“Hay días que no tengo para darle de comer a mis hijas”

La dura realidad del arquero de Árbol Verde

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A Kévin Rivero le tocó una vida difícil: Su pasantía en la Municipalidad apenas le alcanza para comer y pagar impuestos. Junto a su mujer y dos hijas viven en una pieza de adobe y con techo de caña. Hay días que no tiene para “comprarle leche y pañales a mis hijas, eso me parte el alma”, relató.

 

Hay veces que no tiene para comer, ni para comprar la leche y los pañales de sus hijas. Hay días que almuerza sémola y cena mate pelado. Hace cuatro meses que no puede alimentar con carne a su familia. Vive en condiciones extremas y muy precarias, en una piecita de adobe con techo de caña. En las noches de invierno tiemblan por el frío y cuando llueve rezan para que no se pase el agua. No tiene heladera y debe comprar la comida del día, porque sino se le echa a perder.

En mayo una de sus hijas cumple el primer añito y le parte el alma no saber si se lo podrá festejar.

Él tiene una pasantía de la Municipalidad de Capital y trabaja limpiando calles. Con lo poco que gana paga los impuestos y compra mercadería. No le alcanza y tiene que salir a hacer changas para tener un plato de comida en la mesa. Ahora está parado por la cuarentena obligatoria del coronavirus que lo afectó muchísmo.

El arquero y figura de Árbol Verde Kévin Rivero (23 años) se animó a contarle a Diario El Zonda su dura y cruel realidad que vive junto a su mujer e hijas (Nahiara de 2 años y Catalina de 11 meses).

“La estamos pasando a media astilla, la cuarentena me cortó las piernas. En lo económico trato de tirar con lo poco que conseguimos de mercadería. Hay días que no tenemos para comer y solo tomamos mate. Hace cuatro meses que no probamos la carne y estamos a sémola sin nada. Cuando tenemos algo de plata comemos arroz o fideos. Las nenas toman la leche que le dan en las salitas. Me duele ver cuando mi hija, me dice que tiene hambre y no tengo nada para darle, leche, yogurt o frutas. Mis suegro y el técnico Mauricio Escudero nos ayudan con mercadería. Nos vinimos abajo con estos que pasó del coronavirus, la venimos pasando mal pero le pongo esfuerzo”, cuenta su dura realidad el jugador arbolino que dejó la escuela para salir a trabajar y poder mantener a su familia.

No tiene casa y tampoco alquila, “vivo en el fondo de la casa de mi suegro en Chimbas, en el lote 43. En una piecita muy precaria de adobe y techo de caña. Tiene piso, pero le salen las piedras hacia arriba y la gorda no puede gatear, porque se lastima. Cuando llueve, el agua se pasa y gotea el techo. En invierno pasamos mucho frío. Trato de juntar una moneda para comprar portland y así hacer la carpeta”, cuenta parte de su historia Kévin, un ejemplo de lucha y superación.

Ruega que esto pase pronto, porque su nena Nahiara estuvo internada “dos veces por los bronquios. Rezamos para que no se enferme, porque ahora no podemos salir al médico. Es a la que más cuidamos por ese tema”, continúa su relato estremecedor, que pone la piel de gallina.

De a poco fue equipando su humilde y honrado hogar, “tengo televisión, pude comprarme una cocina. El lavarropas que tengo es prestado y me faltaría comprar una heladera”.

Kévin trabaja de lunes a viernes en la Municipalidad de la Capital. “Todas las tardes salgo en la bici o en el colectivo a la Municipalidad. Trabajo como mantenimiento de las calles. Gano siete mil pesos, la mitad se me va en impuestos y con el resto compro mercadería. De ves en cuando salen algunas changuitas y con eso compro el pan de cada día. Se hacer de todo, trabajo como jardinero y podo árboles. Hago lo que salga para que no le falte un plato de comida a mi esposa y a las niñas. Cuando puede ella también hace changuitas, corta el pelo a domicilio”, narró el “1” de Árbol Verde que entrena sin guantes, porque no tiene y con unos botines no dan mas.

Hay entrenamientos en los que Kévin lleva a sus hijas, porque no tienen con quién dejarlas. En algunas ocasiones tuvo que salirse de la práctica para cambiarle los pañales. En mayo Catalina cumple el año y con lo poco que gana, Kévin está ahorrando para que su beba pueda tener el festejo.

“Me encantaría festejárselo, pero está difícil. Lo venimos planeando desde el año pasado y con esto que paso, se nos vino todo abajo. No sé si se lo podré festejar. Primero, porque habrá que ver si se pasa esta cuarentena. Lamentablemente esta pandemia no va a terminar rápido, así que decidimos no hacerlo hasta que pase el coronavirus”.

Nahiara, la mayor de dos años, fue internada dos veces, “ojalá esto pase rápido, porque la mayor es la complicada con el pecho. Estuvo internada por los bronquios, es a la que mucho más cuidamos”.

El DT del equipo del Barrio Cabot, Mauricio el “Bicho” Escudero la pasó y sabe lo que es no tener para comer. Es por eso que tuvo gestos enormes para con Kévin. Acciones que valen mucho más que el dinero y que no se olvidan.

“Le doy gracias al Bicho Mauricio Escudero por la gran mano que me dio todo este tiempo. Cuando no tenia para comer, él me ayudó con verduras y frutas para las niñas. Eso se lo agradezco de corazón. Él es una excelente persona y un gran amigo.”

Su abuelo fue y será su ídolo siempre. Fue quien le transmitió la pasión por el fútbol. Desde muy chico, “me crié en el Barrio Cabot y empecé a jugar en Árbol Verde. Hace 8 años empecé en las inferiores hasta llegar a Primera. En el 2015 y a los 18 años, debuté en Primera justo en el Torneo Federal. Me gusta el fútbol por mi abuelo Ernesto Tejada. Él fue mi primer ídolo que pude tener, después está mi hermano Duilio Costa. Ellos me motivaron a hacer lo que más amo. Me enseñaron a ser un buen arquero; sobre todo a tener la disciplina y a andar por el buen camino en la vida. Mi abuelo tomó el lugar de mi papá en mi niñez cuando mis padres se separaron y eso no lo hace cualquiera”, contó su pasado Kévin que tiene diez hermanos, dos por parte de su madre y ocho por parte de su padre.

Cuando empezó a jugar en el arbolino cuenta que los primeros botines “me los compró mi abuelo, de eso no me olvido más”.
Kévin Rivero atraviesa una realidad dura, desde no tener para comer hasta vivir en condiciones muy extremas en una casa de adobe y caña.

Necesita ayuda urgente para salir adelante, mientras tanto él sigue de pie para que a su familia no le falte un plato de comida todos los días.