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viernes 30 septiembre 2022
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LUEGO DEL APARTHEID

El equipo y el hombre que unieron a todo un país

Nelson Mandela y los Springboks lograron en el Mundial de Rugby que se desarrolló en 1995 algo imposible, unir a los sudafricanos, sin distinción de raza, religión o tribu.

 

 

Nelson Mandela al recuperar su libertad en febrero de 1990, tras haber estado 27 años en la cárcel, instó a sus “compatriotas blancos para que se unan a configurar un Sudáfrica nuevo”.

“Madiba”, sobrenombre que le pusieron sus seguidores, sabía que la misión era muy difícil porque el apartheid que existía en el país había generado una brecha muy grande e irreconciliable entre blancos y negros.

Mandela, durante sus años de prisión, se convenció de que el camino a seguir no era la lucha armada, camino que podía desembocar en una guerra civil, y que la única manera de ganarse a los “blancos dominadores” era convenciéndolos de unirse y trabajar en conjunto por el bien del país.

En libertad, Madiba comenzó a utilizar uno de sus principales dones, la persuasión, y logró que en 1994 hubiera elecciones libres en Sudáfrica, comicios que lo llevaron a la presidencia del país encabezando el Congreso Nacional Africano (ANC).

A partir de ese momento y detentando el poder, Mandela se propuso el segundo y más importante de los objetivos: unir al país, reconciliar a blancos y negros, y crear una paz duradera.

Rápido de reflejos, el líder africano se dio cuenta de que el deporte, según sus palabras, “tenía el poder de inspirar, de unir a la gente como pocas otras cosas. Tiene más poder que los gobiernos de derribar barreras raciales”.

El Mundial de Rugby que organizó Sudáfrica en 1995 fue el instrumento que tuvo al alcance para intentar esa unión que tanto soñaba, que tanto anhelaba, mientras se encontraba en una diminuta celda en la prisión de la isla de Robben Island.

Pero se le presentó un gran inconveniente. Así como para lograr elecciones democráticas tuvo que convencer a los “blancos dominadores”, para conseguir el apoyo a los Springboks, tal como le llaman al equipo sudafricano de rugby, tuvo que seducir a la población negra, que no reconocía como suyo el deporte de la ovalada.

Además, los Springboks era uno de los tres símbolos del desaparecido apartheid, los otros dos, la bandera y el himno, habían sido modificados con el advenimiento de la democracia.
Logrado ese paso, faltaba otro, tal vez el más importante, ganarse la confianza del equipo. Si quería utilizar a los Springboks debía contar con el apoyo de sus integrantes y dejarles en claro que eran sus compatriotas y amigos, no enemigos.

Mandela saluda a los integrantes de la selección.

Es que mientras duró el apartheid, la población negra, incluido Mandela, en la cárcel, festejaban todas las derrotas de su selección.

Y Mandela lo logró, ganándose la amistad de su capitán Francois Piennar, a quien le pidió que convenciera a sus compañeros blancos (solamente uno, Williams, era mestizo) de trabajar por la unión de la nueva Sudáfrica.

El Mundial

El Mundial se desarrolló bajo el lema: “Un equipo, un país”. El 25 de mayo de 1995, los Springboks debutaron derrotando a Australia por 27 a 18. El día antes del debut, los jugadores fueron sorprendidos por la visita de Madiba.

En la final, Sudáfrica venció ajustadamente a Nueva Zelanda.

Tras finalizar primero en su grupo con tres partidos ganados, los locales vencieron en los cuartos de final a Samoa por 42 a 14, mientras que en las semifinales derrotaron ajustadamente a Francia 19 a 15. En la final esperaban Nueva Zelanda, los poderosos All Blacks, que contaban con el imparable Jonah Lomu.

El 24 de junio, 62.000 personas se dieron cita en el mítico Ellis Park para presenciar el partido. Sin embargo, 43 millones de sudafricanos, sin distinción de razas, religiones y tribus, lo siguieron a través de la TV.

Antes de inicio del encuentro, Mandela se presentó en el camarín de los sudafricanos con al camiseta y la gorra de los Springboks, lo que provocó una grata sorpresa en el plantel.
Con los dos equipos listos para entonar los himnos, Mandela ingresó al campo de juego y le dio la mano a los jugadores de ambos equipos. Cuando estuvo frente al gigante Lomu, le dijo: “Hola, Jonah. ¿Cómo va? Espero que tengas un excelente partido”.

Años después y sobre ese momento, Lomu le contó a un diario inglés: “En ese momento no pude ni hablar, me quedé sin palabras. Entonces me dijo ‘que tengas un excelente partido’, me miró, hizo un gesto y se fue… Durante el partido no me podía olvidar de su cara. Ese hombre tiene un aura. Elevó a todo un país y el ánimo del equipo. El resto es historia”.

El resto, como dijo el neozelandés, es historia. En tiempo suplementario y con un drop de Joel Stransky, los Springboks le ganaron a los All Blacks 15 a 12.

Queda en el recuerdo la imagen de Mandela entregándole el trofeo a Pienaar, para que los sudafricanos salieran a festejar en todas las ciudades mucho más que un título, la unión de toda Sudáfrica.

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