“El lenguaje de señas es una lengua viva que está en cambio constante”

ANA MARÍA CASTRO - INTÉRPRETE DE LENGUA DE SEÑAS

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Ana María tuvo bastantes desafíos y complicados de llevar a cabo porque para mucha gente era muy difícil acostumbrarse hace casi 20 años a la presencia del intérprete de señas.

Trabaja desde hace 19 años como intérprete de lengua de señas en el Gobierno de San Juan. Anécdotas y desafíos de una profesión que requiere permanentes capacitaciones. Asegura que aún hoy se sigue emocionando cada vez que interpreta el Himno Nacional.

Además de su tarea administrativa, Ana María Castro trabaja desde hace 19 años como intérprete de lengua de señas en el Gobierno de San Juan.

Cuenta que aprendió en el Instituto Crescomás y la motivación pasaba, literalmente, por una curiosidad de niño de saber cómo se comunicaban las personas sordas. “Pasado un tiempo, me tocó hacer las prácticas y me fue apasionando cada vez más, es algo atrapante y motivador”.

Ana María tuvo bastantes desafíos y complicados de llevar a cabo porque para mucha gente era muy difícil acostumbrarse hace casi 20 años a la presencia del intérprete de señas.

“El desafío mayor era hacerle entender a la gente que nuestra presencia es para ser el puente de comunicación que esta comunidad requiere para poder interactuar y participar de una vida social como cualquier ser humano que puede escuchar”.

Anécdotas tiene muchas. Por ejemplo, desde poder emocionarse en una celebración religiosa o en un acto de egresados. Pero lo que más moviliza a Ana María es interpretar el Himno Nacional. “Es algo que hasta el día de la fecha me sigue emocionando”.

“Hay canciones muy bonitas que hay que conocer muy bien, tener idoneidad para hacerlo. Hay muchas cosas que significan grandes desafíos para poder llevar a cabo la función”, asegura.

“Lo que más recuerdo y siempre me causa mucha gracia fue en una interpretación de la Misa, en aquel entonces lo hacía en San Francisco de Asís, luego pasé a la Catedral. En San Francisco recuerdo que el párroco me dijo que iba a empezar a interpretar y lo que mejor me sabía era el Padre Nuestro. En la mitad del rezo, me di vuelta y dije: ‘Me olvidé’, algo que sabía con mucha fluidez y ese día, por los nervios, me olvidé. Por suerte siempre hay alguien que hace del pilar que uno puede necesitar”.

Señala que también fue muy gratificante haber interpretado en un campeonato de Futsal de la comunidad sorda.

Otro recuerdo fue cuando una señora la contactó para poder comunicarse con su nuera, una persona sorda de nacimiento y hoy por hoy, ambas tienen una comunicación maravillosa y fluida.

“El tener que interpretar a un funcionario no lo encuentro problemático, hay quienes hablan más rápido que otros, pero no es nada que no se pueda hacer, teniendo en cuenta las ideas que uno tiene que transmitir”.

Lo más importante para su profesión es que al desempeñarse en diferentes ámbitos, es necesario tener riqueza de vocabulario, conocer todas las variantes y todo lo que implica una capacitación.

“Quien quiera aprender lengua de señas puede hacer un curso de comunicación básica para brindar una asistencia en la calle, en un negocio o la consulta de un domicilio para poder auxiliar y orientar”.

“También hay otros cursos más intensos donde se busca ser intérprete para desempeñarse en cualquier área pública o privada.

Desde el Gobierno Provincial -según Ana María- hay más inclusión, es cada vez más requerida la presencia del intérprete, en diferentes aspectos. “Es muy bueno que la comunidad sorda pueda hacerse entender, expresarse y vivir en sociedad de la mejor manera, se trata de una lengua viva por lo que siempre está en constante cambio, por eso sigo haciendo capacitaciones”.

“Se trata de mucha práctica, voluntad y contacto con la persona sorda”.