Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) muestran en Argentina una tasa estimada de 366,4 casos cada 100.000 habitantes, un valor 62% superior al promedio mundial de 225,6. El dato surge de un estudio que analizó la evolución de la anorexia y la bulimia nerviosa entre 1990 y 2023, y que ubica al país entre los de mayor carga relativa en salud pública.
La investigación fue publicada en la revista científica JAMA Psychiatry y trabajó con información de 204 países y territorios a partir de los datos del Global Burden of Disease 2023. A nivel global, estimó que 18,1 millones de personas vivían con alguno de estos trastornos durante 2023, lo que representa un incremento del 71% respecto de 1990. Ese crecimiento confirma una tendencia sostenida que obliga a revisar la capacidad de detección, diagnóstico y tratamiento.
Mayor presencia en edades tempranas
Uno de los puntos que más preocupación generó en el informe es el aumento de diagnósticos en adolescentes y adultos jóvenes. En diálogo con Infobae, las licenciadas en Nutrición Ornela Dagotto y en Trabajo Social María José Faccini, integrantes del Programa de Adolescencia del Hospital de Clínicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA), advirtieron sobre un incremento de casos en menores de 15 años. Las profesionales vincularon esa tendencia con el acceso cada vez más temprano a las redes sociales y con una mayor capacidad de detección en las consultas pediátricas. También remarcaron que los TCA tienen un origen multifactorial, con componentes biológicos, psicológicos, sociales y culturales.
Comparación regional
El relevamiento permitió además comparar la situación de Argentina con la de otros países de América Latina. Perú encabezó el registro regional con 468,8 casos cada 100.000 habitantes, seguido por Ecuador, con 457,1, y Guyana, con 438,4. En ese contexto, Argentina quedó por debajo de Bolivia, Brasil, Chile y Uruguay, aunque mantuvo una tasa superior a la media mundial. La distribución por género mostró que las mujeres concentraron el 69,4% de los casos estimados a nivel global, equivalentes a 12,6 millones de personas.
El estudio precisó además que el 41,2% de quienes presentaban alguno de estos trastornos tenía entre 10 y 24 años, con la prevalencia más alta en el grupo de 20 a 24 años. La bulimia nerviosa representó 14,2 millones de casos, mientras que la anorexia alcanzó 3,9 millones. Desde 1990, ambas condiciones aumentaron 75,1% y 57,9%, respectivamente, según la misma investigación.
Señales y proyección
Los especialistas citados en el informe señalaron que los síntomas no siempre se expresan de la misma manera y pueden variar según la edad. En adolescentes mayores suelen aparecer una preocupación persistente por adelgazar y la insatisfacción con la imagen corporal. En niños y preadolescentes, en cambio, pueden observarse dolores abdominales, náuseas, sensación de saciedad temprana y miedo a tragar, atragantarse o vomitar. También pueden aparecer restricciones alimentarias y rechazos selectivos de alimentos, sin conductas purgativas como vómitos autoinducidos o consumo de laxantes.
La detección temprana fue presentada como un factor central para evitar complicaciones físicas y emocionales. La anorexia puede ocasionar alteraciones cardiovasculares, metabólicas y nutricionales, además de asociarse con mayor riesgo de suicidio; la bulimia puede provocar complicaciones cardíacas y desequilibrios electrolíticos, incluso cuando la persona mantiene un peso dentro de parámetros esperados. El estudio proyectó que la cantidad de personas con anorexia o bulimia podría llegar a 21,8 millones en 2050, en un escenario atravesado además por la saturación de centros de referencia, las listas de espera y la falta de dispositivos específicos para adolescentes.




