El exministro de Economía Domingo Cavallo volvió a cuestionar este lunes la política monetaria del Gobierno y sostuvo que, para que el presidente Javier Milei “maximice las chances de continuidad” de cara a las elecciones del próximo año, el equipo económico debería avanzar hacia una ortodoxia monetaria con liberalización total del cepo cambiario.
La intervención se conoció en una actualización de su blog personal, donde publicó el artículo “¿Y si el gobierno complementa la ortodoxia fiscal con ortodoxia monetaria?”. Allí afirmó que la ortodoxia monetaria “ha estado completamente ausente de la práctica de la política económica implementada hasta ahora”, en contraste con los lineamientos que, según recordó, fueron expuestos durante la campaña electoral.
Qué entiende por ortodoxia monetaria En su planteo, esa ortodoxia implica “la organización de un sistema monetario, cambiario y financiero como el peruano y el uruguayo”, con convivencia entre la moneda nacional y el dólar “en competencia” y con las mismas funciones y propiedades. Es decir, un esquema bimonetario. Cavallo también pidió no confundir esa definición con el control cuantitativo del dinero, al sostener que no toda emisión monetaria deriva en inflación.
Como antecedente, citó la experiencia de la convertibilidad de los años 90 y dijo que “la emisión asociada a la acumulación equivalente de reservas” no es inflacionaria. También advirtió que no debe equipararse ortodoxia monetaria con tipo de cambio fijo o reptante sostenido mediante controles de cambio, y mencionó como ejemplo “el traumático reemplazo de las LELIQs por deuda del Tesoro” y el anuncio de que el Banco Central controlaría la base monetaria ampliada en septiembre de 2025.
El pedido de levantar restricciones El exministro planteó que el camino hacia ese esquema “requiere inexorablemente eliminar todo vestigio de cepo cambiario y permitir el libre movimiento de capitales entre nuestro país y el exterior”. Sostuvo además que la mejor forma de reducir expectativas de un salto cambiario desestabilizador sería dejar flotar el tipo de cambio en un mercado “verdaderamente libre y único de cambio”, y citó como antecedente lo ocurrido entre diciembre de 1989 y marzo de 1991, antes de la puesta en marcha del plan de convertibilidad.
Según Cavallo, los principales beneficiarios de una eliminación de los controles de cambio serían los productores de bienes exportables y los prestadores de servicios, porque podrían cobrar “el precio pleno” de sus ventas en el exterior. También afirmó que un esquema de ese tipo “contribuiría decisivamente a reducir el riesgo país”. El planteo vuelve a instalar el debate sobre el régimen cambiario y monetario, en un contexto en el que el Gobierno mantiene restricciones y la discusión sobre su levantamiento sigue abierta.




