Se retiró en el 2008 del Ejercito COMO Sub Oficial Mayor. Fueron 37 años de carrera que comenzaron con un viaje de amigos y una vida dedicada a servir, enseñar y formar.

 

Su madre lloró con la decisión. Su padre no la aceptó. Pero ambos estuvieron en la estación de tren para despedirlo.

Sabían que Humberto con apenas 17 años partía a un rumbo que parecía desconocido y hasta ciertamente incierto para él.

El menor de los varones de la familia Gómez, se iba a Buenos Aires con cinco amigos a probar suerte con los exámenes en la Escuela Militar Sargento Cabral en Campo de Mayo.
Eran 6 amigos, que al salir en busca de su destino no imaginaron el final. El Beto, el Morochito que deslumbraba en Punteto con sus goles, se entusiasmó con la posibilidad de ser soldado, de hacer una carrera militar.

“No me preparé demasiado, era lo que sabía en la escuela, en la Normal San Martín. La verdad no tenía muchas expectativas, de hecho tres de mis amigos estaba muy preparados. De los seis que fuimos el único que aprobó el examen fui yo. En ese momento me dije ¿Que hago? Tomé la mejor decisión de mi vida, ser soldado argentino no lo cambió por nada” empieza contando el Beto Gómez sentando en el sillón de su casa con la tranquilidad que a él lo caracteriza.

Hoy 3 de junio se celebra en Argentina el día del soldado argentino en conmemoración del nacimiento de Manuel Belgrano.

Historias de soldados hay muchas y esa profesión no es para cualquiera, requiere algo mas que condiciones a veces viene con un ADN incluido en la sangre.

“Mis padres no aceptaban que eligiera esa carrera. Casi que no lo entendían. Sufrieron los tres años que estuve fuera de casa. Desde 1973 que inicié la carrera hasta que pude volver recibido y con título a San Juan pasaron 3 años. Aunque estuve poco en la provincia porque al año siguiente me trasladaron a Junín de Los Andes en el Regimiento 26 de Infantería. Allí comencé a extrañar mi provincia porque estuve 10 años afuera y ya había una familia detrás”

El Suboficial Mayor Humberto Gómez llegó a ese escalafón realizando una carrera impecable con un curriculum sin manchas. En el 2008 se retiró del ejercito y desde entonces goza de un descanso que a veces es bueno pero que en muchos otros extraña la acción.

“Soy lo que soy gracias a que fui soldado argentino. Servir a la patria es un orgullo y que a mi en lo personal, me ha permitido no solo formarme como persona sino que también me ha permitido afianzar la disciplina, el respeto y el amor por la familia”, en ese momento sos ojos negros se ponen vidriosos y se llama a silencio por unos segundos. Su mirada se va hacia donde está su esposa Estela, quien lo mirá y sonríe con mucha complicidad.

“Viste que me emociono. Hablar de mi carrera militar y mi familia me movilizan. Antes de irme a Buenos Aires para entrar en la Escuela Militar yo ya venía hablando con ella. No éramos novios pero andábamos en ese camino. Valoro mucho lo que hizo y esperó. No creo haber podido completar mi misión si no la hubiera tenido al lado mío. La vida de un soldado no es fácil. Te manda de un lado para otro, instalarse en un lugar y cuando estás acomodándote, tenés que ir a otro lugar. Ella siempre estuvo y sigue estando” comenta Humberto, ya sin brillo en los ojos y con una sonrisa en su rostro.

Las anécdotas fluyen de a poco y es que la carrera es larga y es difícil poder elegir una.
De soldado raso fue sumando grados por méritos propios, por condiciones y porque el pibe que vivía cerca de la Esquina Colorada ya había crecido y estaba hecho un hombre.
“Ser soldado en tiempo de régimen militar no era del todo agradable. Éramos mal vistos”, se silencia de nuevo porque ingresa uno de los 8 nietos en la casa y como siempre lo va a buscar para el abrazo.

Ninguno de sus dos hijos, Horacio y Pablo, siguió sus pasos. Tampoco sus hijas Cristina y Silvina. “Creo que la decisión de este tipo es personal. Ninguno se inclinó y tampoco yo hice demasiado para que ellos siguieran mi camino. Para ser soldado hay que sentirlo, vivirlo es como una pasión. Yo tengo dos pasiones el haber sido soldado y el fútbol”, cuenta el Beto, como se lo conoce en el ambiente del fútbol local.

Su esposa llega con una caja bien forrada, muy bien cuidada casi como si fuera un tesoro. De allí van saliendo en blanco y negro imágenes que lo llevan a la emoción. Se mezclan las lágrimas y las sonrisas. Pero al final y con la foto de su retiro en la mano dice una frase que retumba “Si tuviera que elegir de nuevo mi profesión, por supuesto que elegiría ser soldado argentino”

 

LA CIFRA

37 

Años de carrera militar son los que construyó Humberto Gómez, comenzando como soldado raso y retirándose como Suboficial Mayor del Ejercito Argentino

 

. Dio cátedra

Además de realizar su carrera militar Humberto Gómez también fue docente en el Colegio Militar El Palomar durante 10 años. Formó a una cantera importante de soldados de la Argentina

 

 

Dos anécdotas para recordar

1- “Cuando nació mi hija Cristina estaba de guardia. Me fui con mi esposa con contracciones. Cuando salí pase derecho al Hospital y el Dr. me dijo te presentó a tu hija, todavía me lo reclaman”

2- “Cuando cumplía guardia y jugaba al fútbol le pedía al encargado que no me designara para el día del partido. El viernes por la noche veía el parte y justo me tocaba cuando jugaba. Así que le avisaba al técnico que no podía. Llegaba a cumplir la guardia y estaba el reemplazo. Salía rápido para la cancha a jugar”