Los estudiantes universitarios colapsan los accesos a la capital iraquí aparcando los vehículos en las principales calles, ante la mirada impasible de los agentes del orden
Un mes después de las primeras protestas, la contestación en las calles de Irak crece. Los manifestantes han logrado cerrar al tráfico ayer domingo las principales arterias del centro de Bagdad tras prorrogarse una huelga decretada en las escuelas y a la que se han sumado otros gremios. La parálisis afecta desde la semana pasada al principal puerto del país, entre los tímidos intentos gubernamentales de calmar a la multitud.

“Carreteras cerradas por orden del pueblo”, reza un cartel colocado en una de las rutas de acceso al centro de Bagdad. La oleada de protestas, iniciada a principios del mes pasado y que se ha saldado con 250 muertos y miles de heridos, se reanudó con fuerza el pasado 25 de octubre tras dos semanas de pausa impuesta por la represión policial. En la última semana, las manifestaciones -alimentadas por la corrupción, la falta de servicios públicos y el desempleo juvenil- han elevado el órdago al Gobierno y desafiado el toque de queda vigente.

Ayer, los estudiantes universitarios -los primeros en liderar la indignación- han colapsado los accesos aparcando los vehículos en las principales calles de la capital iraquí, ante la mirada impasible de los agentes del orden. La huelga nacional, lanzada la semana pasada por el sindicato de profesores, ha permanecido en vigor este domingo, la primera jornada de la semana laboral en Irak. A la convocatoria se han sumado las asociaciones de ingenieros, abogados y médicos.

“Los manifestantes están bloqueando carreteras en Bagdad y otras provincias y han declarado la desobediencia civil. No hay comunicación oficial”, dijo Ali Adil desde Irak. Las oficinas gubernamentales tampoco han podido abrir sus puertas. El principal punto caliente en Bagdad está situado en el puente “Al Gumhureya” (La república, en árabe) que conduce hacia la fortificada Zona Verde, donde se han producido en la última semana los enfrentamientos más virulentos entre manifestantes y fuerzas de seguridad. Al menos un manifestante falleció y otros 91 resultaron heridos el sábado.

El viernes la céntrica plaza Tahrir -epicentro de la contestación- fue testigo de las protestas más multitudinarias desde el ocaso de Sadam Husein en 2003. El clamor se ha extendido, además, por el sur del país, de mayoría chií. El puerto de Umm Qasr, emplazado en la sureña ciudad de Basora y la principal vía de acceso de las importaciones, permanece clausurado desde el miércoles.

El ministerio de Comercio ha reconocido que el bloqueo de las carreteras cercanas decretado por los manifestantes, tras varios intentos de dispersarlos, está impidiendo la descarga de productos básicos, agravando una crisis que la élite política que gobierna el país desde la invasión estadounidense no ha logrado capear.

Las reformas propuestas el mes pasado por el primer ministro Adel Abdel Mahdi no han mitigado las demandas populares, respaldadas por las autoridades religiosas y parte del Parlamento. “El statu quo es insostenible. Necesitamos grandes cambios”, admitió el viernes el presidente iraquí, el kurdo Barham Salih tras proponer una modificación del sistema electoral que permita a elección de representantes por distrito en lugar de a través de listas cerradas de partidos. El proyecto de ley tendría que ser debatido esta semana en el Hemiciclo.