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viernes 26 febrero 2021
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EL SILBATAZO FINAL

En la jornada de hoy dejó de existir a la edad de 75 años Horacio Manrique, conocido en el ambiente futbolístico como “Caballo”. Fue un referente del arbitraje de la provincia y dueño de carisma muy especial. También era un gran colaborador de UPCN Voley

El árbitro se lleva el silbato a la boca y lo hace sonar, señoras y señores he terminado el partido…” A partir de esa frase del relato radial de Mario Castro, Nestor Paez o Miguel Angel Carrasco comenzaban a bajar de la tribuna, según sea el resultado, el recuerdo para su santa madre.

Sabía de insultos. Los escuchó a todos. Se los bancó a todos y también se rió de todos. Porque estaba en su ser, en su gen entender el ambiente del fútbol. Sabía perfectamente lo que siente un hincha pegado al alambrado. Pero a el le tocaba impartir justicia y al momento de pisar el verde o amarillento césped se olvidaba de su colores. Era simplemente el hombre de negro.

En sus tiempos no había intercomunicadores, ni relojes de alta gama. Las camisetas eran negras y no había publicidad. Con cuello y un solo bolsillo para la tarjeta amarilla. El Bolsillo de atrás del pantalon ajustado era para la roja.

Así lo aprendió y así lo llevo a la práctica. Horacio Manrique, ícono del referato sanjuanino. Casi dos décadas en las canchas sanjuaninas impartiendo justicia. Recibió insultos y felicitaciones. Un dato importante es que generó siempre respeto dentro y fuera de la cancha.

“Cuando veía que uno estaba queriendome complicar el partido, pasaba por al lado y le decía al oido despacito o la cortás o la próxima te espera el vestuario y esta helada el agua a esta hora. Después eran un relojito” me contaba El Caballo en una vez en charla informal.

Así lo conocían todos. Ese apodo era marca registrada, como el clásico bigote que se lo afeitó pasados los 65, cuando ya se jubiló para sentirse mas pibe porque decía que le sacaba 20 años de encima.

Siempre se mostraba con una sonrisa en su rostro, salvo cuando estaba sentado en la tribuna siguiendo un arbitraje, que si no era bueno se le salía adentro la furia que contenía en las palabras pero no en su rostro.

Hincha fanático de Rosario Central y de Peñarol nunca lo escondió y siempre que podía se mostraba con una gorra del Canalla.

Después de jubilarse y por un llamado de un amigo, llegó a UPCN Voley. Y se convirtió en ese colaborador anónimo que coordinó lo que habitualmente no se ve. No aparecía para las fotos porque siempre estaba haciendo algo para el club. “Las fotos es para los jugadores, yo ya soy famoso y me conocen en todos lados” solía decir con su inconfundible sentido del humor.

El comienzo del año lo encontró frente a frente con el COVID, la peleó y salió, pero dejó secuelas y despertó otra enfermedad. Y tuvo que salir a dirigirla. Lo llevó a ese partido hasta donde sus pulmones se lo permitieron, hasta que le dejaron dar el último silbatazo. Buen viaje Caballo.

 

 

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