Se trata del taller de Folklore del Adulto Mayor que se dicta en la Biblioteca Popular Sur. En un principio solo fue ir a aprender, luego muchos se hicieron amigos. Ahora tienen un grupo y hasta se animaron a bailar en escenarios mostrando su arte. La música los unió y les da oportunidades.
La danza los unió y de a poco se han ido convirtiendo en un grupo de amigos, que tienen muchos intereses en común. Van a fiestas, cumpleaños, peñas, espectáculos, fiestas populares y de esa forma muestran lo que hacen. Se trata de integrantes del Taller de Folklore del Adulto Mayor que se desarrolla en la Biblioteca Popular Sur y que forma parte del cronograma de actividades de la Red Cultural del Departamento de Rawson. Dentro de todos los alumnos hay un grupo más pequeño que se autodenominan Unifolk- Unidos por el Folklore-, que son quienes relatan esta vivencia de integrarse a la danza cuando se tienen más de 65 años.

Para la nota el grupo se concentró en la puerta de la biblioteca, minutos antes del ensayo que hacen dos veces a la semana de 19.00 a 21.00. Mientras cada uno de los abuelos contaban sus historias, de fondo la voz de uno de los profesores “hoy no vamos a ensayar”.

En la actualidad participan alrededor de 135 adultos mayores del taller de folklore, de acuerdo a datos que aportaron los mismos profesores. Pero dentro del gran grupo nació algo que ellos le llama UNIFOLK- Unidos Por el Folklore-.

Todos acuerdan que César Paz fue uno de los impulsores de que se forme el grupo. “Nos invitaba al servi compras a tomar algo y nos hicimos amigos”, exclaman.

Con la sonrisa en los labios el hombre sostuvo “yo no soy el culpable de que se formara, soy el imán”, risas de sus pares. “Generalmente luego de ensayar, quedamos con sed y vamos a tomar algo y conversar. Empezamos organizándonos con ir a comer, festejando cumpleaños y de ahí surgió cualquier fecha y cualquier motivo”.

A sus 71 años cuenta que “yo aprendí a bailar folklore por vergüenza ajena. Fuimos a un cumpleaños, habían dos grupos dentro de la fiesta, y dijeron porque nos juntamos con los que están tocando la guitarra. Dijeron toco una zamba pero si la bailan, empezamos a mirarnos y ninguno sabía bailar”.

Otro de los integrantes, don Juan Castro -66 años- cuenta que “yo inicie para saber bailarlo, tengo dos hijos campeones argentinos de malambo y yo no sabía”.
Aida Moyano junto a su esposo Tomas Moyano sobre su experiencia de danza cuenta que “nosotros hace muchos años que venimos bailando”, marca mientras mira a su marido que la acompaña. “Hace tres años que venimos al taller del profesor Daniel Paez”. Agrega que “tengo 76 años y el 82 y llevamos 52 años de casado”. De hecho la pareja hace poco ganó un premio en danzas, en pareja solista en el Abuelazo de Paz y Bien.

Don Pocho Flores sobre la experiencia de participar y formar parte de este grupo de danzas folklóricas afirma que “era como una deuda pendiente que tenía de aprender a bailar folklore. El grupo es muy amplio y es una de las cosas que más me gusta”.

El hombre también resaltó la figura de Daniel Paez, “que más allá de la enseñanza siempre está muy predispuesto como persona.” Agregó que “hemos hecho un grupo de alrededor de 20 que por ahí nos manejamos solos y vamos a presentaciones”.

Cuando hablan de lo que les produce el escenario, todos acuerdan que sienten una adrenalina creciente. “Los sentimientos son diversos, algunos se atemorizan, otros no y la suma de todo eso es lo que nos empuja a subir al escenario y presentarnos, que es el motivo principal”, dice don Pocho.

“No es que nos juntamos para ir a peñas, salimos, viajamos, tomamos mates. Ponemos el oído para los problemas y para las alegrías. Nos ayudamos y acompañamos mucho”, sostiene Aida.

Un maestro entre los grandes
Daniel Paez, es quien tiene la misión de la formación de estos singulares bailarines. “Son unos seres dignos de imitar. Son toda gente adulta donde el amor a la danza y muchos por descubrirlo, porque muchos no sabían lo que es bailar folklore”.

Al profundizar en sus palabras, el joven profesor, sonríe y dice que “un poco tenes que ser una especie de psicólogo para mantener el grupo, para llevarlo, para conocerlos. Ellos aprenden de mi, yo aprendo de ellos y cada uno aprende de sus compañero. La terapia es conocerse, respetarse y hacer lo que cada uno le gusta”.

El profesor orgulloso de sus alumnos cuenta que en muchos casos sus alumnos han participado de festivales y escenarios. Por ejemplo, su próxima actuación será el sábado 8, en la peña del Nano. “Lo bueno de esto es que no solo aprendan a bailar folklore sino que lo practiquen para que llegue a los demás. La danza es comunicar con el cuerpo para que el otro tenga un sentimiento y es bueno que ellos puedan subirse a un escenario para mostrar lo que hacen”.
Cuando habla de la cantidad de alumnos que tiene sostiene que “el grupo de whap shap que tenemos tiene 135 alumnos y por ahí andamos. A veces estamos con el salón lleno”, sostiene al referirse al salón de la Biblioteca Popular Sur”. Agrega que “muchas veces le tengo que decir a la gente que no cabe más nadie porque está lleno”.