Sudáfrica consiguió el tercer mundial y Kolisi es el primer capitán negro en la historia de los Springboks. Las finales del 95 y del 2007 no las vio en su casa porque no tenía tv. El ala es una inspiración para todo su país.

Se dio vuelta la historia. Sudáfrica festejó su tercer título en este 9° Mundial de Rugby. En Japón fue feliz, lleno de sonrisas, pero allá lejos, el panorama era totalmente contrario.

Violento, injusto, doloroso. Parece cosa antigua, pero la imagen de Siya Kolisi levantando la copa, y sus palabras, la trajeron a este tiempo. Sin ánimos de revanchas sino con mensajes de paz, porque los enconos continúan al día en ese país.

Sudáfrica, históricamente, es la potencia del rugby en el sentido literal de la palabra. Salvo con los All Blacks, tiene estadística favorable frente a los otros seleccionados. Los Pumas, por ejemplo, recién le pudieron ganar por primera vez en el 2015.

La ola verde, sin embargo, se hundió durante las épocas del apartheid, política de segregación racial que sufrían los negros, quienes suman el 78% de las 57 millones de personas que habitan el país. El rugby internacional no miró para el costado -salvo excepciones de giras con equipos que viajaban con otro nombre, como Los Pumas vestidos de Sudamérica XV en el 82- y los sacó del mapa. Por eso no jugaron los primeros dos mundiales: 87 y 91.

Con la llegada de Mandela a la presidencia luego de un encierro de 27 años, 18 en una pequeña celda de Robben Island, la isla que se ve desde la coqueta y muy europea Ciudad del Cabo, donde los negros mantienen una notable subvaloración respecto de la raza blanca dominante, Sudáfrica organizó el tercer Mundial de la historia, en el 95. Con su mensaje de paz, aun en contra de los más radicales de su propia raza -odiaban a los Springboks, un símbolo de la opresión aria-, y compartiendo tribuna con los blancos -impensado años antes-, los Boks festejaron un título definido en suplementario por drop de Joel Stransky ante los All Blacks de Jonah Lomu.

En ese plantel campeón había un solo negro, Chester Williams, quien se convirtió en ídolo. Mandela, vestido con la camiseta 6 que usaba el capitán Pienaar, unía al país de la mano del rugby. La película Invictus lo reflejó de manera fiel y emocionante.

La política de segregación racial se abolió en los papeles, pero a Sudáfrica le costó amalgamar las diferentes etnias. En el Mundial 2007 que los de verde ganaron en Francia ante Inglaterra, los negros en el Stade de France eran sólo JP Pietersen y Bryan Habana, dos wines con cohetes en los botines, que bien ganadas tenían sus camisetas.

El avance en los Springboks fue más veloz que en el país, pero a los ponchazos y hasta obligado. Para este Mundial, el gobierno sudafricano (el presidente Cyril Ramaphosa estuvo en la cancha y festejó con el equipo, al mejor estilo Mandela) acordó con la Unión Sudafricana de Rugby que el plantel debía estar integrado por negros en su 50%. Ya Siya Kolisi se había convertido en el primer capitán de esa raza en la historia de los Boks. El entrenador que lo eligió es blanco, Rassie Erasmus, quien a los 18 años del tercera línea lo llevo a los Stormers y le hizo su primer contrato profesional.

Junto con Kolisi, otros cuatro negros fueron titulares: Tendai Mtawarira, Mbongeni Mbonambi, Makazole Mapimpi (un try) y Lukhanyo Am. Herschel Jantjies ingresó desde el banco.

Kolisi contó antes del Mundial que pasó por una infancia con privaciones, hasta el punto de que la final del 2007 la debió ver en una taberna porque en su casa no había TV. Antes de recibir la copa, habló y dejó un mensaje a lo Mandela: “Tenemos muchos problemas en nuestro país, nosotros queríamos lograr algo. (Los jugadores) Venimos de diferentes lugares y nos propusimos hacer algo en conjunto por todo el país”.

Nacido en el 91, no tiene en su memoria las imágenes del primer título, pero destacó. “Nunca había visto a Sudáfrica así, más allá del 95. Jugamos por todo el país, le dedico el triunfo a todo el pueblo sudafricano”. A los 7 años comenzó a jugar al rugby, y gracias a este deporte le dieron una beca escolar a los 12, con la cual logró educarse y dejar de limpiar cocinas en su Zwide natal.

Varios exjugadores habían augurado que la imagen de Kolisi con la copa sería inspiradora y motivadora para que los actuales problemas de Sudáfrica se redujeran. “Si Sudáfrica gana con Siya Kolisi como capitán, será absolutamente monumental. Para nosotros, como país, tener esa inspiración, para que el 70% de nuestra población tenga ese ejemplo, sería inmensamente importante, a la par del de Mandela en el 95, si no mayor. Sería histórico”, dijo Habana.

Desde otro lugar, Kolisi, como Mandela, es un ejemplo y parte de la historia de un país sufrido. El rugby lo hizo posible.