Un video difundido por Mateo Kalejman en sus redes sociales reabrió una discusión recurrente en la vida urbana de San Juan: hasta dónde llega el derecho de un automovilista a rechazar un servicio y cuáles son los límites de la insistencia de quienes trabajan como limpiavidrios.
El ciclista de la Selección Argentina relató un episodio ocurrido en una esquina de alto tránsito de la Capital, en Ignacio de la Roza y Urquiza, donde aseguró que un hombre se acercó a su camioneta para ofrecerle limpiar los vidrios. Según su testimonio, rechazó la propuesta porque acababa de retirar el vehículo del lavadero.
En ese contexto, Kalejman expresó su malestar por la actitud del trabajador y amplificó el planteo con una crítica generalizada. “Qué bronca los limpiavidrios. Me da bronca que sean tan irrespetuosos y por uno entran todos en la misma bolsa”, manifestó.
El deportista sostuvo además que, pese a haber dejado en claro su negativa, el hombre habría persistido en su intención. “¿Qué hizo el estúpido? Pasó rozando la camioneta con las manos. ¿Con qué necesidad? Te digo bien que no la limpies. Ya me lo han hecho muchas veces”, contó.
La repercusión del video no quedó circunscripta a las redes. El planteo fue debatido en Telesol por los periodistas Facundo Merenda y Daniela Pinardi, y allí apareció una mirada opuesta: la defensa de quienes realizan esta tarea en la calle como una forma de sostén cotidiano.
Pinardi remarcó el componente social de esa actividad. “Es un poquito de amabilidad con alguien que está laburando, es para comer. Llegan con lo justo para comer en el día. No están ahí porque quieren”, sostuvo.
La respuesta de Mateo Kalejman buscó llevar la discusión al terreno del derecho a decidir sobre un servicio no solicitado. “¿Imagínense que el mundo funcionara así? Que por amabilidad nosotros tuviéramos que contratar un servicio que no queremos. Por suerte el mundo funciona así”, respondió.
El intercambio dejó expuestas dos tensiones que exceden el episodio puntual: por un lado, la necesidad económica de quienes sobreviven con esta actividad; por el otro, el reclamo de automovilistas que exigen poder negarse sin presiones. En ese punto, la discusión volvió a instalar un debate de fondo sobre convivencia urbana, trabajo informal y límites de la insistencia en la vía pública.



