Cuando se juega para ser feliz

Tenis de Mesa

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Fotos Roque Quiroga

Un grupo de adultos mayores se reunen para jugar al Tenis de Mesa en el club Sporting Estrella. Representaron a la provincia en los Juegos Evita y se trajeron medallas, aunque eso es lo menos importante porque para ellos lo importante es poder compartir sonrisas y anécdotas.

 

A los 46 años empiezan a aparecer los primeros clicks referidos a la salud. Luces que se encienden marcando que algo no está tan bien y que requiere cuidados.

Pero la vorágine de vida que llevábamos no nos permite detenernos un instante y entonces no miramos las cosas buenas que hay alrededor.

El deporte esta emparentado con una mejor calidad de vida. Cualquiera que sea la disciplina sirve para generar buenos dividendos.

Hace un par de días fui al club Estrella que se prepara para inaugurar sus nuevas obras de techado y refacciones.

De esa alegría de ver el crecimiento de un club grande del básquet sanjuanino pase a otra alegría.

Allí estaban ellos, ninguno estaba serio. Ninguno estaba malhumorado. El clima era de competencia pero con gastada incluida.

Eran cuatro mesas de Ping pong, 8 parejas, jugando dobles.

El tenis de mesa en San Juan no es uno de los deportes mas practicados. Es difícil encontrar chicos jugando.

Desde este año se designó una Comisión Normalizadora de la Asociación Sanjuanina de Tenis de Mesa. Al frente, por ahora está Rubén Palacio. Este dirigente se puso en contacto con la Secretaria de Deportes y ya están encaminados para regularizar la situación institucional.
El mismo Rubén es quien se convierte en anfitrión y a la vez en vocero. “Con mi esposa lo teníamos encaminado al partido, están a punto de perder” expresa sonriendo y agrega “Aquí estamos todos para reír primero y después para jugar. Acá los achaques y las amarguras se quedan en la puerta. Como verás somos todos pibes de 60, 70 y hasta tenemos al pibe campeón de los juegos Evita a Nivel Nacional: Jorge Ernesto Flores, que con 86 pirulos se convirtió en la gran atracción de los juegos” relata con tanta naturalidad Rubén.

El campeón argentino se acerca a la charla con paleta y pelotita en mano. Son como un tesoro para él. “Soy jubilado, me puede faltar plata pero no pasión para jugar. Esto me divierte. Me permite compartir con estos pibes alegrías y tardes muy buenas de recreación. Si no hago esto ya estaría quizás en una cama postrado. Acá, con esta pelotita y paleta vivo. ¿Entendés? Vivo y soy feliz. Que se gane o se pierda es una situación del juego. Una medalla por supuesto que es un mimo, pero los mejores premios los tengo cuando vengo a jugar con todos ellos” y señala a los jugadores que se agrupan en el salón del club Estrella.

Jorge tiene 86 años y es uno de los sanjuaninos que consiguió medallas en los Juegos Evita. Además se convirtió en el participante de mayor edad, todo un logro para la provincia.
Y tengo ganas de escuchar las historias de todos, las que seguramente son tan especiales como atrapantes.

El club Estrella es uno de los cinco lugares donde se practica Tenis de Mesa. Los restantes son en la Unión Vecinal Barrio Kenedy, Ausonia, Sociedad Hebraica y en un club de Rodeo. Gracias al Proyecto de Adulto Mayor de la Secretaría de Deportes de la provincia, pueden tener una persona que los guíe y entrene.

Me retiró un poco y me quedo mirando como juegan. No son de movimientos aparatosos. Son inteligentes hasta para moverse. Se concentran en la pelotita blanca, que va y viene en un peloteo intenso. El punto llega y se desatan las risas. Hay intercambio de bromas y gastadas que los encienden aún mucho más.

Jorge, el campeón, me invita a jugar. Por supuesto no me hago de rogar y tomó la paleta. Los primeros idas y vueltas van por el medio. Jorge devuelve como los Dioses. Me salgo del libreto y la cambió a la orilla con revés. Me creo ganador del punto. No se como hace Jorge, pero llega. La pelotita pasa la red casi de milagro. Alcanzó a estirarme y la pasó muy elevada. Le queda para fusilarme, pero prefiere el toque elegante a la punta. Allí no llego, la blanca caprichosa roza la mesa. Punto mío perdido, pero una sonrisa ganada. Por el sencillo acto de jugar con gente que me enseña que para el deporte no hay edad.