El Gardel de Oro reposa entre las piernas de Marilina Bertoldi. Con solo 30 años, la cantante y guitarrista, ha logrado romper con varios moldes dentro de la industria de la música: el mayor premio se lo llevó una lesbiana, que además critica el rock “acabado” de los hombres y reniega de ser popular.

Han pasado 10 minutos desde que Iván de Pineda, el conductor de los Premios Gardel, anunció que la creadora de Prender un Fuego, el disco que también le permitió ganar el rubro Mejor Álbum Artista Femenina de Rock, ganó el Gardel de Oro.

Y superó en la preferencia de los asociados de la Cámara Argentina de Productores de Fonogramas y Videogramas (CAPIF) a Andrés Calamaro, Babasónicos, Los Decadentes y Escalandrum Era la única mujer entre los nominados a Mejor Disco del Año, rubro que obtiene el Oro, y fue la segunda –después de Mercedes Sosa, en 1999- en llevárselo.

“Me lo merecía“, dice Marilina, en una ronda de prensa, relajada y locuaz, con sus piernas cruzadas como indio en un viejo sillón del auditorio Bustelo de Mendoza. Respira profundo, hace una pausa y cuenta: “Lo más importante, porque era lo más difícil, es que premiaron a un artista nuevo. El under es algo que está sucediendo, y está invitando a ver artistas nuevos todo el tiempo”.

En el análisis de qué decir frente al premio que acaba de ganar, surge una y otra vez, la dificultad que tienen las mujeres para ocupar espacios en el mundo del rock. “Hay una realidad y una dificultad para llegar”, sostiene quien es partidaria de una ley de cupos en festivales y shows para mujeres. “Si nosotros no nos preguntamos por qué hay tan pocas mujeres y solo lo basamos en el talento, no entendemos lo que pasa”, remarca.

-¿Por qué decís que te merecías este premio?

-Si bien hubo corrección política en dárselo a una mujer, creo que me lo merezco completamente. En el año se dieron muchos grandes discos con los que si hubiese competido, estaba bien. Pero con quienes me tocó disputarlo, creo que lo merecía. Porque un gran disco del año tiene que haber generado algún impacto en un grupo de personas, idealmente que sean jóvenes, porque estamos apostando a generar más cosas o que hable de alguna temática de la que nadie lo haga. Y este es el caso.

Trae algo nuevo, y lo nuevo en este caso viene de la mano del rock, es el punto en el que se empieza dar la mano con un discurso más interesante. No es para faltarles el respeto a los artistas que estaban nominados conmigo… Bueno sí a Andrés Calamaro. -¿A Calamaro sí le faltas el respeto por sus dichos en contra de la lucha de mujeres (calificó de “prostitutas” a las mujeres que piden se incluya en el país a más artistas femeninas en los festivales de música)?

-Lo de Andrés, es porque tenés el privilegio de disponer un montón de medios para decir cualquier cosa que quieras, y elegís decir eso. La verdad es que no me deja con muchas opciones. Prefiero no rendirle mucho respeto a una persona así. Tiene el poder de decir otras cosas o llamarse al silencio. Y por otras cosas que hizo, que hablan de abuso de poder, que es justo a lo que el rock se opone. ”El Gardel se lo voy a dar a mi abuela Potota”

“Para mí, cuando era chica estos premios eran algo imposible. Con los años me fui alejando porque no representaban nada de lo que yo y mis amigos consumíamos”, dijo Marilina al recibir su estatuilla. Luego, admitió, sintió más afinidad, y que se daba un primer paso al federalizarlo (en 21 ediciones, fue la primera vez que no se entregó en Buenos Aires) y al abrir la posibilidad de que lo ganara una artista emergente.