La inflación que mide el gasto de los trabajadores fue del 1,7% en agosto, seis décimas menos que en julio y el registro más bajo desde agosto de 2025. El dato surge de un informe conjunto del Instituto de Estadística de los Trabajadores (IET), la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo (UMET) y el Centro para la Concertación y el Desarrollo (CCD). La medición toma como referencia la estructura de consumo de los hogares asalariados y permite seguir la evolución de los precios con foco en ese universo.
Con ese resultado, los precios acumularon una suba del 20,5% en los primeros ocho meses del año, mientras que la proyección anual se ubicó cerca del 32,3% si se mantiene el ritmo actual. La variación interanual llegó al 33%, la cifra más alta de los últimos doce meses. El informe ubica así una desaceleración mensual, pero todavía con una inflación acumulada y anual elevada para la capacidad de compra de los ingresos formales e informales.
Rubros con mayor presión
Los mayores aumentos de agosto se registraron en bebidas alcohólicas y tabaco (2,7%), por una suba del 4% en los cigarrillos, y en vivienda (2,5%), por el gas, las expensas y el agua. También subieron bienes y servicios varios (2,5%) y comunicaciones (2,2%), impulsadas por un salto del 5,4% en la televisión por cable. En alimentos, el aumento fue del 1,8%, con alzas de 11,8% en frutas y 4,5% en verduras, mientras que las carnes bajaron 0,2%.
El fin de la temporada invernal incidió en la baja de hotelería (-12,7%), paquetes turísticos (-6,5%) y pasajes aéreos (-4,5%), lo que mantuvo a restaurantes y hoteles (1,5%) y transporte (1%) por debajo del promedio general. Ese comportamiento estacional explicó parte de la desaceleración mensual, aunque no modificó la presión que ejercen servicios regulados y alimentos frescos sobre las canastas de consumo. Para los hogares con mayor gasto en esos rubros, la inflación efectiva resultó superior al promedio.
Impacto desigual
El diputado nacional y director ejecutivo del CCD, Nicolás Trotta, sostuvo que la baja de la inflación no se traduce en mejoras sobre la actividad, el empleo y los salarios.




