Las adicciones no solamente afectan a quien consume. Cuando las sustancias ingresan en una relación de pareja, pueden modificar las dinámicas del vínculo, potenciar conductas de riesgo y generar situaciones que terminan alejándose por completo de una relación saludable.
A partir de los recientes episodios que tuvieron como protagonista al exdiputado Facundo Moyano y de otros casos que conmocionaron al país, entre ellos el protagonizado en 2025 por el cirujano sanjuanino Fabián Peláez y su pareja, el psicólogo Raúl Ontiveros, director de Centro Faro, Centro de Salud Mental y Adicciones, realizó un análisis sobre el impacto del consumo problemático en los vínculos afectivos.
En diálogo con TELESOL DIARIO, Ontiveros planteó desde el comienzo una mirada contundente sobre el vínculo entre amor y consumo. “Si hay amor no hay drogas”, sostuvo, al considerar que compartir o facilitar sustancias dentro de una pareja contradice el cuidado del otro.
El especialista explicó que cuando dos personas mantienen un vínculo y comparten situaciones de consumo, existe el riesgo de que esa dinámica se profundice y termine modificando la relación.
“Cuando se está mezclando drogas con actividad sexual hay una intensidad por un lado en las relaciones, pero por otro lado tarde o temprano termina habiendo algún tipo de explosión”, señaló.
En ese contexto, Ontiveros hizo referencia al fenómeno conocido como chemsex, término utilizado para describir encuentros sexuales en los que se consumen sustancias psicoactivas con el objetivo de prolongar o intensificar la experiencia sexual.
Según explicó, este tipo de prácticas puede involucrar a parejas o grupos y generar situaciones de alto riesgo. Entre las consecuencias que mencionó aparecen episodios paranoides, cuadros psicóticos agudos y complicaciones físicas asociadas al consumo prolongado.

El profesional advirtió además que permanecer durante períodos extensos bajo los efectos de diferentes sustancias puede alterar seriamente la percepción de la realidad.
“Algo va a pasar”, resumió al referirse a situaciones en las que las personas pueden permanecer durante 2 o 3 días consumiendo drogas y atravesando jornadas de descontrol sexual.
Cuando los celos dejan de ser celos
El psicólogo diferenció los celos habituales de la celotipia, un cuadro en el que la persona desarrolla una convicción patológica de que su pareja mantiene relaciones con terceros, incluso cuando no existen elementos reales que lo demuestren.
“Celotipia no son los celos”, aclaró. Según explicó, se trata de una alteración que puede llevar a interpretar situaciones cotidianas como supuestas pruebas de infidelidad.
El problema, según el especialista, es que esa percepción puede desencadenar conductas cada vez más invasivas y violentas.
Revisar teléfonos, seguir a la pareja, controlar sus movimientos, realizar acusaciones constantes o incluso ejercer violencia física son algunas de las conductas que pueden aparecer cuando estos cuadros avanzan.
Ontiveros explicó que este tipo de situaciones puede estar relacionado con las alteraciones que determinadas sustancias producen en los neurotransmisores del cerebro.
El caso del cirujano sanjuanino

Durante el allanamiento realizado en el departamento donde convivía la pareja, los investigadores encontraron cocaína, marihuana, tusi y psicofármacos.
En su declaración, Peláez sostuvo que el consumo de drogas había sido voluntario por parte de ambos y negó la versión de su pareja. La investigación judicial continuó posteriormente y el caso tuvo nuevos capítulos, incluido el regreso de ambos a la convivencia en 2026.
La propia mujer, durante una de sus declaraciones, habló de un episodio de paranoia y reconoció haber consumido drogas.
Para Ontiveros, este tipo de episodios permite observar cómo el consumo puede generar una combinación especialmente compleja cuando se cruza con sexualidad, vínculos afectivos y alteraciones de la percepción.
La advertencia detrás del caso Moyano

Más allá de las circunstancias particulares de cada investigación y de las responsabilidades que deberán determinarse judicialmente, Ontiveros plantea que no se debe interpretar cada caso como una consecuencia automática del consumo.
Su análisis apunta a identificar los mecanismos que pueden aparecer cuando las drogas forman parte habitual de una relación y cómo esas conductas pueden escalar hasta situaciones de control, violencia o pérdida de contacto con la realidad.
“Hoy los síntomas aparecen mucho más rápido”

Ontiveros aseguró que lleva 34 años trabajando en el abordaje de las adicciones y señaló que actualmente percibe un nivel de consumo de cocaína que considera especialmente elevado.
También marcó una diferencia respecto de décadas anteriores. Según explicó, durante los años 90 el inicio del consumo problemático podía desarrollarse de manera más gradual, mientras que actualmente algunas personas pasan rápidamente de una sustancia a otra o directamente comienzan con drogas de mayor impacto.
Mencionó entre ellas la cocaína y diferentes sustancias de diseño, como MDMA, hongos, tusi y otras drogas sintéticas.
El profesional sostuvo que muchas veces el problema no es que el entorno no advierta el consumo, sino que las señales son minimizadas. “Fue solamente el fin de semana” o “la marihuana no hace daño” son, según describió, algunas de las justificaciones que pueden retrasar la búsqueda de ayuda.
El riesgo, advirtió, es que la intervención llegue recién cuando aparece una situación mucho más grave, como una intoxicación severa, una sobredosis o una crisis psicológica.
Cuando los dos integrantes de la pareja consumen
Otra de las situaciones que abordó Ontiveros fue el tratamiento de parejas en las que ambos integrantes tienen un consumo problemático.
Explicó que en Centro Faro reciben casos de este tipo, aunque reconoció que el tratamiento presenta dificultades particulares.
Uno de los principales obstáculos aparece cuando uno de los integrantes recae, porque esa situación puede favorecer la recaída del otro.
En cambio, cuando una persona atraviesa un tratamiento y su pareja no consume, el acompañamiento puede convertirse en un factor positivo. El integrante que no tiene consumo puede ayudar a establecer límites, acompañar durante una crisis y colaborar para que la persona atraviese el momento sin volver a consumir.
“Muy difícilmente vos podés regular a otra persona cuando no sé cómo te estás logrando regular a vos mismo”, explicó el psicólogo.
Por eso, señaló que las parejas con consumo compartido presentan un pronóstico terapéutico más complejo, aunque remarcó que no significa que la recuperación sea imposible.
“Tenemos parejas en tratamiento”, afirmó.
El planteo de Ontiveros pone el foco en una cuestión que atraviesa los casos que llegan a las noticias pero también las consultas cotidianas que reciben los centros especializados: cuando las sustancias pasan a ocupar un lugar central dentro de una relación, el problema deja de ser exclusivamente individual y puede convertirse en una dinámica compartida.
Ante la aparición de consumos problemáticos, episodios de violencia, pérdida de control, celos extremos o alteraciones de la percepción, el especialista remarcó la importancia de buscar asistencia profesional y no esperar a que la situación llegue a una instancia límite.
Desde Centro Faro, las consultas pueden realizarse a través de sus redes sociales o mediante WhatsApp (2644594183), según explicó Ontiveros.



