Los supermercados y autoservicios mayoristas exhiben una mejora en sus expectativas para los próximos meses, pero esa señal todavía no alcanza para modificar el diagnóstico sobre el presente. En julio, el Indicador de Confianza Empresarial (ICE) del INDEC se ubicó en -1,1%, un nivel cercano al equilibrio y lejos de los pisos registrados durante 2024.
La lectura, sin embargo, sigue siendo dispar: mientras la evaluación de la situación comercial actual arrojó un balance de -21,6%, las perspectivas para agosto-octubre llegaron a 8% positivo. El dato confirma que la mejora del indicador se apoya más en lo que las empresas esperan hacia adelante que en una recuperación efectiva de la actividad presente.
En ese contexto, el 28,4% de las firmas calificó como mala su situación comercial actual y apenas el 6,8% la consideró buena; en tanto, el 64,8% la definió como normal. A la vez, la competencia se intensificó: el 26,1% señaló que aumentó en los últimos tres meses, contra solo el 5,7% que percibió una baja.
La conclusión es clara: el ICE cercano a cero no describe todavía una reactivación plena, sino un escenario en el que las expectativas mejoran mientras persiste una evaluación prudente del negocio actual. Esa distancia entre el ánimo futuro y la realidad inmediata marca el límite de la recuperación.
La demanda insuficiente volvió a posicionarse como el principal obstáculo para el sector. El 63,6% de las empresas la señaló como la restricción más importante para aumentar las ventas, por encima del 57,3% de tres meses atrás, lo que muestra que el problema ganó peso en el último trimestre.
El resto de los factores aparece bastante por detrás. El costo laboral fue mencionado por el 20,5% de las firmas y el costo del financiamiento por el 5,7%. En otras palabras, los costos siguen condicionando la operatoria, pero la principal limitación continúa siendo la falta de una demanda lo suficientemente firme como para sostener una expansión de las ventas.
A esa debilidad comercial se suma un escenario financiero todavía restrictivo. El 33% de las empresas calificó como difícil el acceso al crédito y solo el 3,4% lo consideró fácil, con un balance de -29,5%. Además, el 27,3% evaluó negativamente su situación financiera, frente al 10,2% que la calificó como buena, una combinación que complica la posibilidad de sostener capital de trabajo o ampliar operaciones.
Al mismo tiempo, la presión sobre los precios no cedió. Durante julio, el 60,2% de las firmas aumentó sus valores de venta, mientras que apenas el 2,3% aplicó reducciones. Y la tendencia seguiría en los próximos meses: entre agosto y octubre, el 62,5% espera nuevos incrementos y ninguna empresa anticipa bajas.
El cuadro general muestra, así, una mejora de expectativas todavía condicionada por tres variables que se retroalimentan: demanda insuficiente, crédito limitado y precios en alza. Por ahora, la mayor confianza no se traduce en una recuperación firme de las ventas ni en un cambio de fondo en las condiciones del negocio.
La distancia entre el optimismo y las decisiones concretas sigue siendo evidente. Hacia agosto-octubre, el 13,6% de las empresas espera que su situación comercial mejore, frente al 5,7% que anticipa un deterioro; en tanto, el 80,7% proyecta que no habrá cambios. Ese balance positivo explica buena parte del avance del indicador.
Sin embargo, ese escenario más favorable todavía no se refleja en la operatoria. Los pedidos a proveedores muestran un saldo negativo de -8%, con 12,5% de empresas que prevé reducirlos y apenas 4,5% que planea aumentarlos. En paralelo, ninguna firma proyecta sumar personal durante el trimestre, mientras que el 12,5% anticipa recortar su dotación.
La señal que deja el relevamiento es que el sector parece haber encontrado mayor estabilidad tras el deterioro previo, pero sigue a la espera de que la mejora de las expectativas se transforme en un repunte real de la demanda. Hasta que eso ocurra, la confianza puede acercarse al equilibrio sin que la actividad acompañe con la misma intensidad.




