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viernes 30 julio 2021
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Los 70 años de Tití Fernández

 

Lo convocó Víctor Hugo Morales y saltó a la fama en Fútbol de Primera. Cubrió cientos de partidos desde el campo de juego. Cómo manejó su amistad con los futbolistas. La vez que entrenó a Pumpido y Goycochea en Tokio.


El periodismo deportivo y quienes siguen al fútbol en particular tiene muchos personajes entrañables y uno de ellos es Miguel Fernández, más conocido como “Tití”, quien hoy cumple 70 años y lleva casi 46 en la profesión. Comenzó a mediados de los 70 acompañando a su amigo Roberto Leto y pronto se ganó su lugar. Es un fiel exponente del olfato periodístico y eso le valió ser convocado por Víctor Hugo Morales. Fue uno de los referentes de Fútbol de Primera cubriendo el campo de juego. Con cientos de partidos en la espalda y amigo desde joven de Diego Armando Maradona, tiene muchas historias para contar y las comparte en charla con Infobae.

Luego de terminar su programa diario que conduce con Alejandro Fabbri, “Abrimos a las 12” (de 12 a 14 en Radio del Plata), Tití sonríe al recordar sus anécdotas y también explicó cómo sobrellevan con su mujer la pérdida de su hija María Soledad, quien murió en un accidente en 2014, durante el Mundial de Brasil.
Ya en el inicio del diálogo no tiene problemas en admitir que su apodo se debe a que “de chico vivía cerca del Zoológico de Palermo y decían que yo me colgaba a ver a los monos Tití. En esa época se ponía apodo a cualquiera y como mi nombre es Miguel no le encontraron otra que ponerme ese”.

-¿Cómo y cuándo te iniciaste en el periodismo?

-Me gustó siempre el fútbol. Jugaba de 11 en las inferiores de San Telmo y andaba bastante bien porque era flaco, chiquito y muy rápido. Pero a medida que fui avanzando en las juveniles, pasé de entrenar una vez por semana a dos y eso me complicó en el trabajo porque no me daban autorización y me tenía que ir hasta la Isla Maciel. Como era hijo de padres separados y vivía con mi vieja tuve que laburar. Trabajaba repartiendo diarios y también en una editorial. Entonces quise seguir ligado al fútbol y lo acompañé a mi amigo Roberto Leto, que estudiaba periodismo en un lugar de la avenida Corrientes. Él empezó a cubrir los partidos del Ascenso para una revista. Un día caímos y un tipo de ahí me dijo “sobra una credencial, ¿querés escribir vos?” Le dije que sí y ahí arranqué. El 1° de agosto cumplo 46 años de periodismo.
-¿Ser cronista de campo es estar en el frente de batalla?

-Aprendés a la fuerza, aunque en esa época era así. En 1981 vino Víctor Hugo Morales a la Argentina y se formó el gran equipo de Sport 80. Él, Néstor Ibarra, Adrián Paenza, Marcelo Araujo, entre otros. Entré como el último de ese grupo, pero siempre estaba supeditado al presupuesto. Cuando Diego Maradona debutó en Boca con el 4 a 1 a Talleres de Córdoba, con un compañero hicimos una producción de previa de cinco horas, pero me había quedado afuera un día antes del partido por falta de presupuesto. Pero estuvieron tan metidos con el tema de Diego y Boca que no mandaron a nadie a la concentración de Talleres en el Hotel Conquistador y fui para allá. Cuando llegué los llamé y les dije que estaba ahí. Hice unas tres notas y ahí Víctor Hugo me mandó a llamar para que me fuera para la cancha de Boca.

-¿Qué recordás de ese partido?

-Hay una linda anécdota: no existían los equipos inalámbricos y el “Gordo” Secchi, que hacía vestuarios, me pidió que le lleve el cable hasta el campo. A Diego (Maradona) lo conocía de Argentinos y le pedí que se acercara porque el cable no llegaba y me dijo “boludo, haceme la nota con el grabador”. Luego hicimos otra en el vestuario. Diego era un fenómeno y los periodistas le debemos mucho.

-Aparte de Diego, ¿te hiciste amigo de otros jugadores?

-Era una época donde los cronistas éramos amigos de todos los futbolistas. Por ejemplo, en la previa de un River y Boca, íbamos dos o tres medios a los entrenamientos: nosotros, El Gráfico, Radio Rivadavia y Radio Argentina. Tenía acceso a las concentraciones de River y almorcé con los jugadores. Con el plantel de River de 1986 compartí los mismos hoteles. Estuve con ellos en Japón (Copa Intercontinental) y practicaron en una cancha que estaba en un complejo de edificios en Tokio. Como iba un solo preparador físico y un utilero, a Nery Pumpido y Sergio Goycochea los entrené yo. Ahora no existe más el diálogo entre los jugadores y los periodistas.

-¿Cómo manejaste esa relación a la hora de la crítica?
-Una sola vez un futbolista se molestó: Roque Alfaro. En 1987, en la Copa Interamericana, el partido lo relató Quique Wolff y yo hice de comentarista. En un momento dije “Roque, no estás jugando bien, entregásela a Gorosito”. Después del partido se acercó y me dijo “a partir de ahora por unos comentarios que me llegaron nuestra relación va a ser solo de periodista y jugador”. Me calenté y le dije “no tengamos más relación”. Al mes viene y me dice “Tití, ¿podrías perdonarme por un comentario que me llegó?”. Le dije que estaba todo bien. Siempre les aclaré a los protagonistas “no quiero que me agradezcas un elogio, como tampoco quiero que me critiques por una opinión”.

-¿Te hubiera gustado ser más tiempo comentarista?
-Después del Mundial del 90 le dije a Víctor Hugo que quería comentar. Me dijo que sí, pero que era el cuarto en la lista. Acepté, pero pasé de trabajar con River a comentar Platense, con todo el respeto que me merece el club. Pedí volver al campo de juego y luego llegó la TV.

-¿Qué significó Fútbol de Primera?
-Uno de los puntos más altos de mi carrera. En esa época estaban en el campo de juego en los partidos principales Walter Nelson y Mariano Closs. Pero ellos querían ser relatores y mal no les fue. Me tocó un lugar que estaba vacío y agarré en un momento bárbaro. Con ellos hemos viajado por todo el mundo.

-¿Lo de Araujo con vos era verdad o un show?
-No, todo armado. Actuábamos. A ver: había partidos en lo que no pasaba nada y para ponerle condimento él inventó que yo era alcahuete de Macaya Márquez y lo del “shut up” (cállate en inglés). La gente se lo compró y un día en un torneo de golf viene el Chino Fernández y me dice “usted lo tiene que parar a Araujo, le falta el respeto” (risas). Le expliqué que todo era un show. Pero con Marcelo Araujo éramos amigos y nuestras familias estaban muy unidas. Él cambió el relato televisivo, hasta que él empezó en Fútbol de Primera todo el mundo bajaba el volumen de la tele y ponía la radio para ver un partido. Pero el “¿Eso fue penal o yo estoy ‘crazy’, Macaya?” y otros dichos le dieron un condimento especial.

-¿Cómo llegaste al campo de juego del Napoli el día de la consagración de 1989/1990?
-Todo gracias a Diego. Él fue el productor número uno de muchos de nosotros y aquella vez no fue la excepción. Luego de ese partido donde podía ser campeón la Selección iniciaba una gira por Austria y Suiza previa al Mundial de Italia. Le dije a Víctor Hugo “no podemos perdernos esto: ¡Va a salir campeón otra vez! Luego seguimos con la Selección”. “Tenés razón, nos olvidamos”, me dijo. Lo llamé a Diego, atendió alguien que estaba con él y luego me devolvió el llamado. Diego se ocupó de conseguir credenciales, nos prestó su habitación en el hotel Paradiso donde él mandaba a alguno que lo iba a visitar. Y hasta me consiguió el chaleco de fotógrafo y una cámara trucha que no funcionaba, pero era para que me dejaran entrar en el campo de juego. Para poder salir al aire usamos handies que tenían 200 metros de alcance e hicimos las notas en directo. Antes del partido me dio una nota, en el entretiempo también y al terminar el partido lo mismo. Es más, en el final, yo estaba en el lateral y le grito “Diego, no te vayas lejos porque no puedo correr”. Me miró, se rio y se vino hacia donde estaba, aguantó la pelota hasta que el árbitro pitó el final y fui el primero en agarrarlo. Los mejores logros periodísticos de mi vida fueron gracias a Diego.

-¿Y su vuelta a Boca en 1995?
-Lo mismo, todo gracias a él. Fuimos al Hindú club a hacer imágenes para Fútbol de Primera. Diego se prestaba para el circo: se levantaba de la cama, se afeitaba, hacía de cuenta de que lo molestábamos. Actuaba, un fenómeno.

Yo sabía que el sábado después del partido contra Colón iba a celebrarlo en un boliche. Agarro y le digo:

TF: “Diego, te quiero pedir un favor personal: ¿me dejás tirar una cámara el sábado a la noche?”

DM: “¿Cuánto tiempo necesitás?”

TF: “Diez minutos”

DM: “Bueno, dale, prepará el móvil y te hago entrar”.
El canal montó un móvil y me sacaron de La Bombonera en una moto para poder llegar a tiempo. No solo fueron diez minutos, sino que hicimos todo el programa desde ese lugar y fue donde tiró la célebre frase de “Segurola y Habana”. Fueron dos horas con la fiesta de Diego y él se hizo todo el programa.

-¿Qué pensás de su muerte?
-Lo tomé muy mal. Yo estaba lavando el auto. Ya lo había visto muy mal cuando lo llevaron a la cancha de Gimnasia el día de su cumpleaños. Al pedo lo llevaron ese día… En algún momento va a haber justicia con lo que pasó con Diego. No podía estar en una casa sin el control médico necesario o sin un desfibrilador o ningún medicamento para una enfermedad coronaria. Yo sé que era alguien difícil de controlar, pero no lo tendrían que haber dejado salir del hospital.

-¿Tuviste contactos con él en sus últimos tiempos?

-En sus últimos días, no. Pero recuerdo que cuando me entregaron un reconocimiento de la Legislatura Porteña, busqué saludos de los personajes del fútbol. Quise un saludo de Diego que estaba en Dubai, y me dieron el teléfono de la hermana de Morla, y ella era la que le manejaba su celular y le cambiaba los números de teléfono.

Tití es alguien muy querido en el ambiente. Tanto que cuando sufrió la pérdida de su hija el 2 de julio de 2014 en un accidente en la ruta de San Pablo a Belo Horizonte durante la Copa de Brasil, el mundo del fútbol lo abrazó. Algo difícil de sobrellevar y más porque María Soledad viajó para estar en el cumpleaños de su padre. “Siempre mi cumpleaños cayó para un Mundial o Copa América. Entonces Sole me sorprendió el 16 de junio en Belo Horizonte. Ése fue el último beso de cumpleaños”, recuerda.

“Con mi mujer lo sobrellevamos día a día. Todos los días 2, de cualquier mes, son muy difíciles. Nadie se puede imaginar lo que es perder un hijo. Nadie se puede imaginar que ella iba a llegar a San Pablo y que no llegue y venga un tipo y me diga ‘tu hija tuvo un accidente y se murió’. La que más lo sufre es Nora porque ella era muy amiga de Sole. Al principio Nora iba día por medio al cementerio”.

“Todas las noches pasaba la película del 2 de julio. Fue una lástima porque ella era diseñadora de indumentaria, estudiaba y tenía su pequeña empresa. Era una joven con inquietudes solidarias. Era un tractor y nada se le podía poner adelante”, destaca.

“Cuando fuimos con mi mujer al lugar del accidente llegamos y vimos un guardarrail nuevito. Si hubiese estado el día de su accidente, Sole estaría con nosotros. Fuimos a ver al Juez de la causa y nos puso un retrato de su hijo mayor que también murió en un accidente. ‘Yo también quiero justicia’, nos dijo. Me mostró la Constitución y aclaró: “Nosotros nos manejamos por esto y no por sentimientos”. Al culpable le dieron dos años y tres meses, pero salió antes. Él hizo abandono de persona en lugar de ayudarla a Sole. Y lo agarraron porque perdió el paragolpe y ahí estaba la pate

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