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lunes 29 noviembre 2021
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Nuestra madre y el lenguaje del cuerpo

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En este “Día de las Madres” las redes sociales se inundan de frases que ensalzan la maternidad como si en sí misma ennobleciera a la mujer. Por Hugo Lescano *

Lo cierto es que hay madres sobreprotectoras, madres responsables que acompañan, y madres abandónicas; solo por nombrar algunas categorías posibles. También es cierto que la figura materna es tan fuerte que sin importar qué tipo de madre tengamos – o hayamos tenido-, nuestro marco de referencia girará muchas veces en torno a esa figura presente o ausente.

El abrazo inicial
Konrad Lorenz, Premio Nobel de Medicina en 1973, señaló que algunas especies como las aves (y posteriormente las investigaciones indicaron lo mismo para los mamíferos, inclusive los humanos), instintivamente se unen a la primera figura que ven al nacer. Realizó la experiencia con huevos de gansos que estaban a punto de eclosionar permaneciendo lo suficientemente cerca como para que los pichones lo vieran, apenas rompieran el cascarón. El resultado de aquella experiencia fue que los gansos siguieron a Lorenz durante el resto de sus vidas considerándolo del mismo modo que considerarían a “mamá gansa” si la hubiesen visto al nacer.
En el caso de la especie humana, la particularidad de este hecho conocido como “fenómeno de la impronta”, es que al nacer recibimos un abrazo que nos contiene y lo mismo ocurre en el momento en que nos alimentamos para sobrevivir, lo que nos permite reconocer a nuestra progenitora como el punto de referencia de allí en más.
Durante años la ciencia investigó el código del abrazo materno con mayor detenimiento y detectó que los niños en los orfanatos tenían una alta tasa de mortalidad y sobrevivían los que eran adoptados por familias sustitutas que los recibían con afecto expresado mediante contacto físico a través de los abrazos.
Fue así que la frase de Charles Darwin que señalaba que “los humanos somos tan vulnerables que, si no nos abrazan, nos aproximamos literalmente a la muerte”, cobró gran relevancia y el mundo científico abrió nuevos campos de investigación a partir de este descubrimiento. El abrazo de nuestra madre en esas primeras horas de vida, aunque no tengamos clara memoria de ese instante, es lo que permite que ese código de comunicación se torne imprescindible el resto de nuestras vidas para poder sobrevivir en un contexto de dificultad. Nuestra percepción háptica, esto es nuestra capacidad de conocer el mundo y percibirlo a través del tacto y el uso de nuestro propio cuerpo, es uno de los sentidos más desarrollados cuando somos bebés y esa es la razón por la cual el abrazo de nuestra madre completa casi la totalidad de nuestra necesidad de afecto.
¿Y si no tuvimos madre?
¿Y qué pasa si no tuvimos madre? En cualquiera de los escenarios posibles, seguramente alguien cumplió el mismo rol materno. Abuelas, hermanas, tías. En nuestro círculo hay al menos una figura que ha tomado ese lugar, ocupado en ocasiones incluso por un padre, tío o hermano mayor. Lo cierto es que quien haya ocupado ese lugar, como en el caso de los gansos de Konrad Lorenz, cumple la misma función que la madre que no tuvimos.

El mejor regalo
En estos días, la necesidad del consumo permanente nos empuja a buscar un regalo para mamá y sorprenderla con algo que en ocasiones debemos pagar en cuotas. Sin embargo, recordemos que un Smart TV, un perfume, un par de zapatos o cualquier otro obsequio que podamos adquirir en cualquier centro comercial, no se compara siquiera al bienestar que podemos generar en nuestra madre con un abrazo o una palabra de afecto.
Si tenemos la dicha de tenerla cerca y de haber cultivado un vínculo afectivo sano y constructivo, expresemos nuestro afecto con ese abrazo que fue la primera forma con la que nos vinculamos con ella y digámosle Feliz Día no solo con palabras sino con acciones. Recordemos que nuestra madre comprende y valora los detalles de nuestro lenguaje corporal sin que tengamos que explicarlo ya que como pocas personas de nuestro entorno nos conoce de cerca y sabe que con un abrazo decimos más que con las palabras, porque como siempre decimos en nuestro laboratorio, nuestro cuerpo no sabe mentir.
Hugo Lescano es Director del Laboratorio de Investigación en Comunicación No Verbal
y Consultor externo de la OEA (Washington DC) en Comunicación no Verbal y Negociación
Instagram: @hlescano
www.HugoLescano.com

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