el teléfono de la joven que en ese momento interpretó como enviadas por ella. “No papi… No te hagas problema, no es cosa mía”, fue uno de los mensajes que citó. Ante su insistencia, dijo haber recibido otra respuesta: “No le des bola papi, no le des bola”.Después del crimen, Emilio comenzó a dudar de que esos textos hayan sido escritos por su hija. Esa sospecha se apoyó en otra secuencia que describió: una conversación mantenida con el celular de Camila durante las horas posteriores a la muerte. El sábado por la tarde recibió un mensaje que decía: “Hola pa, ¿cómo andás?”, y no respondió de inmediato porque estaba cocinando. Ya el domingo por la mañana, cerca de las 7:40, retomó el diálogo y preguntó por el estado de su madre; a las 7:59 recibió otra contestación: “Ah, qué bueno pa”.
Dudas sobre el teléfono
Ese dato tomó relevancia porque, según la reconstrucción del caso, Camila habría muerto alrededor de la 1:30 de la madrugada. “Era él, porque a la 01:30 mi hija estaba… estaba muerta. Me contestaba él el mensaje como si fuera ella”, sostuvo Emilio Vecchiarello al referirse a esa comunicación. A partir de esa secuencia, planteó interrogantes sobre quién tuvo acceso al teléfono de la joven y quién pudo haber utilizado sus cuentas o dispositivos.El testimonio también dejó dudas sobre la supuesta presentación judicial vinculada con violencia de género. Emilio cuestionó especialmente que la comunicación proviniera de Salta, teniendo en cuenta que su hija y su pareja residían en San Juan. Según explicó, conserva mensajes, registros de llamadas y capturas de pantalla de las comunicaciones mantenidas en esos días. Ese material quedó como respaldo para la investigación, que deberá establecer quién estuvo detrás de cada contacto y qué relación tuvieron esas comunicaciones con el crimen.




