La historia de Marta, de 56 años y oriunda de Tudcum, está marcada por una secuencia de trabajo familiar, ventas vinculadas a la mina Veladero y sucesivas reconversiones de su actividad.
Según su propio relato, en 2006 comenzó a producir semitas para sumar ingresos al hogar que compartía con su esposo Manuel, albañil, y sus hijos.
El objetivo inicial fue sostener la economía familiar y reunir recursos para construir la vivienda propia. Ese proceso culminó en 2010, cuando inauguraron su casa en el centro de Tudcum.
De acuerdo con el testimonio de la mujer, durante las tardes preparaba unas 200 semitas y a las 2 de la madrugada encendía el horno de barro para cocinar.
A las 4 salía a pie con bolsos y mochilas para recorrer unos 3,5 kilómetros hasta el ingreso a la mina Veladero, por la Ruta 418. A las 4.45 ya estaba instalada con termos de café, leche de vaca y la producción del día.

A las 9 regresaba con todo vendido, según describió, y con ese dinero compraba insumos para volver a producir y materiales de construcción para la casa familiar.
Reconversiones del emprendimiento
Más adelante, Marta presentó un proyecto para instalar un puesto de comidas en el camino hacia Veladero, donde llegó a vender alrededor de 100 sándwiches por día, entre milanesa, fiambre, pollo y hamburguesas.
La propia mujer explicó que, con el paso del tiempo, el movimiento cambió porque las condiciones de traslado hacia el campamento se hicieron más previsibles y las ventas dejaron de ser las mismas.
En ese contexto, el puesto fue abandonado. Luego, a partir de una propuesta de camioneros que compraban sus productos, adaptó un galpón de la vivienda para ofrecer habitaciones y generar otro ingreso.
La licitación y la pérdida del contrato
La etapa más relevante de su recorrido económico llegó cuando, según contó, se presentó a la licitación para las viandas de la mina Veladero y ganó.
Ese trabajo se extendió durante siete años y le permitió ampliar su salón, cumplir exigencias de Salud Pública y Bromatología, y consolidar el emprendimiento familiar.

Hace un año, sin embargo, perdió la última licitación. La mujer relató que, tras recibir la noticia, se encerró a llorar, habló con su familia y volvió al galpón, donde encontró harina, grasa y manteca para seguir con la panadería.
Desde entonces, continúa vendiendo en Tudcum y, según su propio testimonio, piensa en una próxima licitación. También contó que recibió un mensaje desde Brasil en el que le agradecían por un pan que había llegado hasta allí.
En el plano comunitario, mencionó que este domingo, en la festividad de San Roque en Tudcum, tuvo pedidos de seis latones de bizcochuelo: tres donados por ella y tres con materiales aportados por quienes los encargaron.
Su actividad actual combina venta local, producción para eventos y el sostenimiento de un circuito laboral que depende de su propia capacidad de adaptación.
Presente y horizonte
Hoy Marta sigue trabajando junto a sus nietos Marcos, Lucas y Camila, su hijo menor Javier, de 16 años, y Manuel Espejo, su compañero de vida.
En Tudcum es identificada por sus panes, comidas, hospedajes y por las viandas que durante años llegaron hasta Veladero.
El dato más concreto sobre su situación actual es que continúa activa en la producción y venta de alimentos mientras espera una nueva definición en torno a futuras licitaciones ligadas al mismo corredor minero. Ese es el próximo paso que, según su propio relato, puede volver a reordenar su emprendimiento.




