El boxeo internacional despide a una de sus historias más dolorosas. Prichard Colón murió a los 33 años, después de atravesar durante más de una década las consecuencias del grave daño cerebral que sufrió sobre el ring en 2015.
La confirmación llegó de la mano de su padre, Richard Colón, quien difundió el fallecimiento en Facebook y expresó que su hijo partió “a un lugar mejor”. En ese mensaje también señaló que pudo cumplirle uno de sus últimos deseos: llevarlo de visita a su querida Puerto Rico antes de su despedida.
“Buenos días, mi gente. Lamento informarles la partida de mi hijo Prichard de este mundo terrenal. Ahora está en mejor mundo”, escribió. Y agregó: “Hice todo lo posible por cumplirle su deseo, su sueño de traerlo de vacaciones a Puerto Rico como tanto él deseaba. Gracias por tantos años de amor y oraciones. En la medida que puedan, por favor, manténgannos en oraciones”.
El caso de Prichard Colón dejó una marca profunda en el boxeo profesional por las fallas de control que rodearon aquella pelea del 17 de octubre de 2015, en Fairfax, Virginia, cuando se enfrentó al estadounidense Terrel Williams. Colón llegaba invicto, con un récord de 16-0, y era considerado un prospecto de enorme proyección.
Durante el combate, Williams le conectó reiteradamente golpes ilegales en la nuca y la parte posterior de la cabeza. Pese a que el púgil puertorriqueño advirtió varias veces al árbitro sobre el dolor y los mareos, las infracciones no fueron sancionadas con la firmeza necesaria y la pelea siguió adelante. Al cierre del noveno asalto, la esquina de Colón le quitó los guantes por error al creer que el combate había terminado, lo que derivó en su descalificación.
Ya en los vestuarios, el boxeador se descompensó, sufrió vómitos y colapsó. Fue trasladado de urgencia al hospital, donde le diagnosticaron un hematoma subdural que provocó sangrado y un daño cerebral irreversible. Luego de pasar 221 días en coma, quedó con secuelas neurológicas permanentes.
La gravedad del caso tuvo consecuencias institucionales. A raíz de la conmoción internacional, el Consejo Mundial de Boxeo (CMB) creó la denominada “Regla Prichard Colón”, una normativa orientada a reforzar la protección física de los boxeadores y establecer tolerancia cero frente a los golpes de conejo.
La medida obliga a los árbitros a advertir antes de la pelea sobre la prohibición de esos impactos, a detener de inmediato la acción ante una infracción y a habilitar la evaluación médica del deportista afectado. Además, contempla sanciones más severas, con descuento de puntos e incluso descalificación inmediata en casos de reincidencia o intención manifiesta.
La muerte de Prichard Colón cierra un capítulo trágico para el boxeo, pero también vuelve a poner en foco las responsabilidades que deben asumir los organismos, los árbitros y el entorno de cada combate para evitar que una negligencia deportiva termine en una tragedia humana.




