En un contexto económico en el que cada vez más personas recurren al crédito para afrontar gastos cotidianos, la contadora Antonella Pantano Oro planteó que la educación financiera volvió a ocupar un lugar central. La especialista participó del programa Conversatorio, de Radio Mil20, donde analizó hábitos que pueden contribuir al endeudamiento y describió herramientas para ordenar las finanzas personales. Según su exposición, el problema no pasa solo por generar ingresos, sino por saber administrarlos una vez que llegan al bolsillo.
“Durante mucho tiempo hemos aprendido a trabajar para generar ingresos, pero no necesariamente qué hacer con el dinero una vez que lo tenemos”, explicó Pantano Oro. En ese marco, sostuvo que la educación financiera debería incorporarse desde los primeros años de formación. Entre los contenidos que consideró básicos mencionó la elaboración de un presupuesto, el funcionamiento de una tarjeta de crédito, el costo real de una financiación y los hábitos de ahorro.
Registrar cada gasto
Para quienes ya tienen deudas o buscan mejorar la administración de sus ingresos, la contadora señaló una herramienta simple: registrar cada gasto. No hace falta usar programas complejos ni ser especialista en Excel, indicó, porque anotar los consumos diarios permite ver con mayor claridad hacia dónde se dirige el dinero. En ese registro aparecen los llamados “gastos hormiga”, consumos pequeños y frecuentes que suelen quedar fuera del presupuesto mensual.
Según explicó, cuando una persona empieza a registrar todos sus consumos puede advertir que esos gastos representan una porción considerable de sus ingresos, incluso entre el 30% y el 40% en determinados casos. También recomendó diferenciar entre gastos fijos y variables. Mientras el alquiler, los servicios y otros compromisos tienen menor margen de modificación, los gastos variables permiten tomar decisiones y hacer ajustes que pueden mejorar la economía familiar.
Tarjetas y costo financiero
Uno de los puntos en los que puso especial énfasis fue el uso de las tarjetas de crédito. Advirtió que pagar solo el monto mínimo no es una estrategia conveniente, porque el saldo restante se refinancia y puede generar un costo financiero elevado. Por eso recomendó mirar más allá de la tasa de interés y prestar atención al Costo Financiero Total (CFT), el indicador que reúne intereses, impuestos y otros cargos incluidos en un resumen o en una financiación.
En esa línea, aconsejó que antes de aceptar una financiación los consumidores consulten cuál es el costo financiero total y no se queden únicamente con la publicidad de una supuesta “tasa cero”. El planteo cobra relevancia en un escenario de mayor uso de créditos, préstamos y compras digitales, donde la facilidad de acceso puede acelerar decisiones de consumo sin una evaluación completa del compromiso asumido.
Compras impulsivas y círculo de deuda
Frente a las compras impulsivas, Pantano Oro propuso una regla concreta: esperar 24 horas antes de comprar un producto que no sea indispensable. Si después de ese tiempo la necesidad continúa y la adquisición había sido previamente evaluada, la compra puede realizarse con mayor claridad. La especialista planteó que esa pausa ayuda a distinguir entre una necesidad real y un impulso momentáneo, especialmente cuando una persona entra a una aplicación para aprovechar una promoción y termina comprando algo que no tenía previsto adquirir.
También se refirió al llamado círculo de endeudamiento, que aparece cuando una persona toma un crédito para cancelar otro y luego recurre a un nuevo préstamo para cubrir obligaciones anteriores. Ante ese escenario, recomendó detener el proceso, analizar el origen de la deuda y comunicarse con la entidad financiera correspondiente para buscar alternativas de refinanciación o acuerdos de pago acordes con los ingresos disponibles. El objetivo, sostuvo, es evitar que se acumulen nuevas obligaciones cada mes y se profundice el problema.
Finanzas y emociones
Durante la entrevista, Pantano Oro contó además que junto con una psicóloga desarrolló el curso “Cuando las emociones salen caras”, centrado en la relación entre las finanzas personales y la salud emocional. La propuesta parte de la idea de que las decisiones económicas no siempre responden solo a criterios racionales, sino también al estrés, la ansiedad, la culpa, las compras impulsivas y las creencias aprendidas dentro de la familia. El curso incluye cinco módulos con contenidos grabados y herramientas prácticas sobre presupuestos, registro de ingresos y gastos, fondo de emergencia y organización de las finanzas en pareja.
La especialista sostuvo que mejorar la relación con el dinero no implica únicamente gastar menos, sino comprender por qué se toman determinadas decisiones y aprender a planificarlas. En ese marco, señaló como variables a seguir el registro de consumos, el control de gastos variables, la revisión del costo real del crédito y la evitación de decisiones impulsivas, como pasos concretos para ordenar las finanzas personales.




