Flavia Gómez es una sanjuanina que hace 30 años que se encuentra en Italia en la región del Benetto contó la dura realidad que se vive en este país

Flavia Gómez es una sanjuanina que hace 30 años se encuentra en Italia, en la región del Benetto, en Verona. Desde su casa contó cómo está viviendo la pandemia del coronavirus, en el país que tiene un alto índice muertes a raíz de este virus que ataca a todos en el mundo. La familia de la mujer está compuesta por su esposo, que trabaja en el transporte, su hija adolescente y su madre de 77 años.
“Estoy en la zona norte de Italia donde hay más contagios”, dijo Flavia. Al hacer un relato de lo que están viviendo afirmó que “nosotros empezamos todo el día de carnaval, el 21 de febrero, fue un viernes. Mi hija de 14 años llegó de una fiesta de carnaval y nosotros comenzamos a sentir que había muchos contagios en Italia. Esto había comenzado con un primer contagiado de 38 años, que era un chico que había hecho una maratón, había ido a jugar fútbol cinco y de ahí se produjo una cadena de contagios enorme. Esto fue el principio de toda esta pesadilla”.
La mujer contó que en principio comenzaron con las restricciones y luego el 10 de marzo se comenzó con la cuarentena. Todo comenzó con restricciones muy lentas, cierre de restaurantes, boliches “nunca se pensó que se les iba a escapar de las manos. Empezamos el 10 de marzo con la cuarentena donde tuvimos restricciones de todo tipo y hemos llegado ahora solamente a salir con certificación en la mano para ir y volver al supermercado o la farmacia. Dentro del supermercado, todas las estanterías que no son de alimentación, también están cerradas. Solo se puede comprar alimentos y cosas para la desinfección de la casa y las personas”. Respecto al abastecimiento de alimentos afirmó que fue garantizado por el gobierno italiano. “Al principio la gente entró en terror, la gente llegaba y lo que hacía era vaciar el supermercado porque se pensó que se iba acabar todo”.
En ese sentido contó que “los camioneros no han parado en ningún momento y los súper igual. Ahora los supermercados están cerrados los domingos para darle descanso a la gente y desinfectarlos ”. Reconoció que lo que les falta “son mascarillas- barbijos- porque se necesitan miles para la guardia civil, los hospitales, los médicos y los enfermos que están en las casas”.
La mujer contó que “al menos son 35 mil personas las que se encuentran infectadas en sus casas, no las pueden aislar y viven en el núcleo familiar. Muchas personas viven en hoteles o lugares destinados para personas que hacen la cuarentena y que no necesitan la atención del sistema de salud”. Al profundizar contó que “en este momento tenemos más de 3500 personas con terapia intensiva con respiradores”, vale aclarar que el número es dinámico y va cambiando cada momento. A modo de comparación, la mujer explicó que la zona afectada en Italia tiene una extensión menor a la superficie de San Juan y Mendoza.
Sobre la forma en que se vive la cuarentena cuenta que tiene diferentes etapas. “Los primeros días fueron de terror, viví en una película de terror, en una pesadilla. La sensación era que te ibas a despertar y era una pesadilla, pero al despertar era realidad y el corazón andaba a mil. De nuevo te daban ansias y te das cuenta que tees que ir a la farmacia y esperas a que los remedios no te falten”. La mujer contó que su madre es insulino dependiente con “la que tenemos que tener muchos cuidados”.
Explicó que “yo trato de ir una vez al supermercado por semana, pero lo que antes era una hora en el supermercado y quince minutos en la farmacia ahora se hace muy largo. La semana pasada me fui a las 9.30 de la mañana y regresé a las 13.30. En los supermercados entran cinco personas a la vez y vasta. La gente espera afuera y tenes que estar a un metro y medio o dos de distancia uno con el otro y son cuadras de colas”.
Afirma que “hay un silencio que da impresión, porque nadie habla con nadie, no hay coches en la calle y lo único que sentís son las ambulancias. La gente ni se mira para no tener que hablar, para no tener un contacto”.
De esa forma “voy al supermercado, regreso a casa, con un spray desinfecto los paquetes que traigo. Pongo todo al sol, desinfecto con lavandina y luego me desnudo afuera, entro y me ducho, luego agarro la ropa y la lavo, con agua al menos entre 60 o 70 grados”.
En cuanto a la vida cotidiana contó que “los camiones de los militares llevan los cadáveres a hornos de cremación que se encuentran en otros pueblos, porque en las zonas más infectadas no dan abasto, están funcionando 24 horas encendidos. Por esto se los lleva a otras provincias”.
La mujer expresó que “cuando enferma una persona, sale de casa con la ambulancia, la llevan a un hospital, sino hay lugar ahí lo trasladan a otro sitio. La familia, puede saber o no donde está ese familiar, en ese momento. Se lo tiene completamente aislado lejos de la familia. Desde el momento que sale de la casa no lo ves más y si fallece no lo van a ver, porque de ahí pasa a los camiones que llevan a cremación. Ya no hay más servicios en carros fúnebres. A las personas que se infectan y fallecen no las ven nunca más su familia. Eso debe quedar en la cabeza de todos, el que se enferma no ve nunca más a su familia, no hay un pariente que te vaya a asistir o a ver al hospital”. Al profundizar sobre el tema dijo que “esto tiene que entrar en la cabeza de los argentinos para que sepan que esto no es una película, que lo que ven en la televisión no es algo tan lejos. Nosotros veíamos lo que ocurría en China y decíamos que estaba lejos e Italia, con la globalización no hay nada lejos”
También remarcó que “la única cura que hay es la prevención y esto es el comportamiento, tenemos que quedarnos en casa y evitar de salir. He visto filmaciones de Pinamar o Mar del Plata, estamos todos locos”.
“Este es un monstruo que nos ataca y no sabemos de dónde ni como viene”, dijo la mujer.
Por otro lado, Gómez marcó que “ahora comenzó a probar con terapias medicinales, han dado el OK para que se comience a experimentar con esos remedios para las personas que están peor. Esto va a servir muchísimo para el resto del mundo”.