ARTE QUE CURA

MARCELO BARTOLOMÉ

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Músico y psicólogo, aprendió a combinar sus dos facetas casi de forma natural. Subió a un escenario a los 10 años por primera vez y nunca se bajó. En su casa, la música sirve para relacionarse junto a Pierina y sus hijos. Asegura que “la pandemia en algunos aspectos está haciendo que se reflexione sobre las prioridades”.

 

Una anécdota lo define. Hace muchos años armaba dos curriculum: uno como músico y otro como psicólogo. Hasta que en un momento dijo basta y sentenció: “Yo soy la misma persona”. Ese día, Marcelo Bartolomé decidió integrar sus dos carreras y nunca más diseñó curriculum separados.

Marcelo es psicólogo y músico. Tiene 51 años. Cuenta que cuando comenzó no podía combinar ambas facetas. Con el tiempo, llevó a cabo experiencias donde integraba la expresión musical a través del canto, con la psicología. Junto a Pierina (Cialella), su mujer desde hace “veintipico de años”, llevaron a cabo experiencias con gran poder terapéutico y de a poco, ambas profesiones se fueron mezclando. “Tenemos cuatro hijos: una de 20, otro que acaba de cumplir 18, nuestro Nico (hace cinco años que partió a otra dimensión, tendría 13) y el más pequeño de 11. En nuestra casa, la música siempre sirvió para relacionarnos”.


En estos años su vida cambió. Trabajó como funcionario público los últimos 12 años, hasta fines de diciembre de 2019 y recién desde mediados de este año, volvió a trabajar específicamente de psicólogo. “En este momento trabajo en un centro de atención primaria de la salud, muy cercano a la comunidad, con todas las restricciones que la pandemia trae. Mi labor como músico está por un lado con el Dúo Mixtura, también doy talleres de guitarra, el año pasado hice arreglos orquestales y estoy profundizando en esa línea de trabajo que me encanta”.

Marcelo rescata la música de raíz folclórica, no exclusivamente el folclore argentino sino más bien latinoamericano. “Disfruto mucho los distintos géneros de música latinoamericana. Me gusta mucho el tango, la música brasilera. Una canción que me identifica es ‘Los hermanos’ de Atahualpa Yupanqui”.

Al explicar cómo surgieron ambas vocaciones, Marcelo define que nació músico. “Antes de hablar, dicen en mi casa que yo cantaba. Tengo recuerdos desde mi infancia cantando con algún familiar desde muy chico. A los 10 años me subí a un escenario por primera vez y llevo más de 40 sin bajarme”.


La psicología apareció en la adolescencia, durante la Secundaria. “Me dije que la música la iba a seguir teniendo, tuve intenciones de estudiar música aunque siempre fui autodidacta. Tuve profes en Córdoba pero nunca estudié académicamente. Me gusta la música clásica pero no era lo mío estudiarla. La vocación de la psicología se fue transformando con el transcurso de la carrera y luego con la práctica. Me gusta mucho lo relacionado con lo comunitario, público y social. Por otro lado me dedico a la cuestión clínica y terapéutica”.

“En este momento
trabajo en un centro de atención primaria de la salud, con todas las restricciones que la pandemia trae”.

En cuanto al trabajo durante la pandemia, “con la música estamos muy hacia adentro componiendo, haciendo arreglos, experimentando online para seguir en contacto con nuestro público y que siga como medio de ingreso, aunque los espectáculos que hemos hecho han sido gratuitos con la opción de un aporte voluntario. Es un mundo nuevo que estamos descubriendo y que estamos potenciando. Con la psicología, al trabajar en un centro de salud, seguimos trabajando todos los días, de lunes a viernes”.

Para Bartolomé, respecto al comportamiento de la gente, “la pandemia en algunos aspectos está haciendo que se reflexione sobre las prioridades, volver a valorar lo simple, reencontrarse con uno mismo o con los afectos más cercanos, dada esta obligatoriedad del aislamiento. Esto tiene una moneda que tiene dos caras donde se profundizan vínculos por un lado y por otro lado, hace que se activen cuestiones como ansiedades o angustias a las que no se prestaba mucha atención por la vorágine. La pandemia nos está haciendo tener mucho movimiento hacia adentro”.


“Hay gente que pareciera que no le toca, sigue amontonándose, sin cumplir protocolos ni recomendaciones. Por momentos, creo que este nuevo virus es un llamado a la reflexión y a cómo debemos continuar siendo como seres humanos, encontrando nuevas formas de relacionarnos”.