El colectivo que trasladaba al plantel de Unión fue atacado a piedrazos en la zona de Ignacio de la Roza y San Miguel, en inmediaciones de la Esquina Colorada, antes de un partido de cuartos de final. La agresión rompió varios vidrios del vehículo y dejó a algunos futbolistas con lesiones leves por los fragmentos que ingresaron al interior. Pese al episodio, el equipo resolvió disputar el encuentro.
Lesiones y custodia
El entrenador Cachilo Magallanes relató que el ataque ocurrió cuando el micro frenó en un semáforo. Según su testimonio, el plantel viajaba con custodia policial, con efectivos adelante y detrás del vehículo, y circulaba por avenida Ignacio de la Roza y calle San Miguel. Magallanes indicó que los vidrios rotos alcanzaron a jugadores en el rostro y que uno de ellos sufrió una lesión cerca del ojo. También señaló que la Policía habría detenido a una persona en el lugar.
Decisión de jugar
Después del ataque, el plantel mantuvo la decisión de presentarse. Eduardo Magallanes sostuvo que los futbolistas no pusieron en discusión la posibilidad de jugar una instancia que consideraban importante para el club. “La disposición de los chicos fue increíble. En ningún momento se echaron para atrás y eso es muy importante”, dijo. La definición del partido quedó así condicionada por un episodio de seguridad ocurrido antes del inicio del juego.
Antecedentes inmediatos
El dirigente también mencionó que lo sucedido generó preocupación por los inconvenientes que el equipo había atravesado durante su visita a Mendoza el fin de semana anterior. Sin embargo, el grupo entendió la relevancia del compromiso y optó por salir a la cancha. La secuencia dejó como dato central que, pese a las lesiones leves y al daño material en el colectivo, no hubo consecuencias de mayor gravedad informadas en el momento.
Próximo paso
Con el encuentro ya en agenda, la situación inmediata quedó centrada en la evolución de los futbolistas afectados y en el desarrollo del partido que el plantel decidió sostener pese a la agresión.



