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lunes 17 mayo 2021
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LA MACARENA, UN SUEÑO HECHO FINCA

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La Macarena es un proyecto de vida que se inició hace muchos años con uva de mesa y algo de uva de pasa. Luego, los contextos económicos y políticos hicieron que la cadena de la uva de mesa quebrara y hubo que reinventarse. Sus propietarios son Beatriz Olivares y Catuco Molina, que, además de emprendedores, son esposos.

Voy por calle Chacabuco al sur. Llego a la 7 y doblo a la derecha. Hago unos metros y aparece ella, “La Macarena”, una finca enmarcada por los cerros. Me esperan Bea y Catuco, Quijotes sanjuaninos que apuestan a la producción con responsabilidad social.
La Macarena se llama así porque si hubiesen tenido otra hija, ese era el nombre elegido. Una analogía de lo que significa para Bea y Catuco este emprendimiento: “Es nuestro cuarto hijo”, dicen a coro. Ambos vienen de familias agro-industriales, comprometidas con la Naturaleza. El bisabuelo materno de Molina, Don Domingo Usín, un vasco que llegó en 1870 se inició en la vitivinicultura tanto en la producción como en la bodega y supo transmitir a su descendencia el amor al trabajo y a la tierra.
¿Cuál fue la génesis de este proyecto?
Yo, con mi formación de Ingeniero Agrónomo lo formulé y lo diseñé. Bea me acompañó. Tenía que tener un componente cultural además de ser amigable con las energías limpias. Hoy tenemos uno de los parques solares generadores de energía limpia más importantes de la provincia desde el punto de vista de un particular con inversión propia y genuina, responde Catuco.

Los vaivenes de la macroeconomía pegaron fuerte a esta pareja que supo transmutar la adversidad. Cuando en el 2018 estaban de visita en Lima, empezaron a soñar una salida creativa junto con José Marún, Ingeniero de Minas y amigo de la infancia de Catuco. Le encontraron la vuelta para asociarse e invertir en la finca. Así nació, dentro de la PYME, una start up: “La Viña entre Amigos”. “Fuimos muy intensos en el rigor técnico y en la inversión”, aporta Molina. “
La Viña entre amigos” ya tiene la bodega artesanal y se encuentran elaborando sus propios vinos. Una innovación que dialoga con la cultura familiar de emprendedores cuyo lema fue siempre: el vino nos une. “La copa compartida es la copa que te permite dialogar y disfrutar con otros”, dice Bea.
En esta reconversión, crearon dentro de la finca, el “Eco Pueblo La Macarena”, un lugar para todo aquel que quiera ser amigo del Medio Ambiente y estar vinculado con la Naturaleza. Este Eco Pueblo temático tiene viñas como espacios verdes y una arboleda conformada por una gran variedad de árboles autóctonos como jacarandás y lapachos, entre otros.
Bea escucha, observa y aporta. Cuando trae café, le pregunto.
¿Cuál es tu rol en este proyecto?
Mi rol es de acompañamiento y asistencia en las distintas cuestiones que se van necesitando. Así, cuando estamos acá, podemos encontrarnos con un lugar cómodo y agradable Tenemos animales y hay que cuidarlos. Me ocupo de la huerta familiar y los jardines de rosas. También de mantener el lugar para que podamos respirar mucha paz, mucha energía para seguir adelante. No somos jóvenes y el apoyo mutuo es indispensable. El contacto permanente con la montaña nos conecta con la Naturaleza. En definitiva, mis tareas son ordenar, reorganizar, alentar.
Aunque les tocó vivir momentos difíciles, la fuerza de voluntad y la fe les generaban el aliento para levantarse todos los días. Para esta pareja, emprender significa aprender constantemente, y, sobre todo saber leer los errores. La actitud es un ingrediente muy importante pero también el conocimiento. Hay que emprender en lo que se sabe hacer y en lo que gusta. Y si falta lo primero y está lo segundo, pues hay que estudiar. “Hay que tener claro que uno ve lo que sabe”, dice Catuco que siempre fue un apasionado por su profesión de Ingeniero Agrónomo.
Como han bajado el 50% el uso de combustibles fósiles y la eficiencia de conducción del agua es del 95%, eso les permite estar certificado con huella de carbono y huella hídrica convirtiendo al proyecto en muy seductor para futuras inversiones. Es que, en este nuevo paradigma productivo, se vuelve central la relación del hombre con las energías.
El sol se está yendo, acariciando la tarde.
Catuco mira a Bea y dice: “Los proyectos se cumplen cuando uno se enamora de sus sueños”. Ella le devuelve la mirada a la vez que agrega: “Y nosotros estamos enamorados de La Macarena”

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